Categorías: Opinión

¿Cuándo el local?

Señora Consejera Rabea: expongo esta postura ante la situación que sobrellevan los compañeros y profesionales en el precario local de ACEFEP. Aunque creo que se acercó a visitarnos, para comprobar in situ la realidad en la que nos encontramos.
Es la humedad, la falta de espacio, el peligro que conlleva quedar por debajo del acerado peatonal, tener gruesas paredes de tierra, y el hecho de que la puerta de entrada queda a dos metros de distancia de la carretera. Todo el que pasa se queda mirando, y tenemos que aguantar las inclemencias del tiempo, y a las personas que suben y bajan: en monopatín, en bicicleta, con perros, incluso algún que otro inconsciente que pasa en motocicleta para acortar camino.
A mí, lo que me gustaría tener es un local social donde cada uno de nosotros encontrase su espacio. Me explico: todos sabemos que las personas con enfermedad mental presentan, cada una de ellas, un grado de discapacidad, y por eso, para su recuperación necesitan un trato especial.
Sabemos que es una utopía, por ser muy costoso y enrevesado, estamos de acuerdo. Pero, ya que no podemos curar la enfermedad, al menos démosles un trato digno.
Lo que le pido en concreto, es que no nos tome con ligereza. La mente humana es un milagro que nadie sabe aún cómo funciona, por más que se investigue el cerebro. Cada uno de nosotros es único e irrepetible.
Señora Consejera Rabea: Usted no tiene la capacidad de solucionar el problema de todas las personas que le solicitan algo en general, pero no se limite a justificarse prometiendo que siempre anda buscando una solución al problema, que no llega. Y no me lo tome a mal, sólo pretendo llamar a su efectiva implicación en este tema.
La enfermedad mental es un mal que sufren más de dos mil personas en Ceuta, sin contar con el resto que convive con ella sin padecerla, pero que la sufren.
ACEFEP lo que hace es descongestionar a los enfermos, familiares, y a los servicios de la Ciudad.
No olvide que ante todo somos seres humanos, con sentimientos muy acentuados, que necesitamos ser escuchados, y atendidos por el resto de la sociedad. Tenga en cuenta que muchos de nuestros males son consecuencia de unas normas impuestas por dicha sociedad.
Siempre soñaré con un local donde mis compañeros, y yo incluido, podamos gozar de espacio y libertad. Con una sala de reuniones presidida por una gran mesa para poder dialogar de infinidad de cuestiones que nos hagan sentir parte del mismo grupo. Con una biblioteca donde cada uno de nosotros pueda cultivar su intelecto en armónico silencio, a la vez que los más inquietos puedan calmar sus ansias en una sala de fumadores sin que sean objeto de miradas penetrantes. Las inclemencias del tiempo emplazan a la poesía si se observan desde un abrigo acogedor.
Sabed que lo que expongo es sólo mi opinión, y que el resto de la asociación no tiene nada que ver con estos pensamientos. Me gustaría que tuviera en consideración lo que digo.

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