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Hoy todos somos Ceuta

Hay lugares a los que pertenecemos porque nacimos en ellos, y hay lugares a los que decidimos pertenecer aunque nunca hayamos vivido allí.

Hoy es 2 de septiembre. Hoy es el Día de Ceuta.

Quizá este año felicitar a los ceutíes no consista solamente en desearles un feliz día. Quizá consista en decirles algo que llevan demasiado tiempo necesitando escuchar: no estáis solos.

Han sido semanas difíciles.

Semanas en las que una ciudad de apenas veinte kilómetros cuadrados ha ocupado portadas, informativos, debates políticos y conversaciones en toda España.

Hemos hablado mucho de Ceuta. De su frontera y de su seguridad. De inmigración y de responsabilidades políticas. De cifras... sobre todo de cifras.

Pero hoy me gustaría olvidarme por un momento de todas ellas. Porque Ceuta no es una cifra. Tampoco es solamente una frontera. Ceuta es la señora que esta mañana levantará la persiana de su comercio. El policía que terminará su turno y regresará a casa. El camarero que servirá un café y la familia que se sentará alrededor de una mesa.

El vecino cristiano que saludará al musulmán. El musulmán que compartirá calle con el hebreo. El hebreo que compartirá ciudad con el hindú. Y todos ellos compartirán algo mucho más importante que cualquier diferencia: su casa. Ceuta.

A veces desde la península cometemos el error de mirar las ciudades fronterizas como lugares lejanos, como si los kilómetros de mar fueran también kilómetros de pertenencia.

No lo son. Hay distancias que se miden en kilómetros, y otras que se miden en indiferencia. Hoy, España tiene la oportunidad de acortar la segunda.

Porque mientras Ceuta celebra su día, desde ciudades y pueblos de toda España habrá personas que, aun estando lejos, mirarán hacia ella para hacerle llegar su apoyo.

Personas que probablemente nunca hayan pisado sus calles. Que quizá nunca hayan contemplado África desde sus miradores. Que nunca hayan paseado junto a sus Murallas Reales ni hayan visto amanecer entre dos mares. Y sin embargo, hoy también estarán un poco allí. Por Ceuta.

Hay algo profundamente hermoso en eso.

Porque una nación no se demuestra únicamente en un mapa. Se demuestra cuando un ciudadano siente como propio lo que le ocurre a otro que vive a cientos de kilómetros. Cuando el problema de una ciudad deja de ser “su problema” para convertirse en el nuestro.

Cuando desde Huesca, Valencia, Jaén, Cartagena o cualquier otro rincón de España alguien mira hacia el sur y dice: Estamos con vosotros.

El Día de Ceuta hunde sus raíces en una historia de hace más de seis siglos.

En aquellos días de 1415, Pedro de Meneses fue nombrado primer gobernador de la ciudad. Cuenta la tradición que cuando hubo que decidir quién permanecería para defenderla, tomó un sencillo aleo, un bastón de madera, y aseguró que aquello le bastaba. Aquel humilde bastón acabaría convirtiéndose en símbolo de algo mucho más grande que él: la voluntad de Ceuta de permanecer en pie.

Han pasado más de seiscientos años. Han cambiado los gobiernos. Han cambiado las fronteras. Han cambiado los mapas y las generaciones.

Pero hay algo que ninguna ciudad debería necesitar defender nunca: su derecho a no sentirse olvidada.

Por eso hoy quiero hablar de algo muy sencillo. De pertenencia. De esa extraña capacidad que tenemos los seres humanos de sentir cariño por lugares en los que quizá nunca hemos vivido. Y de recordar que detrás de cada titular de estas semanas había una ciudad intentando seguir siendo exactamente eso: una ciudad.

No una crisis. No una frontera. No un problema. Una casa.

La casa de miles de españoles que durante estas semanas han tenido miedo, se han enfadado, han pedido ayuda y han reclamado algo tan elemental como poder recuperar su tranquilidad. Hoy es el Día de Ceuta.

Quizá el mejor homenaje que podemos hacerles desde el resto de España no sea hablar por ellos.

Sea escucharlos, acompañarlos y recordarles que el mar que nos separa también puede ser el mismo mar que nos une.

Hoy habrá banderas. Habrá actos institucionales y habrá discursos.

Pero ojalá, cuando termine el día, quede algo bastante más importante que todo eso: la certeza de que cuando una parte de este país necesita que la miremos, miramos.

Que cuando necesita que la escuchemos, escuchamos. Y que cuando necesita saber si seguimos sintiéndola como parte de nosotros, la respuesta no admite dudas.

Sí. Hoy, 2 de septiembre, desde cualquier rincón de España: Feliz Día de Ceuta.

Después de todo lo vivido durante estas semanas, permitidme decir también algo más: Hoy, todos somos Ceuta.

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