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“Juan Carlos I estaba programado para morir en la cama siendo Rey”

Los acontecimientos que precipitaron el final del monarca, bajo el prisma de Ana Romero, periodista especializada en la Casa Real y quien presenta ‘Final de partida’ hoy en la Biblioteca

La época más convulsa del reinado de Juan Carlos I, que concluyó en su abdicación, bajo el prisma de Ana Romero, periodista que la vivió en primera persona trabajando para ‘El Mundo’ y que ha inmortalizado en ‘Final de partida’ la caída del monarca. Antes de presentar el libro, hoy a las 20:00 horas en la Biblioteca, atiende a ‘El Faro’ para disertar acerca de las claves de un periodo que es ya Historia de España.
–Más que una crónica, la historia era para una novela o un culebrón televisivo, Ana.
–(Ríe) Sí, sí, desde luego. Un cóctel muy variado.
–¿Cuando dijo eso de ‘esto hay que escribirlo, contarlo’?
–En abril de 2012, con el episodio de Botsuana. Aquello fue estrepitoso y pensé, por vez primera, que la situación merecía ser escrita, que quedara en un libro.
–¿Aquel incidente, pomposo y generoso en detalles, supuso además el principio del fin del reinado de Juan Carlos I, el detonante que derivó en su abdicación?
–Hubo un conjunto de factores que yo denomino ‘tormenta perfecta’, hechos que se unieron en un mismo tiempo. Cuatro operaciones en 24 meses; la crisis económica, social y política; los escándalos de corrupción en su familia y los escándalos personales, fundamentalmente el ‘Caso Corinna’; el disparo de Froilán; el discurso de la Pascua Militar; su irresponsabilidad creciente. La familia rota; la Casa Real quedó rota. Todo ello le obligó a abdicar.
–El Rey irresponsable, dice. ¿En qué puntos concretos?
–En enero de 2014, meses antes de abdicar, Juan Carlos I pronunció el discurso de la Pascua Militar en malas condiciones porque acababa de llegar de Londres, donde había estado celebrando su cumpleaños, y lo hizo sin apenas dormir. Antes, justamente en el asunto de Botsuana, hay que destacar que el monarca viajó hasta allí para cazar elefantes cuando en España la situación era casi tan dramática como la que viven estos días los griegos. Es decir, mientras el país se debatía entre hundirse o salvarse in extremis, él viajó de excursión. Irresponsable fue, sí.
–¿Cómo era el final que hubiera deseado Juan Carlos I?
–Teniendo en cuenta su brillante hoja de servicio inicial, cabía esperar un final poco menos que heroico y no abrupto, amargo. Juan Carlos I estaba programado para morir en la cama siendo Rey. Incluso cuando comenzaron los enormes problemas finales, él mantenía esa ilusión y deseaba llegar a noviembre de 2015 y ser el protagonista de grandes fastos con motivo de sus 40 años de reinado, pasear engalanado desde Bilbao a Ceuta. Pero no pudo ser y llegó un final que no sólo no quería él sino que tampoco deseaba la mayoría de españoles.
–¿Quedaba entonces algo de la admiración de los ciudadanos por aquel rey de la Transición?
–La confianza de los españoles hacia la Casa Real cayó una barbaridad incluso antes del desastre final pero es verdad que la paciencia común se agotó ahí, justo en un tiempo en el que además para muchos ciudadanos la propia Transición y su espíritu quedaban ya muy alejada en el tiempo.
–Antes señalaba que la Casa Real estaba rota. ¿Se puede afirmar, por tanto, que España está rota?
–Una monarquía sumida en problemas que llegan de casi todos los frentes, no favorece a la estabilidad de un país, desde luego. No obstante, Felipe VI ha devuelto algo de calma y en parte los problemas han quedado subsanados.
–¿Es el reinado que esperaba?
–Esta primera etapa es de aterrizaje, de toma de contacto, de hacerse con el timón. No es lo mismo ser Príncipe que Rey. La Casa Real se ha empequeñecido pero también se ha profesionalizado.
–¿Aún así la institución está en peligro de extinción?
–La monarquía estará a salvo sólo cuando logre asentarse y esto no está ocurriendo. En el último CIS, los españoles seguían suspendiendo a la Casa Real.
–¿La monarquía española depende del reinado de Felipe VI?
–Yo pienso que sí. Es un reinado determinante. De la misma manera que su padre se enfrentó retos hercúleos, como establecer la democracia, poniendo en peligro en el proceso la Corona, Felipe VI se la juega también, aunque a priori de manera menos dramática pero igual de intenso.
–A pesar del final referido, ¿qué lugar le reserva a Juan Carlos I la Historia?
–Es la pregunta del millón, la pregunta que encontrará su respuesta sólo cuando pasen muchos años. Los historiadores, a diferencia de nosotros, los periodistas, tienen que escribir la Historia una vez que haya pasado. Supongo que se hará un balance total y no sólo quedarán los últimos años de convulsión, que yo he retratado. Para juzgar bien a Juan Carlos I habrá que tomar una lupa y visionar cada año y no sólo el final, en donde de alguna manera dilapidó el capital político que fue ganando en años.
–¿Qué habrá pensado al leer su libro, Ana?
–No ha podido encantarle, apasionarle. Entiendo que no debe ser agradable leer el retrato de la peor época de uno mismo. Yo pongo el foco en un periodo en que el Rey estaba atrapado en un laberinto emocional, político, familiar, pero espero, eso sí, que sepa apreciar el trabajo profesional y lo más objetivo posible que he realizado. No he querido juzgarlo, sólo contar lo que ocurrió.
–¿Cómo era el trato del Rey a los periodistas que, como usted, cubrían a diario los asuntos de la Casa Real?
–Juan Carlos I siempre se ha caracterizado por desenvolverse en una actitud liviana, esa que llamábamos campechana, pero, en realidad, mantenía una larga distancia que disfrazaba con gracejos, bromas, chistes.

