Durante mis paseos diarios por la Gran Vía (léase Paseo de Alcalde A.L. Sánchez Prado) no he podido evitar ver a esa pobre indigente que deambula por dicha calle acumulando sobre los sólidos y fríos bancos bolsas llena de periódicos viejos y deshechos de comida. Dichos bancos son los que, a veces, utiliza para dormir. Aunque desarrapada, es verdad que no ejerce la mendicidad ni molesta a nadie. Simplemente es que una persona así suele llamar la atención de cualquiera ya que, al parecer, come duerme e imagino que todo lo demás lo hace en la calle.
Uno de esos días y tentado por la curiosidad, al volver del paseo y al cruzarme con los miembros la Policía Local que suelen estar en la Plaza de la Constitución, junto al mercado, se me ocurrió dirigirme a uno de ellos preguntándole si conocían a esa joven y si se habían dado cuenta de la situación en que se encontraba. Les pregunté, además, que como era posible que nadie se ocupase de ella.
Uno de los agentes me dijo que ya existían veintinueve notificaciones pasadas por la policía local al departamento de Servicios Sociales y que se trataba de una persona con pasaporte y todo (no especificó la nacionalidad).
Me vino entonces a la memoria aquel holandés, belga o danés, nunca conocí su nacionalidad, que permaneció mas de un año deambulando por la ciudad y exhibiendo, sentado en los bancos, una pierna que tenía completamente enferma y ulcerada. Al final creo que retornó a su país ayudado por alguien.
Ahora me pregunto nuevamente ¿cuando va a tomar cartas en este asunto el Organismo a quien corresponda? Como es natural a mí, particularmente, no me molesta pero considero a esta persona digna de que alguna institución vele por su situación buscándole una solución idónea y correcta. Bien acogiéndola o bien, devolviéndola a su paíS.





