Los abogados salen hoy a la calle para reivindicar un turno de oficio digno. No piden mucho, solo dignidad, que se traduce en cobrar por su trabajo. Estamos ante la narración del cuento de nunca acabar: los retrasos que sufren en los pagos del turno de oficio se vienen repitiendo año tras año en una especie de vicio consentido al que no se le pone solución. Ellos, los encargados de defender los intereses de los demás se convierten en los pisoteados, en las víctimas de un sistema que no funciona porque no responde como debe. Y no estamos hablando de un retraso de un mes o de dos. Se acumulan meses y meses sin cobrar el servicio que sí han prestado lo que no hace más que empobrecer una profesión digna que debe ser tratada con respeto porque ofrece un servicio clave.
Es la aplicación de la mera lógica: el mismo respeto que los profesionales aplican -y me consta- para ofrecer el servicio de asistencia letrada gratuita debe corresponderse con el puntual pago. Si no hay un equilibrio entre ambos conceptos se incurre en un desprecio que no se puede consentir. Por eso hoy tenemos protesta ‘de togas’ para cantarle las cuarenta al Ministerio. Al igual que en Ceuta, se hará en otros territorios del país, alzando la voz por una queja entendible.
La política ministerial se basa en no atender a los suyos. Lo hace con los abogados, incumpliendo la mínima norma del respeto, pero lo vemos que lo hace también con los magistrados. El último escándalo lo hemos conocido en la Audiencia, que tuvo que suspender un juicio ante la falta de un magistrado. La propuesta de comisión de servicio ha sido rechazada y la solución que se aporta desde el Ministerio es ir moviendo a un magistrado de otras audiencias para suplir esa ausencia. Es una barbaridad, pero lo hace. Es una barbaridad que provocará retrasos y suspensiones, porque no se trata solo de celebrar juicios, sino también de las deliberaciones, de sacar adelante recursos, de resolver apelaciones claves en un territorio frontera como Ceuta...
Dejar en el más puro extremo a la justicia es desandar el camino. Y eso al final va contra todos.






