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Invasores

Por Ana Isabel Espinosa
12/09/2026 - 04:20
Invasores
Imagen de archivo
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Es vergüenza verlos correr, agolpados unos en otros sin que sea posible- para ojo bien adiestrado -entrever donde empieza una chancleta y donde termina una gorra. Monstruosas criaturas que vienen en tropel a robarnos la sustancia, el aire que respiramos, la comida qué comemos y ese espacio tan patrio y nuestro. No puedo, de verdad, verlos porque me dan alergia y me lloran los ojos de dolor con estos invasores perplejos y esquivos, corredores avezados que transitan por doquier, deleitándose –y lo que es mucho peor, cachondeándose– de todo lo que a nosotros nos parece sagrado y originario.

No somos ellos, ni ellos son nosotros. No tenemos la misma piel, ni el mismo idioma, ni las mismas madres, ¡¡¡ni las mismas puñeteras ideas!!!, ¡¡¡qué narices, no se engañen!!!Pero hay por ahí quienes se parten la boca pidiéndoles los mismos derechos a ellos que nunca fueron otra cosa que transitorios, temporeros y veletas. En cambio, nosotros –los locales– somos los que sufrimos siendo escalas forzosas a otro país o territorio. ¿Creen que no nos damos cuenta?

Pues sí, los locales nos la damos y encima tenemos sentimientos muy agrios, muy negros y muy oscuros cuando los vemos acelerar como locos solo pasar el espigón del muelle, sin que los que custodiando las puertas puedan hacer otra cosa que apartarse o la avalancha de invasores aguerridos en mil desembarcos, se los llevan como riada de octubre. No sé si lo han visto en las noticias, no sé si como a mí les ha cogido por sorpresa viéndolos llegar, como salidos de la nada para cubrirlo todo como las langostas a la cosecha, inundando con su presencia obligada supermercados, lugares típicos, calles transitables y hasta parques. Yo los miraba alucinada porque no podía creerlo, me quedé muda y helada a su sola visión de masa humana invadiendo. Luego los vi en Internet, en las noticias, en todas partes. Había muchos que se quejaban abiertamente contra ellos y no solo porque aparcar- tras esa marabunta humana- cuesta un huevo. No hay sitio o calleja adonde no lleguen.

Ya ni el mercado es sagrado, ni las plazoletas refugio de viejos jubilados de Aeronáutica, ni las comparsas o chirigota pueden dejar de hablar de ellos, paseantes con pulsera de todo gratis que solo gastan pasos en su reloj electronico.

Estos cruceristas altivos que marcan territorio por donde pasan, invasores de primera clase que nos miran desde arriba del polo de marca, solo porque su tarjeta de embarque les da la venia. No me digan que no son otra cosa que invasores de pago corriente, corriendo a toda mecha, no por miedo, ni libertad, sino por tomarse una foto para subirla a redes. No chancletean por medicinas, ni sanidad universal, no por poder pensar lo que les dé la gana, sino por sentarse junto a piedras milenarias a las que tardarán dos segundos en olvidar antes de la siguiente escala.

No habrá necesidad de echarlos, ni reubicarlos, ni mucho menos llamar a las fuerzas de seguridad por si causan disturbios, porque a la hora convenida de su plan magistral de viaje volverán al crucero con la barra libre, el comedor gratis y la piscina de agua salada y toboganes. Los locales que los vimos pasar la valla vencida del muelle –abierta por consanguineidad dineral, pegándose patadas para entrar– los veremos irse, masa sin nombre ni apellidos, guiris ellos en su absolutez disoluta con pasos acelerados subiendo la pasarela porque se les va la hora de recogida.

Nada más nos queda esperar la siguiente invasión de cruceristas entre sumisos, resignados o intolerantes a estos migrantes temporales y adinerados.

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Comentarios 3

  1. Domenego comentó:
    hace 1 mes

    Simplemente genial...

  2. Paranoia de artículo comentó:
    hace 1 mes

    Me imagino que ella vivirá en las casas al lado del trampolín y seclo pasará pipa cada noche.

  3. Capitán Trueno comentó:
    hace 1 mes

    Hombre, comparar a un turista al que invitas a conocer tu ciudad, que llega con su pasaporte, su tarjeta de crédito y su curiosidad, y que se va en unas horas a conocer otras tierras, con los invasores que entran a la fuerza, sin identificarse, con intención de robar o pedir y que no piensan marcharse porque no tienen a dónde ir... me parece muy atrevido o muy tramposo.

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