Categorías: Opinión

Inmigración: un verano de infarto

Se veía venir. Si en invierno la llegada de inmigrantes ilegales por mar era un hecho, ahora, en verano, nos encontramos ante un aluvión que sólo acaba de comenzar. Ojala me equivoque. El asunto es grave, por más que muchos prefieran mirar para otro lado. Abrir a diario las páginas de nuestro periódico resulta sobrecogedor. 123 entradas en junio y 179 al final de la primera quincena de julio, al menos hasta el viernes cuando cierro esta columna.
El efecto llamada, en España, es un hecho. Primero con aquello de papeles para todos - ¿dónde están ahora quienes así se pronunciaban? -. También con las sucesivas regulaciones masivas, y por la impunidad con la que se desenvuelve por el país tanta gente en situación irregular. ¿Deportaciones? Lentas, difíciles, mínimas y, en tantos casos, timoratas. Y no hable usted muy fuerte, porque lo pueden tachar de racista. Sencillamente por ser realista.
En nuestro caso, con Marruecos convertido, de rebote, en un país receptor de inmigrantes, nuestra ciudad tiene una seria papeleta. El reino alauita se ha convertido en el trampolín de la inmigración africana hacia Europa. De ahí que los marroquíes en tantas ocasiones relajen su vigilancia para aliviar el lastre o, sencillamente, como medida de presión hacia España.
Es duro de asumir el fuerte flujo de entradas que vienen produciéndose por mar en ocasiones, simplemente, casi caminando por las aguas. Y todo ello con la millonada de euros que costó la impermeabilización de la frontera y el vallado, para que ahora se nos cuelen alegremente por el mar. Como bien decía un agente de la Benemérita a nuestro diario, “han encontrado un chollo”, de ahí que todos estén dispuestos a seguir esta vía.
¿Y qué pasa con esos millones de euros que le llegan a Marruecos para evitar la permeabilidad de sus fronteras? Pues como con los de la droga, ¿Es consciente Europa de lo que está ocurriendo y lo que puede estar por venir? Creo que no. En el caso de nuestro país, mal lo tenemos con este gobierno débil, sin personalidad, sumiso a Marruecos y en plena agonía. Parece ser que las instrucciones son claras. Nada de rechazar a los que lleguen a nuestras aguas como se hacía antes. De modo que, según señalaba este diario y se ha visionado a través de las cámaras del COS, los inmigrantes saben que si entran en el agua no tendrán persecución marroquí, que sólo actúa –cuando no se hace el ciego- con los que intercepta en la arena. Y el mensaje corre y corre. Al agua, chicos, que ya vendrá la Benemérita a recogeros, como ironizaba otro agente: “Ahora parecemos taxistas”.
Nada sería de extrañar que, pese al aluvión humano que nos está sobreviniendo, el gobierno de Madrid siga sin mover ficha para remediar de alguna forma la inquietante situación.
Baste comprobar como respiraba la secretaria de Estado de Inmigración cuando, coincidiendo con la entrada de 27 subsaharianos, el día de su visita, nos salía con que los flujos de entrada eran normales, que la situación no era preocupante y que Marruecos colaboraba. Increíble.
Con el CETI ya colapsado, podemos encontrarnos con una situación embarazosa y turbadora, señora Terrón. Resultaría muy triste volver a los sucesos del Ángulo, a los cartonazos y a la situación insoportable de protesta que protagonizaron los cameruneses en pleno corazón de la ciudad, incluso con actitudes ofensivas y provocadoras, en determinados casos, hacia convecinos, o el simple y lamentable espectáculo de las sentadas indefinidas de protesta. Un contingente humano al borde de la desesperación y animado por la idea de que, una vez en Ceuta, alcanzará la Península de una o de otra forma, es capaz de cualquier reacción si esta ciudad se convierte para ellos en un presidio como si todavía fuera aquella otra del Penal.
Colapsado el CETI y colapsada ya también la residencia de los MENA, Marruecos sigue golpeando, a placer, sobre las dos ciudades autónomas. Demasiada inmigración para tan pocos kilómetros cuadrados, además de la propia marroquí. Excesivos sacrificios para una ciudad tan castigada y tan pobre en recursos propios. Y a todo esto el gobierno central va y reduce en un 50 por ciento las asignaciones para la atención de esos menores que cada día son más y de los que el vecino nada quiere saber ¿A dónde vamos?
Insisto, este gobierno es incapaz de propiciar soluciones. Y uno se pregunta, ¿y al vecino Gibraltar, tan cerca y tan estratégico, por qué no llegan también los inmigrantes ilegales de igual manera que a las costas españolas?

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