Vete a tu país. No tenéis vergüenza. Iros a pedir a vuestro rey... Estos son, quizá, los comentarios más suaves que se pueden leer en redes sociales dirigidos contra el colectivo de transfronterizos. Hombres y mujeres que, sin descanso, se concentran cada lunes en la plaza de los Reyes para que no se les olvide. Son personas trabajadoras que no insultan, que no faltan a nadie, que se reúnen solo para que la sociedad sepa cuál es su situación. Pero en este mundo que cada vez elige con mayor respaldo el camino seguido por los descerebrados, hay quienes responden, desde su butaca, con el insulto y el menosprecio.
Estos transfronterizos tienen todo el derecho a protestar. Son trabajadores contratados, con su Seguridad Social, que venían a diario a cumplir con una labor gozando del respeto de sus empleadores. En Marruecos hay otros tantos que no pueden volver, que también tenían sus contratos, y que cruzaban a diario la frontera para cumplir con un fin concreto. A pesar de haber cotizado durante años, a pesar de tener unos contratos legales, su situación siempre ha quedado en un limbo que ahora, con la pandemia y el cierre de la frontera, ha mostrado su peor cara.
Si estas personas no marchan a casa es porque no tienen otro sustento económico que el que les aporta Ceuta. De eso viven ellos y sus familiares. No están robando a nadie, no son criminales, no se meten con los demás, no provocan para que se les esté insultando o para convertirse en objeto de burla ejercida por parte de esos cobardes que se esconden detrás de comentarios. Me gustaría saber si esos españolitos de medio pelo cotizan, trabajan o hacen algo más que esconderse detrás de una pantalla para insultar a otras personas solo porque son marroquíes, cuestionando sus derechos y su protesta. Igual nos llevaríamos más de una sorpresa con los autores de dichos comentarios.
Si se dotó de legalidad la contratación de estas personas, se debería haber aportado una cobertura para situaciones extremas como las ahora producidas. No se hizo, siempre se dejó este asunto a camino entre la dejadez y la permisividad.
Cada lunes seguirán las concentraciones de quienes son mucho más dignos que los cobardes que esperan ese momento para atacar. No valen para más.
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