La comunidad musulmana de Ceuta se ha adentrado este domingo en el mes más sagrado del año en el que se da comienzo al Ramadán, un camino de curación y espacio de paz.
Con motivo de ello, desde la mezquita Al Ansar, ubicada en el Príncipe, cuatro musulmanes y musulmanas de distintas generaciones han compartido sus sentimientos más profundos y las emociones que trae consigo la época más especial del año.
Sumergidos en una agradable conversación, se anima a comenzar Yusra Ahmed, de 20 años. Así, define la llegada del Ramadán como un sentimiento de “paz, conexión espiritual con Dios, unión entre familias y un sentimiento único”.
Continuando con el testimonio de Fatima Sohra Ortega, de 62 años, recuerda que el Corán descendió a la tierra con una orden específica de ayuno durante este mes de Ramadán cuyo fin es “acrecentar nuestro sometimiento a la espiritualidad y aumentar la piedad hacia nuestros hermanos, hacia nuestros compañeros”.
“A nivel familiar supone una experiencia comunitaria al final del día de ayuno donde todos estamos inmersos en la misma oración”, continúa Ortega.
Cada musulmán pide durante el mes de Ramadán que su desarrollo sea “muy beneficioso” para todos ellos y puedan aprovechar al máximo, espiritualmente hablando, el bendito mes de Ramadán. Todos los beneficios obtenidos durante este mes se ven prolongados a lo largo de la vida de cada uno de los musulmanes que son fieles a esta orden de Allah.
“Un mes especial”
Uzman Bersabé, de 64 años, recibe el Ramadán como una misericordia y una forma de vivir bajo el mandato de Allah en el que se encuentra perdón.
“Pasa el año, vivimos, tenemos nuestro trasiego, nuestras dudas, nuestras subidas, nuestras bajadas, todo. Pero cuando llega el Ramadán, Allah, desde el principio de los tiempos, ha hecho un mes especial en el cual los ángeles y fuerzas espirituales bajan a la tierra y están más cerca de nosotros”, explica.
Por esto, una súplica durante el mes de Ramadán a Allah tiene mucha más fuerza que en cualquier otra época del año. No es solamente un mes bendito, es un mes de misericordia en el que el corazón coge calma porque el ayuno, entre otras cosas, la da.
Dejan de importar muchas cuestiones o complicaciones que fuera de Ramadán significarían un mundo.
En cuanto a las súplicas, Abdellah Mustafa, de 25 años, esclareció que hay momentos del día en los que estas súplicas son “más atendidas” y que dichas peticiones van enfocadas en ser seguidores del camino de la rectitud.
“El musulmán pide en el mes del Ramadán todo lo que anhela y todo de lo que carece; ya sea una espiritualidad mucho más profunda a lo largo del año, ya sea que Allah le guíe al camino correcto o que perdone sus faltas pasadas y por venir también. Por lo general, pedimos guía a Allah, que nos dé luz en el alma, luz en el corazón, que nos haga amar el Corán y vivir de acuerdo a él”, relata con la mano en el corazón.
El ayuno y los rezos comunitarios
Volviendo a Yusra Ahmed y adentrándonos en aquellos ritos de adoración que se realizan especialmente en el mes de Ramadán, aclara que “el islam es una religión que principalmente es entre Dios y uno mismo, por lo que cada uno tiene su manera de adorar a Allah”.
En el Ramadán lo más característico es el ayuno hasta la hora del Magreb; además de los rezos comunitarios que se hacen en la noche y que también se pueden hacer en casa; las súplicas; y leer el Corán.
Durante el Ramadán, la comunidad islámica se vuelca con la lectura del Corán, intentando llegar hasta la última de sus páginas en el transcurso del mes.
Este mes sagrado se vive tanto en familia y comunidad como de manera individual, “porque lo que hay entre tú y Dios se queda entre tú y Dios”, pero se vive con mucha familiaridad y “la gente muchas veces se reconcilia en esta época”, concluye.
Por su parte, Fatima Sohra Ortega recuerda que las cinco oraciones obligatorias se hacen siempre, sin sufrir cambios durante el mes sagrado.
