José Campaña, jugador de la Agrupación Deportiva Ceuta, no necesitó tiempo para presentarse. Le bastaron unos minutos, un balón bien perfilado y un disparo que ya se ha colado en la memoria de todo el estadio Alfonso Murube.
El centrocampista logró su debut soñado contra la Cultural y Deportiva Leonesa, anotando un zapatazo desde fuera del área.
Tras meses de incertidumbre, silencio y entrenamientos en solitario, el sevillano volvió a los grandes focos de la mejor manera posible: escribiendo magia en los capítulos del club blanquinegro.
El Faro de Ceuta se ha puesto en contacto con el futbolista para profundizar sobre su vuelta a los terrenos de juego, cómo fueron los meses en la agencia libre, sus aficiones y mucho más.

— José, primero de todo, enhorabuena por su debut con la AD Ceuta. ¿Cómo valora ese primer partido, su primera vez en el Murube?
— Muchas gracias. La verdad es que fue una sensación muy buena. Me encontré mejor de lo que esperaba, sinceramente. Si no me hubiese encontrado así, tampoco habría tomado la decisión de jugar. Al final el míster confió en mí y vio que podía contar conmigo, y yo me sentí preparado para ayudar al equipo desde el primer momento.
— El partido se disputó un lunes a las ocho y media de la tarde, un horario complicado, con mal tiempo, y aun así hubo más de 4.000 personas en el Murube. ¿Cómo sintió el apoyo de la afición?
— Es verdad que no era un día bueno para el espectador, ni por el horario ni por el clima, que tampoco acompañaba. Pero los que pudieron ir o quisieron asistir se hicieron notar desde el primer minuto. Ese apoyo se siente muchísimo desde dentro del campo. Al final lo que se le pide a un aficionado es que venga a animar, a apoyar al equipo, y aunque a veces no lo parezca, para nosotros es un empujón muy grande.
— En su presentación y en la de Marc, Edu Villegas comentó que la operación de su llegada llevaba tiempo fraguándose, incluso desde partidos en los que coincidió con gente del club. ¿Cómo fueron esos primeros contactos hasta que se cerró la firma?
— Sí, es verdad que llevaban tiempo detrás de mi agente intentando que se hiciera el fichaje. Yo tenía otras expectativas en mente y mi idea inicial no era quedarme en España. Pero cuando llegamos al mercado de invierno tenía claro que no quería que se me fuera la espera hasta el final. Viendo la insistencia y el interés tanto del míster como del presidente, Luhay Hamido, como de Edu Villegas, director deportivo de la AD Ceuta, no me lo pensé demasiado y tomé la decisión de venir aquí para disfrutar y volver a sentirme futbolista.
— El primer contacto con José Juan Romero parece clave. Tiene fama de ser un entrenador muy cercano. ¿Le ha transmitido esa confianza desde el primer momento?
— Sí, totalmente. Ya me habían avisado amigos que habían tenido la suerte de tenerlo como entrenador. Me dijeron que era muy cercano, que transmitía mucha confianza y que dejaba al jugador ser él mismo. Evidentemente te da unas directrices y unas soluciones a posibles problemas, pero no somos robots. Somos personas y el que toma decisiones dentro del campo es el propio jugador.
Desde que llegué lo noté tal y como me habían dicho y la verdad es que estoy muy contento. Que un entrenador sea cercano a sus propios jugadores y tenga esa flexibilidad a la hora de hablar y escuchar diferentes opiniones hace que el jugador se sienta cómodo, incluso aunque no juegue.
Los inicios: familia y cantera
— Ha estado mucho tiempo en la élite y todavía es joven, tiene aún bastante recorrido. Para que la afición del Ceuta conozca mejor su historia, ¿cómo fueron sus inicios en el fútbol?
— Mi pasión por el fútbol nace por mi padre y por mi hermano también en este caso, que es tres años mayor que yo. Mi padre fue canterano del Real Betis Balompié y llegó al Betis Deportivo. A pesar de que no tuvo la suerte de llegar a ser profesional, de llegar a la élite, sí que llegó a ser semi-profesional, y tuvo la posibilidad de poder debutar con el primer equipo, aunque su estado físico lo perjudicó bastante por numerosas lesiones, pero siempre nos inculcó ese amor por el fútbol.
Mi hermano es tres años mayor que yo y conmigo hizo lo mismo. Desde muy pequeño empecé jugando en Alcosa, en mi barrio, en un equipo de Sevilla Este, y ahí fue donde empezó todo.
— A muy temprana edad entra en la cantera del Sevilla.
— Sí, con 7 u 8 años desperté el interés del Sevilla y empecé a formar parte de su cantera.
— Su padre era bético. ¿Cómo llevó que acabara en el Sevilla?
— Él era bético y lo sigue siendo a día de hoy, pero una vez que llegué a ser profesional siempre quiso que yo disfrutara del fútbol, al margen de los sentimientos por los colores. Creo – si no recuerdo mal- que también tuve la opción de hacer pruebas con el Betis, pero el Sevilla fue más rápido o se dieron antes las circunstancias y terminé recalando en las inferiores del Sevilla Fútbol Club.
Al final mi padre dejó a un lado los colores y se centró en apoyarme. Lo importante para él era que yo fuera feliz jugando, que me divirtiera y que disfrutara de este deporte.

