“No hay día en el que no lo intenten. En grupos más grandes o de dos en dos”. A pie de frontera la Guardia Civil significa los movimientos constantes de una población subsahariana para la que cruzar a Ceuta se ha convertido en misión imposible.
En las últimas horas se han producido dos intentos de entrada: uno de madrugada formado por medio centenar de subsaharianos que quisieron pasar por Tarajal y el vallado; otro, esta mañana, a plena luz del día, por la valla de Benzú, encarnado por una pareja desesperada que no pudo más que llegar a la valla, treparla y terminar en manos de los agentes marroquíes.
El viernes se registró otro acercamiento por la frontera de Ceuta y la semana ha terminado con grupos y parejas que de forma intermitente han intentado pasar a Ceuta.
Es una misión imposible. O casi. Pero la desesperación al otro lado es de tal nivel que no queda más que seguir intentando.
La oenegé Manos Solidarias ha denunciado que muchos de los que malviven en los montes están heridos, con fracturas o con la piel garabateada con cicatrices provocadas por las concertinas.
Están mal pero siguen buscando el pase. Es lo único que les queda. Saltar la valla o apostar por un mar en el que la temeridad es mayor, en el que los naufragios o rescates in extremis están a la orden del día.
El blindaje de Tarajal y Benzú es cada vez mayor. Marruecos ha blindado sus zonas fronterizas con campamentos y cunetas, con concertinas y refuerzo de agentes que baten el lugar a pie, con perros y caballos. Berrocal, Sidi Ibrahim y Benzú asoman cual fortificaciones casi imposibles de cruzar, salvo por casos extremos de jóvenes que burlan el gran complejo de cámaras y alarmas que, a lo Gran Hermano, serpentean los más de 8 kilometros de perímetro que separa Ceuta del vecino país.
Cada vez se ven más parejas sueltas o grupos pequeños que buscan la forma de evitar la vigilancia, llamando menos la atención que los grupos grandes. Estos se ven ahora menos. Muchos de sus componentes han sido detenidos y alejados de la zona. La ruta hacia este lado es tortuosa, compleja, llena de baches, marcada por los arrestos, los golpes, las heridas o las muertes que no trascienden.
O Marruecos o la Guardia Civil detectan los movimientos y se coordinan evitando entradas masivas. La respuesta entendible a tanto bloqueo pasaría por el inevitable rendimiento. Pero en el espacio entre fronteras, en esta línea abandonada erigida en trinchera sur para Europa, cada día es una ‘batalla’ nueva para gente desesperada que entiende como un éxito cruzar a Ceuta aunque sea con el cuerpo marcado a cortes.
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