Siguiendo con el ayuno característico de Ramadán, en este rito de adoración, “uno se priva de alimentos, bebidas, de todo aquello que nos lleve a enfado. Es una lucha interna, ¿no?; tenemos todo al alcance de la mano, pero nos privamos de ello porque es una orden de Allah y nosotros aceptamos esa orden”, resalta.
La oración del Tarawih
La oración del Tarawih también supone uno de los ritos más importantes de adoración. “Esta oración, cuando vas a la mezquita, hace que te sientas parte de una comunidad, de una inmensa comunidad”, ha relatado esta musulmana que acumula 62 años bajo las disposiciones de Allah.
Siguiendo con el recital del Tarawih, para los musulmanes supone un punto de encuentro, de unión y de fuerza cuando se toma conciencia y cala la piel hasta llegar al corazón y a lo más profundo del alma ser conscientes de que “una inmensidad de gente en todo el mundo está a la vez que tú realizando el mismo rito”, haciendo sentir a cada un parte de un todo y regalándoles “una bonita sensación”.
Volviendo al ayuno y siguiendo con Fatima Sohra, la sensación cuando por fin el sol se esconde y este se rompe es de absoluta satisfacción por haber cumplido con esa obligación hasta el último momento, además, con alegría, porque reconocen que es como una obligación que va a tener su gran recompensa, no solamente al final del ayuno.
Uzman Bersabé lo deja claro sin titubeos: la adoración a Allah por parte de un musulmán empieza en el útero de la madre. “El único objetivo de nuestra propia existencia está en adorarle”, reitera Bersabé, por lo que el Ramadán forma parte de ese fin, es una forma de vivir.
Este buen hombre ha querido enfatizar varios aspectos destacables de la religión islámica y, concretamente, del Ramadán.
Millones de personas haciendo lo mismo en el mismo momento
En primer lugar, recalca que “más de un tercio de la humanidad estará de Ramadán”. ¿Fuerte? Muy fuerte, porque conocemos el tema de las energías y las sinergias en el universo, es impactante que tantos millones de personas de todas las clases: pobres, ricos, blancos, negros, amarillos… de todas las nacionalidades, de todos los idiomas, en el mismo momento estén haciendo lo mismo, es algo que rompe con todo lo que tú haces normalmente durante el año”.
En segunda instancia y hablando desde lo más profundo de su corazón, desvela que durante el Ramadán no es el ayuno el mayor sacrificio o entrega, lo realmente importante reside en el plano espiritual y, es ese mismo punto, el que mayores beneficios aporta a cada musulmán que cumple las órdenes de Allah en el mes de Ramadán. También la ruptura de los hábitos supone uno de los grandes sacrificios que la comunidad musulmana está dispuesta a asumir para seguir cumpliendo su cometido.
“El mayor sacrificio es que te rompe los esquemas, te rompe tu cotidianidad. Estamos acostumbrados a levantarnos, desayunar, un día, otro, y otro... El Ramadán te rompe por completo”, indica.
Pero, al fin y al cabo, tal y como expresa con énfasis Bersabé, “en ese sacrificio está la mayor recompensa”.
“Para mí, uno de los mayores placeres que existe es la siesta cuando estás en ayuno. Para mí, en mi vida, los sueños espirituales, los sueños con mensajes, que tú no notas siempre, han sido en Ramadán y siempre me han marcado la vida. Entonces, entras en una dimensión diferente, muy diferente”, explica.
Las recompensas del Ramadán
Conforme el ayuno va avanzando y el Ramadán se hace con las vidas de un tercio de la población mundial, en la experiencia de Bersabé y apoyada por otros miembros de la comunidad, “conforme el cuerpo se va acostumbrando al ayuno eres más consciente de ti mismo, de lo que ocurre en tu corazón, de los resortes que utiliza tu propio yo”.
No ha querido terminar Bersabé su intervención sobre las recompensas que trae consigo el mes más sagrado en el mundo islámico sin recordar que hay dos días en la semana en los que ayunar resulta mucho más beneficioso “en días normales, no en Ramadán, estos son los lunes y los jueves”. Este ayuno voluntario “se nota diferente”, nada se compara al ayuno durante el mes de Ramadán.