La salida al extranjero
— Tras muchos años en Sevilla llega un momento clave: decide salir al extranjero con diferentes etapas (en Alemania, en Italia). ¿Cómo vive un sevillano ese salto tan grande?
— Después de 12 o 13 años en la cantera, y por falta de minutos, tomo la decisión con mi representante de salir al extranjero en busca de continuidad, de un futuro que ya no tenía en el Sevilla, donde formaba parte de la primera plantilla.
Venía de una lesión del quinto metatarsiano del pie izquierdo, de estar dos meses fuera de los campos, y justo ese verano me incorporé directamente a la selección sub-20 para jugar el Mundial en Turquía. A raíz de ese Mundial surge el interés del Crystal Palace y no dudé en vivir esa experiencia.
— ¿Fue un cambio duro?
— Sí, al principio fue duro. Te alejas de tu familia, de tus amigos, te vas a un país con otra cultura y otro idioma. Me costó un poco adaptarme. Al principio tuve participación, pero luego echaron al entrenador y dejaron de contar conmigo. Ahí empieza una etapa más complicada.
— Después pasa por distintos países.
— Sí, a raíz de ahí se van realizando diferentes salidas: Inglaterra, Alemania, Italia… voy adquiriendo experiencias, gracias a que cada país tiene una forma distinta de ver el fútbol y de jugarlo. No en todos los sitios se juega igual. Todo eso me sirvió para crecer como futbolista y como persona, para ir acumulando experiencias que te daba cada liga y cada club.
— Llega un momento en el que decide volver a España.
— Sí, decido pensar en frío y dar ese pequeño paso que muchos pueden ver como atrás, pero que yo veía como un impulso o trampolín a lo que sería mi futuro después de jugar en equipos de primera línea. Fue cuando llegué al Alcorcón, que estaba en Segunda División.

El Alcorcón y el impulso definitivo
— ¿Qué significó el Alcorcón en tu carrera?
— Fue uno de los pasos de los que más me alegro en mi carrera porque llegar al Alcorcón es lo que me dio el impulso para el futuro, que es la intención que teníamos en aquel entonces.
Desde el primer momento me mostraron confianza y ganas de que fuera allí para ayudar al equipo. Aunque fuese en Segunda División, fue el impulso que necesitaba para mi futuro.
El Levante, la etapa clave
— Después llega el Levante, una de las etapas más importantes de su carrera.
— Sin ninguna duda. A raíz de ese año en Alcorcón, por contrato tenía que regresar a Italia, allí me habían estado siguiendo y querían contar conmigo, pero tras tantos años fuera y haber vuelto a España y ser feliz lo tenía todo muy claro. Entonces fuerzo un poco las cosas y tomo la decisión de salir de Italia.
El Levante es el club donde me asenté, donde volví a competir en Primera División y donde viví mis mejores años. Me dieron una confianza enorme, pude asumir galones en el centro del campo y seguir formándome como persona y como futbolista.
También es cierto que el entrenador que tenía en el Alcorcón, Muñiz, firma con el Levante y eso me dio el impulso que necesitaba. El equipo estaba recién descendido a Segunda División y Muñiz terminó por darme el impulso que necesitaba para incorporarme y formar parte de la plantilla de jugadores. Siempre le estaré agradecido al míster y al club por la confianza que pusieron en mí.
Viví, creo, la mejor época como jugador. Al final es donde me asenté, es el club que me dio la oportunidad de volver a competir en la máxima categoría, que es la Primera División, es el club que depositó en mí toda la confianza para que tomara el mando del medio campo del equipo. Fueron los mejores años, aunque sigo formándome como persona y como futbolista.
— Esa etapa le lleva incluso a la selección española.
— Sí, en octubre de 2020 llega la llamada de la selección absoluta con Luis Enrique. Es una alegría enorme. Desde pequeño sueñas con llegar a la élite y vestir la camiseta de la selección. Debutar, aunque fuese en un amistoso, es algo único. Compartir vestuario con jugadores de máximo nivel es una experiencia irrepetible.
Hasta entonces, yo seguía con mis rutinas de entrenamiento, jugando con mi equipo todos los fines de semana; la verdad es que llevaba ya tiempo escuchando que podría ir con la Selección y a final de semana, que es cuando suelen llegar las convocatorias de entrenar, me dieron la noticia e imagina: muy contento, es una alegría, un sueño cumplido que he tenido desde pequeño.
Son metas: llegar a jugar en el equipo de tu ciudad, llegar a la élite, asentarte y, como siempre mi padre me ha dicho, no es solo llegar ahí; es poder mantenerte después y alargar mi vida futbolística lo máximo posible. Son sueños que vas teniendo y, que también, vas cumpliendo. Luego miras atrás y ves que todo el trabajo que has realizado tiene su recompensa y siempre estaré agradecido a mi gente, a mi familia, a mi equipo por el apoyo recibido.
— ¿Qué sintió cuando se puso por primera vez la camiseta de la Selección?
— Creo recordar que fue en un amistoso contra Portugal donde tuve ocasión de debutar con la Selección, lo cierto es que he tenido la oportunidad, la satisfacción y el orgullo de vestir la camiseta de la Selección desde la Sub-15 hasta la Sub-21, pero cuando te pones la de la absoluta y te ves con esos jugadores . . . es algo realmente especial.

