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Homenaje al Teniente Ruiz en Madrid

En un entrañable acto, convocado por la Casa de Ceuta en Madrid, se ha celebrado, a las doce horas de la mañana, un emotivo homenaje a la figura del Teniente, Jacinto Ruiz de Mendoza, ante el hermoso monumento escultórico de Mariano Benlliure erigido en su honor, situado en la céntrica Plaza del Rey de la capital matritense. Asistieron, entre otras autoridades,  a este acontecimiento el Viceconsejero de Presidencia, D. Luis Armada, que ostentaba la representación de la Presidenta de La Comunidad Autónoma de Madrid, Dª Esperanza Aguirre, una representación de la Legión, ataviados con su uniforme, así como una nutrida representación de la Casa de Ceuta en Madrid, encabezada por su esforzado y entusiasta Presidente, D. Antonio Navarro Ferrero, además del público que presenció el acto.

Procedió a la apertura del homenaje el Sr. Navarro, quien dio las gracias a los asistentes y que glosó mediante unas breves palabras al teniente Ruiz, destacando su heroica actuación en el Parque de Monteleón. Seguidamente cedió la palabra a D. L.Regino Mateo del Peral, Historiador y Profesor de la UNED, quien mediante una proclama o arenga, cuyo contenido se recoge al final de este texto, relató, entre otros, aquellos  hechos gloriosos del 2 de mayo de 1808. A continuación el Sr Navarro junto con algunos legionarios colocaron una corona de flores al pie del Monumento, cantándose “La muerte no es el final”. Posteriormente, se cantó el Himno a Ceuta y concluyó la ceremonia con el Himno Nacional. Una de las primicias informativas que el Sr. Mateo del Peral,  por indicación de D. Antonio Navarro, transmitió al público allí congregado  fue la noticia que Don Francisco Olivenza Ruiz publicó en el Faro de Ceuta en la que” fracasó la propuesta de Morales Duárez de trasladar las Cortes de Cádiz a Ceuta en 1810, por el peligro de la guerra”, especificando las posibles causas de esa frustración.

 