El Rey, en un laberinto de mujeres

Romero repasa la relación de Juan Carlos I con Sofía, Corinna o Letizia

Un rey y las mujeres. Es decir, un mundo abierto que da pie a fábulas, rumores, historias. No fue ajeno en su reinado Juan Carlos I de esta relación siempre motivo de interés en la Historia. Pero, ¿fue realmente un Rey mujeriego? “Se puso sobre la mesa un matrimonio formado por Juan Carlos I y Corinna zu Sayn-Wittgenstein, “un enlace que hubiera tenido un encaje extraordinariamente difícil y más porque se hubiera dado en la época de la ‘tormenta perfecta’, de las convulsiones finales”, responde Ana Romero, que sin decir más al respecto de la cuestión, lo dice todo en realidad. “Fue una relación de amor y de negocios”, indica también, “llevada en paralelo a su vida oficial”.
Acerca de la relación entre el monarca y la Reina Sofía, la periodista y escritora, ahora adjunta a la dirección de ‘El español’, el digital de Pedro J. Ramírez, señala que “estaban separados desde la década de los noventa, si bien se trataba de una ruptura ajena al derecho y que se mantenía sólo por interés y estabilidad”.
Respecto a la relación con la Reina Letizia, de otra índole por tanto, Romero explica que “Juan Carlos I nunca entendió que su hijo se casara con ella y cuando finalmente se anunció el enlace, se llevó un disgusto, una decepción porque pensaba que no era la persona ideal para la monarquía”.
Alejado de su esposa, con la que hacía años que no convivía y de la Reina Letizia, ¿cómo era la relación de Juan Carlos I con la infanta Cristina? “Cada vez más distante y fría por sus escándalos económicos, que no supo o no pudo evitar”, concluye Romero, que con su exitoso libro es ya otro tipo de mujer en la vida del monarca emérito.

Periodista de larga trayectoria y reconocimientos

Ana Romero (Cádiz, 1966) es periodista y escritora. Actualmente es adjunta a la dirección de El Español. Ha pasado por las redacciones de Diario de Cádiz, Agencia EFE, Bronx Beat y El Mundo, del que fue fundadora. Ha sido corresponsal en Nueva York y Londres, y ha vivido en Abu Dabi por destino diplomático. Es autora de los libros Retratos del siglo XXI y Carmen, Suárez y el Rey. El triángulo de la Transición. Ha sido galardonada con el XXIV Premio Agustín Merello de la Comunicación por su labor de transparencia en la información sobre la monarquía.

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