Abdellah Mustafa muestra su total acuerdo con “el hermano Uzman”, añadiendo que “la mayor recompensa que se puede obtener durante el mes de Ramadán es alcanzar la piedad de Allah”.
Según relata, durante el Ramadán y especialmente durante el ayuno, “las emociones están a flor de piel porque sabes que estás en un acto de adoración constante”.
La solidaridad, la caridad, pero no de aquella que te sobra, sino el acto de compartir lo que más se ama, es lo que hace del Ramadán un mes tan especial. Para alcanzar esa piedad que mencionaba Abdellah, se debe creer en Allah hasta el último día, en los mensajeros y dar aquello que se ama, ya sea dinero, comida u otros enseres a los pobres, huérfanos, a los vecinos y todo aquel que pide ayuda.
Continuando y con gesto de total convencimiento, el joven fiel de Allah de 25 años situó al ayuno como lo más secundario del Ramadán, aunque desde el exterior, en vista de quien no forma parte de la comunidad islámica, sea lo más reconocido.
“Lo que menos importancia tiene en este mes es el dejar de comer o dejar de beber porque son muchos más los beneficios o las recompensas las que se obtienen. Para mí, la recompensa real, inshallah espero que toda la gente del mundo la alcance este año, es que Allah nos cuente de los piadosos cuando termine el Ramadán”, relata Abdellah Mustafa.
Por último, Yusra Ahmed encuentra esa gran recompensa de cumplir con la orden dictada para el mes de Ramadán en “tener más tiempo para reflexionar sobre ti mismo, sobre lo que eres como persona y como musulmán. Te ayuda a ser mejor porque en ese tiempo de reflexión te das cuenta de muchas cosas, como de lo afortunada que eres en algunos aspectos. Es una oportunidad para corregir, entonces, para mí, la gran recompensa en Ramadán tiene que ver con dedicarse en cuerpo y alma a la adoración a Dios”.
El significado del Ramadán
Para finalizar este agradable encuentro se les pidió a cada uno de los presentes que colaboraron en el intercambio de historias y experiencias que definieran el significado del Ramadán o la sensación que este deja en el cuerpo cuando finaliza.
Abdellah Mustafa, con la mano en el corazón y toda su energía sobre la mesa, lo tenía claro: vacío. Vacío es lo que siente el joven cuando este mes sagrado llega a su final. “Se siente igual que cuando tienes que despedir a alguien a quien quieres y deja un gran vacío en ti”, explica.
Para Yusra Ahmed, la palabra que encontró para describir el sentimiento que el Ramadán deja es: misericordia. “Es un sentimiento indescriptible. Cuando se va ya quieres que vuelva”, alegó la más joven del encuentro.
Reconocimiento fue la propuesta de Fatima Sohra, sus años de experiencia siguiendo los pasos fijados por Allah la llevan a esta decisión como un reflejo de lo que supone el intento que se hace durante todo el mes de Ramadán por “implementar humildad en el corazón”.
Fue difícil para Bersabé encontrar una sola palabra que pudiera englobar todo lo que el Ramadán provoca en los adentros, pero, finalmente, la encontró: sumisión.
“Sumisión al que posee mi alma. Allah es el dueño de mi alma y, por lo tanto, es el mayor sentimiento que uno puede experimentar en ese sentido”.
Recuerdo a Palestina
Finalizando esta conversación tan fructífera y cargada de sabiduría, historias y experiencias, Abellah Mustafa quiso recordar a sus “hermanos de Palestina” y hacer un llamamiento a la comunidad musulmana para que se les tenga presentes en sus súplicas durante el mes de Ramadán para terminar con las injusticias que día a día vive el pueblo palestino.
“Ramadan Mubarak” desearon los presentes desde la mezquita Al Ansar de la barriada del Príncipe Alfonso a todos los miembros de la comunidad musulmana que está viviendo el inicio del Ramadán en este mismo instante.
El Faro también desea un “Ramadan Mubarak” a todos los fieles de Allah repartidos por todo el globo terráqueo, pero con un cariño especial para todos los ceutíes.
Ramadan Mubarak