Un año más en esta recoleta Plaza del Rey, situada en el centro de esta Villa y Corte, nos hemos reunido para rendir homenaje a la hazaña del valeroso militar, el teniente ceutí, Jacinto Ruiz de Mendoza, cuya gesta fue reflejada en este hermoso monumento de Mariano Benlliure, inaugurado en 1891, por la Reina Regente María Cristina de Habsburgo- Lorena, segunda esposa  de Alfonso XII, fallecido en 1885.  Si en  el 2 de mayo de 1208 conmemoramos el bicentenario de la Guerra de la Independencia, en la que un grupo esforzado de patriotas españoles,  en esa fecha emblemática se alzaron en un levantamiento popular contra los “gabachos o franchutes”, en una lucha, que adquirió tintes épicos, efemérides que se une en este año, del 2012, a la conmemoración de otro bicentenario,  el de Constitución gaditana: “La Pepa”. Carta Magna , así denominada por haber sido promulgada el 19 de marzo de 1812, festividad de San José. Este texto constitucional, inspirado en la Constitución francesa de 1791, sirvió de modelo a otras constituciones europeas y americanas, como la portuguesa de 1822 o la belga de 1831 . En ese sentido, el catedrático emérito de la Universidad Complutense, Antonio Fernández García recoge el testimonio de Tomás y Valiente que atribuye a, “La Carta Magna de Cádiz la triple dimensión de origen, modelo y mito”
Los primeros escarceos desencadenantes del  conflicto acaecieron en los aledaños del Palacio Real  cuando los franceses habían planificado  el viaje a Bayona  de  dos  hijos de Carlos IV, que aún continuaban residiendo en la Capital: María Luisa Josefina de Borbón y el infante Francisco de Paula. Los madrileños agolpados ante las puertas de Palacio toleraron la partida en un carruaje de  María Luisa Josefina de Borbón, pero cuando  se percataron que  otro carruaje estaba dispuesto, también,  para trasladar   al menor de los hijos el infante Francisco de Paula,  el cerrajero Blas  Molina y Soriano advirtió  de  su salida y con un grito desgarrador  exclamó: ¡Traición, Traición¡. ¡Nos llevan al Rey y ahora quieren llevarse a toda la Familia Real¡. ¡Mueran los franceses¡.  El teniente coronel, Rodrigo López de Ayala, mayordomo y gentilhombre de su Majestad, desde uno de los balcones de Palacio  secundó esa llamada de Molina e invitó  al pueblo a que se opusiera al traslado del Infante. manifestando :   ¡Vasallos a las armas¡ ¡Qué se llevan al Infante¡. La gente que estaba presenciando la situación, en un alarde colectivo de dignidad y valor,  procedió a cortar los correajes de los caballos que tiraban de la carroza del Infante, actuación que realizaron poniendo en peligro la vida del coronel galo Roucher, que se salvó merced a la intervención de los granaderos enviados por Murat.
Murat en una astuta maniobra  mandó  a su Guardia Imperial que  abrió fuego, matando  e hiriendo  sin discriminación a la población allí congregada,  sin importar que fueran niños, mujeres o varones. Las primeras de víctimas de la Guerra se originaron, pues, en torno al Palacio y las escaramuzas y pugna entre madrileños y galos se prolongaron en la Puerta del Sol, en las proximidades de la Puerta de Toledo, en el paseo del Prado y en el Parque de Artillería de Monteleón. Existe una abundante documentación que relata la épica actuación  de la población como las descripciones de Mesonero Romanos y Alcalá Galiano, que especificaron como los habitantes de la Villa exclamaban ¡Vecinos a armarse¡, ¡Viva Fernando VII¡, ¡Mueran los franceses! La gesta de algunos madrileños y españoles que se encontrban en Madrid aquel 2 de mayo contó con la efectiva colaboración de Jacinto Ruiz, uno de los oficiales que, con Daoíz y Velarde, lideraron esa rebelión popular, a la que se unieron varones, mujeres y niños, que emplearon sus recursos para luchar contra los franceses. Sería interminable la lista de los héroes que fueron vilmente asesinados por los franceses como José Blas y Soriano, Clara del Rey y Benita Pastrana, Núñez Gascón y José del Cerro.
En la Puerta del Sol un grupo combatió contra  los mamelucos, procedentes de Egipto, que ataviados con su original atuendo musulmán formaban parte del ejército napoleónico. Los madrileños se enfrentan a estos jinetes con navajas, escena bélica que inmortalizó Goya en su cuadro “La carga de los mamelucos”. Otro grupo se desplazó al Parque de Monteleón donde se hallaban ya el teniente Rafael Arango y el capitán Luis Daoíz  y una guarnición francesa. El arrojo  de los oficiales: Daoíz, Velarde y Jacinto Ruiz  se reflejó en su actitud ante el invasor, ya  que en ningún momento mostraron signos de flaqueza en la defensa del Parque de Monteleón,  ante un ataque muy superior  de las tropas galas de Napoleón,  que no esperaban esa  heroica resistencia del escaso número de españoles que se hallaban en el Parque.  Los mandos militares que inicialmente tuvieron la  valentía para liderar el movimiento de rebelión contra los despectivamente llamados: “gabachos” o “franchutes” fueron el ceutí Teniente Jacinto Ruiz de Mendoza  y los capitanes: el sevillano Luis Daoíz Torres  y el cántabro Pedro Velarde y Santiyán, quienes se percataron de las intenciones del Emperador, a quien  el pueblo   denominaría con desprecio  el Corso Bona o Malaparte y a su cuñado el Duque de Berg, Murat, como el Gran Troncho de Berzas. La lucha desde el Parque de Monteleón fue uno de los  puntos de partida de una guerra de liberación nacional popular, que refrendaron los alcaldes de Móstoles: Andrés Torrejón y Simón Hernández, mediante el bando o manifiesto que redactó el magistrado Villamil declarando la guerra a Francia.
En un principio, lamentablemente, los jefes y altos mandos militares no intervinieron en la refriega,  temerosos del poder bélico del ejército francés, optando por la neutralidad, acatando las  órdenes del capitán general de Madrid, don Francisco Javier Negrete, de permanecer acuartelados.
Pedro Velarde pidió  apoyo al coronel del Regimiento de Infantería de Voluntarios, a fin de   aumentar el número de efectivos del Parque de Monteleón ,quien ordenó que la compañía del capitán Goicochea, de la que formaba parte el teniente Ruiz, se desplazara al lugar de la refriega. El teniente  Ruiz  había demostrado su pundonor, cuando postrado enfermo en su lecho,  al escuchar los primeros disparos, en un gesto inigualable de bravura, no dudó en incorporarse a su destino, cercano al citado Parque, con tiempo suficiente  para trasladarse  con su compañía.  Daoíz invitó al pueblo a que se sumara a la rebelión contra los gabachos.  Ruiz   en una muestra de  firmeza y astucia se dirigió al capitán galo haciéndole creer que llegaban más refuerzos del Regimiento de Voluntarios y  que lo mejor para él y sus tropas era que se entregaran. Ruiz ante la negativa del  militar francés a rendirse en una astuta maniobra logra rodear al galo que no tuvo otra opción que deponer las armas y entregarse con 75 soldados.
La hazaña de Ruiz fue vitoreado por los ocupantes hispanos.  El envío de nuevos refuerzos galos en un número muy superior al de los españoles, al mando de  los generales Lagrange y Lefranc acabó con la heroica resistencia y Daoiz fue mortalmente herido y Velarde asesinado. El episodio épico del Parque de Monteleón finalizó cuando Goicochea tuvo que capitular ante los franceses.
Ruiz, aunque también  gravemente lesionado, - primero fue herido en un brazo y posteriormente recibió  otro proyectil que le entró por la espada y le salió por el pecho- merced a las ayuda que recibió, ya que los franceses creían que había muerto, fue portado para  reponerse de sus heridas a casa de María Paula Variano, donde fue atendido por el Doctor Rives.. Consigue restablecerse parcialmente y, en contra de los consejos sobre su aún precaria salud,  se desplazó a Extremadura para proseguir la lucha contra el francés alcanzando el grado de Teniente Coronel. Su estado de  salud empeoró debido al agravamiento de sus heridas  y falleció en Trujillo en 1809 con solo 29 años de edad, recibiendo cristiana sepultura en la Parroquia de San Martín de la citada localidad extremeña.

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