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La influencia del activismo accionarial en las empresas

Milton Friedman, economista, estadístico y académico estadounidense, ganador del Premio Nobel de Economía de 1976 y una de las principales figuras y referentes del liberalismo defendía que el objetivo de cualquier empresa era maximizar el beneficio, siempre y cuando se respetaran las leyes, las normas de economía capitalista y se evitaran los engaños y fraudes. Sin embargo, R. Edward Freeman, autor de la teoría de los stakeholder (1984) entendía que las empresas tienen que buscar satisfacer no sólo a los propietarios de las empresas sino al resto de sus partes interesadas.

Con estas dos teorías estuvimos debatiendo en nuestra última clase de gestión de empresas días atrás en la universidad. Evidentemente, había opiniones muy diversas entre el estudiantado. Todas legítimas. El asunto venía a propósito del concepto de Responsabilidad Social Corporativa, de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU y de las últimas decisiones de la Administración de los Estados Unidos de denostar estos objetivos y, a consecuencia de ello, también las políticas para combatir el cambio climático. La pregunta clave era si las empresas debían ir más allá de la pura obtención del beneficio económico.

Uno de los recientes trabajos de investigación de algunos colegas de departamento y del Grupo de Investigación ISDE de la Universidad de Granada, se refiere al activismo de los accionistas en las empresas y su influencia en las prácticas a favor de la fuerza laboral. Su trabajo tiene origen en la creciente importancia del conocimiento como motor de competitividad, y en el interés que esto ha despertado entre los inversores en la gestión de la fuerza laboral y en el desarrollo de estrategias de talento a nivel mundial. El asunto es descubrir los tipos de demandas relacionadas con la fuerza laboral que se producen. Lo que se discute es si el activismo de los accionistas puede servir como fuerza impulsora para mejorar las prácticas a favor de la fuerza laboral, así como para atraer y retener a los mejores talentos.

En concreto, se analizaron las prácticas para superar la discriminación de los empleados, para el cumplimiento de las normas laborales internacionales, para mejorar las prácticas de salud y seguridad, para erradicar la disparidad salarial y para desarrollar prácticas justas de compensación ejecutiva. Es decir, de lo que se trata, según yo considero, es de poner a prueba los dos conceptos explicados al principio sobre el objetivo prioritario de las empresas, es decir, la obtención de beneficio económico exclusivamente, o algo más.

Del análisis que han desarrollado estos colegas (Ruth V Aguilera; JA Aragón y M. R. Castillo en Organizational Dynamics) se desprende que los accionistas más activos en las empresas que abogan por mejorar la situación de la fuerza laboral son los que tienen la propiedad de los fondos de inversión socialmente responsable, de los grupos religiosos y de los fondos de pensiones públicas, pese a que sus propuestas eran rechazadas por las Juntas anuales de accionistas.

La razón es porque, mientras que “tradicionalmente los rendimientos financieros a corto plazo y los activos tangibles han sido la principal preocupación de los accionistas y gerentes, así como el enfoque de investigadores, profesionales y aquellos que evalúan el valor de la empresa, sin embargo, con el auge de la economía digital y del conocimiento, la importancia de los activos intangibles en las empresas se ha disparado, y los accionistas y gerentes de todo el mundo tienen buenas razones para considerar cómo las empresas gestionan estratégicamente su fuerza laboral”.

Por un lado, nos indican, el talento no solo es más difícil de alcanzar, sino también de replicar para los competidores. En una economía globalmente competitiva, el talento se ha vuelto fundamental. Por otro lado, pese a los intentos de desprestigiar la gestión responsable en las empresas, el informe ESG 2024 (environmental, social and governance) de Blomber Intelligence afirma que este tipo de inversiones, superan el 25% de los activos globales, siendo Europa el principal contribuyente a este crecimiento, junto a otros mercados en expansión como Japón, Canadá y Australia. Y en estas inversiones las áreas relacionadas con el bienestar y los derechos de los trabajadores son las más importantes.

Es decir, pese a la moda reaccionaria “antiwoke”, la gestión responsable y el respeto a la salud y a los derechos de la clase trabajadora, sigue siendo un activo muy a tener en cuenta en el mundo empresarial.

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