Categorías: Colaboraciones

¡Viva el Cuerpo de Bomberos!

Escribo estas líneas en réplica a la carta que me han dirigido, y sin ánimo de pretender ahondar en la polémica. Pero me parece justo puntualizar algunas cuestiones. En primer lugar ni yo les he insultado, ni mucho menos les he calumniado, como tampoco he mostrado–ni mesurada ni desmesuradamente– el odio que no siento por el Servicio de Extinción de Incendios y Salvamento. Mi artículo simplemente era la muestra de la indignación que sentía como ciudadano al ver una protesta injustificada por un incremento de la jornada laboral que llega a todos los funcionarios españoles.
E, insisto, es falso que el Gobierno de la Ciudad les esté pidiendo hacer una jornada de 42,5 horas semanales, que, efectivamente, sería ilegal.  Lo que se les ha ofrecido desde un principio es que para seguir cobrando la misma jornada especial que ya no van a hacer (el exceso de jornada se reduce de 5 a 2,5 horas semanales) se cree una bolsa de horas para servicios extraordinarios, los mismos que venían realizando. La diferencia está en que hasta ahora ustedes cobraban estos servicios como horas extraordinarias y ahora ya no va a ser así porque esas horas las van a cobrar todas los meses dentro de su salario (a través de ese 50% del complemento por jornada especial). Si no les gusta, lo tiene fácil: se reduce a la mitad este complemento (que pasarían de unos 400 a 200 euros) y mantienen su jornada de 40 horas semanales, de modo que los servicios extraordinarios los siguen cobrando como horas extras. No sé, por tanto, dónde están las 42,5 horas semanales ni las horas extraordinarias gratis. Y por eso hablaba en mi anterior artículo de manipulación.
Y deben saber los ciudadanos que los bomberos, como los policías locales, no son  los únicos afectados por la nueva jornada laboral en la Ciudad Autónoma. También están los trabajadores de los cementerios o los de los museos… todos aquellos, en definitiva, que tienen jornada especial. Pero ustedes han sido los únicos que han protestado, hasta el punto de que los sindicatos han llegado a argumentar sin base legal alguna que ustedes tienen “un estatus especial”. Y por eso hablé de egoísmo, de pretender ser más que los demás y de falta de solidaridad.
Y sí, efectivamente, ustedes trabajan en fines de semana y festivos, pero no es menos cierto que se les compensa por ello, y que en la oferta que les ha hecho el Gobierno para no tocarles su sueldo se les mantiene esa compensación por festivo. De hecho, si aceptan la propuesta de la bolsa de servicios extraordinarios harán seis jornadas de trabajo adicionales a cambio de ese medio complemento de jornada partida especial (200 euros mensuales), lo que significa que vendrán a percibir por ello alrededor de 400 euros por cada día de trabajo. ¿No sé a cuántos trabajadores conocen ustedes a los que les paguen esa cantidad por una jornada laboral adicional?  Y por eso decía que ustedes son unos privilegiados, como también lo son el resto de empleados públicos, los únicos que tienen la garantía de un empleo para toda la vida y los que más salario perciben –y con una jornada laboral inferior–, en comparación con la empresa privada.
Y ya que niegan ser unos privilegiados por sus condiciones laborales, podrían contarnos cuántos días tienen de vacaciones, a qué le llaman –o llamaban– ustedes el taco (300 euros por trabajar cada vez que un compañero de turno estaba de baja), cuánto cobran durante los meses de verano (con la paga extraordinaria y los retenes de los montes) o cuántos miembros del Servicio de Extinción de Incendios y Salvamento se dedican a otros trabajos aprovechando los días de descanso que proporciona el turno americano. ¿Creen acaso que su situación es similar al del resto de trabajadores de este país? Y creo que aquí radica precisamente el problema y el origen de estas protestas. Sienten que las circunstancias no pueden cambiar y que los complementos que perciben deben mantenerse hasta el día que se jubilen. ¿Por qué si han organizado semejantes protestas por nada, qué hubiera ocurrido si el Gobierno, tras el incremento de la jornada laboral mínima obligatoria, hubiera decidido eliminar su jornada especial y su horario se hubiera quedado en las 37,5 horas, y con los 400 euros menos del complemento? ¿Por qué no protestaban ustedes cuando los reclasificaron el examen que han tenido que hacer otros funcionarios o cuando las decisiones que se adoptaban en Madrid se traducían en subidas del plus de residencia (por acuerdos del Consejo de Ministros) o de la paga extraordinaria (con el nuevo Estatuto Básico del Empleado Público), por qué no iban en peregrinación al Ayuntamiento a dar las gracias y desearle larga vida a esos políticos que ahora quieren que dimitan?
Celebro que el autor de la carta a la que estoy contestando se considere un privilegiado por hacer lo que le gusta y por pertenecer a un Cuerpo admirado por los ciudadanos (también por mí) y que en Ceuta es Medalla de Oro de la Ciudad, pero más hubiera celebrado que se diera cuenta de que sus condiciones laborales como funcionario no tienen punto de comparación con el resto de trabajadores de este país.
Si no lo ve, puede hacer la prueba: vaya a un bar o a un supermercado y pregúntele al camarero o al dependiente cuánta gana, cuánto le pagan por las horas extras y cuánto le da su jefe para ir al dentista o para pagarle los estudios a sus hijos? Y la diferencia es que si él estuviera recibiendo algo por estos conceptos, se lo estaría pagando su empresa, pero a los funcionarios se les paga con nuestros impuestos, que si se decidan a su salario no se destinan a otra cosa.
Y si de oposiciones estamos hablando, podemos hablar, por ejemplo, de los maestros o de otros funcionarios del Estado en Ceuta, que tuvieron la fuerza de voluntad, la capacidad y la determinación necesaria, primero, para aprobar una carrera universitaria y, después, para superar un exigente concurso-oposición, y que pese a ello y pese a pertenecer a un grupo laboral superior al suyo ganan menos que ustedes.
Y, no, insisto, yo no les odio. Pero tampoco odio a los parados ni a las personas que no pueden pagar su hipoteca, ni a los dependientes ni al Estado del Bienestar. Y, no, no estoy defendiendo el empobrecimiento de los empleados públicos, ni que a ustedes les quiten su jornada especial o su paga extra de diciembre, ni que les bajen el sueldo, ni siquiera que hagan la misma jornada laboral que hacen el resto de trabajadores; y entiendo perfectamente que en el caso de los empleados públicos, con las duras medidas que se están adoptando está lloviendo sobre mojado. Pero lo que no puedo comprender es que la consecuencia del aumento de la jornada laboral tome forma de concentración, de gritos de dimisión y petardazos en el interior de un edificio público. Si quieren hacer una defensa de la función pública, podrían haber comenzado por censurar estas últimas acciones, que seguro que han generado más mala prensa entre los ciudadanos que mi modesta opinión.
Yo también espero que mis palabras les hagan reflexionar, que se den cuenta de que los funcionarios son unos privilegiados y de que la fiesta del dinero público se ha acabado para todo y para todos. Dicho esto, y con absoluta sinceridad: ¡Viva el Cuerpo de Bomberos!

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