Francisco Muñoz hará esta tarde un alto en la jornada laboral al frente de su negocio, la empresa de electricidad del Muelle de Poniente que lleva su apellido, para recibir de manos de Cándido Méndez el premio ‘Antonia Céspedes Gallego’. Su hermano Manuel, ya jubilado, estará cerca, como las decenas de descendientes que se congregarán para rendir tributo a la Latera 78 años después de que un disparo en la cabeza la abatiera junto a la cárcel del Sarchal. Será, a título póstumo, la primera en ser distinguida con el galardón que a partir de ahora llevará cada dos años su nombre. Con 57 y 71 años, respectivamente, ninguno de ellos llegó a conocer a su abuela. Las investigaciones de las últimas décadas, entre ellas las publicadas en El Faro por Francisco Sánchez, apuntan hacia manos y pistolas falangistas. Las mismas que por motivos que se ignoran –pero se intuyen– la habrían sacado de la prisión en la que cumplía la pena con la que le había sido conmutada la original de muerte. Corría enero de 1937, Ceuta era territorio nacional en plena Guerra Civil y a Antonia no le pasaron por alto su pasado sindicalista y reivindicativo. Francisco y Manuel conocen de sobra el fatal desenlace de aquella historia, pero pocos detalles. En parte porque la dictadura que siguió a la contienda desplegó un pesado telón de autocensura entre las familias de los represaliados. “No, de aquello no se hablaba. Nuestra madre cuando salía el tema empezaba a llorar y llorar, y ya no decía más. Era mejor no preguntar. Ella sólo decía que fue el Peregrina, un falangista”, coinciden. Esa madre a la que se refieren tenía apenas 10 años cuando Antonia Céspedes –“peso pesado” de la Ejecutiva de UGT durante los convulsos años de la República, como la recuerdan sus nietos– recibió el disparo. Antes de que aquello ocurriera, rememoran ambos, recorrió en no pocas ocasiones el trayecto hasta la prisión para acercarle comida a su abuela. “Una de las veces se cayó por la Rocha del Sarchal y se destrozó la cadera”, recuerda Manuel. Sería una de los cinco huérfanos que dejaría como triste legado aquel crimen. De Antonia Céspedes dibujan sus dos nietos una imagen de mujer “luchadora, que fue capaz de pelear por los derechos de su pueblo”. Francisco va más allá e incluso asevera, sin albergar dudas, que “si no hubiera sido por mujeres como ella las de hoy quizás no trabajarían”. Y apostilla: “Eso que se tenga muy claro. Por mujeres como ella se lograron tantos derechos...”. Manuel rememora también cómo “iba por las casas exigiendo que sus compañeras cobraran, que tuvieran días de descanso...”. Y acaba con un “pero ya ves, las cosas que pasan en una guerra...”. Son episodios de los que aseguran haber cosechado información a través de historiadores y de fuentes de la propia UGT, porque su madre “no contaba nada; no quería, porque había sufrido mucho”. Pese a ello, saben que su abuela “era muy respetada en el mundo sindical, aunque aquello le costó la vida”. También que era “muy querida en el Patio Centenero” y que incluso décadas después “la gente mayor hablaba gloria de ella”. Y todo gracias a un carácter de “mandona, luchadora, bregada, que se negaba a que nadie la pisara, y si tenía que echarle narices a un hombre se las echaba”, aseguran tajantes. El premio lo recogerán “con mucho orgullo, porque es una alegría muy grande para todos, un gran homenaje” que resarce aquel pasaje histórico maldito del que, celebran, “está superado porque ahora dan igual rojos, verdes o azules”. La recuperación de su memoria ya comenzó dando nombre a una calle, aunque Francisco lamenta que no se inaugurara con un acto público. Ayer, 24 horas antes de recoger el galardón, no sabía si esta tarde improvisará algunas palabras en nombre de su abuela. “De esto ya está todo dicho”, sentencia.
Cándido Méndez entrega el galardón a las 19:30
UGT se ha esforzado para conceder el máximo brillo posible al acto de entrega del primer premio ‘Antonia Céspedes Gallego’. Para honrar la figura de ‘la Latera’ visitará Ceuta el secretario general del sindicato, Cándido Méndez, que será quien entregue la estatuilla diseñada por los hermanos Pedraja. Será a partir de las 19:30 en uno de los salones del Hotel Ulises. Los nietos de la homenajeada a título póstumo confiaban en la presencia “de las principales autoridades de la ciudad”.
Familiares de Málaga, Granada, Cádiz... y una tía de 100 años que conoce los detalles
Francisco y Manuel recurren siempre a “la tía María” cuando se les pregunta por detalles de aquellos fatídicos días de enero de 1937. Contaba con más de 20 años cuando su madre fue asesinada y, según sus sobrinos, conserva intacta la memoria. “Tiene fastidiadas las piernas, pero la cabeza le funciona estupendamente”, corroboran. Llegará hoy mismo desde Marbella y estará presente en el acto. Era, de la mano de la madre de ambos, la que llevaba la comida hasta la prisión. Como ella, viajarán durante toda la jornada hasta Ceuta familiares desde Arroyo de la Miel, Granada, San Roque... Otros, como una bisnieta que vive en Huelva, no podrá hacerlo por motivos laborales, como un primo de Barcelona que también tenía intención de desplazarse. Con toda la familia unida podrán rememorar tiempos en los que la madre de Francisco y Manuel, huérfana desde hacía ya un buen puñado de años por obra de los falangistas, heredó el carácter de la homenajeada hoy, su progenitora. “Era otra luchadora que heredó el carácter que tenía su madre hasta que la mataron. Trabajaba en la fábrica de conservas, criaba nuestros cochinos y, por si fuera poco, por la noche la veías encalando la casa. No paraba”, reconstruyen. También recuerdan a su abuelo, viudo de Antonia Céspedes, un sereno que trabajaba en Intendencia de noche y al que de día le tocó sacar en solitario a cinco hijos.