La agencia libre
— Pasa un periodo como agente libre en el que está meses sin equipo. ¿Cómo se gestiona mentalmente ese momento?
—Intenté desconectar un poco del fútbol y centrarme en la familia. Cuando estás en un equipo no puedes disfrutar de ellos al 100%. Con ese pensamiento y con la ayuda de mi familia y amigos lo llevé mucho mejor de lo que esperaba.
— ¿Cómo fue la decisión de plantearse volver a estar fuera de España?
—Al jugador que no está acostumbrado a irse fuera, le cuesta mucho alejarse de su entorno; yo tuve la suerte de hacerlo desde muy joven y no lo disfruté en su momento por lo que quería aprovechar al máximo si esa posibilidad se volvía a dar desde otra perspectiva, con más edad, con más experiencia futbolística y con más motivo.
— ¿Cómo se preparaba físicamente durante ese tiempo?
— Entrenaba en solitario para estar preparado lo antes posible. Había equipos que se ofrecieron para que entrenara con ellos, pero no quería arriesgar mi futuro entrenando con equipos sin contrato.
Me preparaba en una clínica con un amigo en la que llevaba muchos años entrenando en pre-temporadas. Era más aburrido, pero sabía que era mi obligación diaria para estar listo y en las mejores condiciones cuando llegara la oportunidad, como así ha sido con el Ceuta.
Lado personal
— ¿Cómo es José Campaña fuera del fútbol?
— Soy una persona muy tranquila y muy familiar. Tengo tres hijos, mis padres, hermanos, sobrinos y amigos de toda la vida. Me gusta estar con ellos, jugar al pádel, ir al cine… llevar una vida normal. Haciendo deporte para mi futuro cercano.
— ¿Los pequeños se han decantado por el fútbol como afición?
— Son todavía pequeños, la niña -la mayor- tiene cuatro años y los dos niños son aún muy pequeños. De todas formas, siempre hemos hablado que no es algo en lo que tengamos preferencia o nos preocupe: si les gusta bien y si no, a otra cosa.
En cualquier caso, que todos hagan algo que les llene realmente y en lo que disfruten. Si están vinculados al deporte, mucho mejor, porque el deporte es salud.
— ¿Alguna anécdota futbolística que recuerde con cariño?
— Me coges en fuera de juego (risas). Recuerdo cuando estaba en Inglaterra, que fue mi primera experiencia fuera, en un momento complicado, cambié de agencia de representación (a Promo Sport), y mi representante viajaba hasta allí para animarme y sacarme una sonrisa, pues la situación que estaba viviendo no era muy buena, no estaba jugando, no estaba compitiendo, me hacían viajar por todos lados sin competir y estaba ciertamente amargado.
Él venía para acompañarme en este difícil momento, venía al hotel e incluso bailábamos en la habitación para sacarme una sonrisa. Son cosas que se agradecen mucho cuando estás pasando una etapa difícil y la dificultad en que estás viviendo en ese momento.

Volviendo al Ceuta
— El objetivo del Ceuta son los 50 puntos, pero quedan muchos partidos. ¿Ve al equipo capaz de algo más?
— Siempre lo he dicho. Yo no vengo aquí a conformarme con el objetivo del club, que es la permanencia. Veo un equipo con potencial de lo que son capaces, buen ambiente en el vestuario -lo que no es fácil- y mucha hambre de éxito.
Es un club que no debe ponerse techo. Primero hay que cumplir el objetivo y, a partir de ahí, seguir soñando, compitiendo partido a partido como lo estamos haciendo, y dar guerra, que es lo primero que me transmitió el presidente cuando se puso en contacto conmigo en verano.
— Para cerrar, ¿qué le promete a la afición del Ceuta?
— Trabajo, compromiso y ambición. Vamos a seguir dejándonos todo para que la afición se ilusione con el objetivo y las ganas que tiene el equipo de conseguir algo grande para ellos y para la propia la ciudad.
Su apoyo es clave para nosotros y para Ceuta. Su apoyo continuado es fundamental para un club como el Ceuta, el empujón de la ciudad y de la afición es muy importante para los jugadores.






