La madrugada del 19 de noviembre de 2017, Thierno Habib Diallo volvió a nacer. Aquella noche, la embarcación que ocupaba con más inmigrantes subsaharianos terminó embarrancando en Santa Catalina. La ruta seguida de Tánger a Ceuta finalizó de una forma dramática, con tres compañeros de travesía muertos.
Hoy Habib mira hacia delante sintiéndose afortunado. La vida le ha dado una oportunidad y ha sabido aprovecharla con matrícula de honor. Lo ha hecho estudiando y formándose hasta conseguir graduarse esta misma semana en Filología Francesa en la Universidad de Cádiz.
Ahora, el sueño de este joven de 27 años, nacido en Guinea Conakry, es opositar para formar parte de la Policía Nacional.
Él es un ejemplo para muchos otros inmigrantes que han pasado por el CETI de Ceuta, porque ha sabido aprovechar sus recursos y ha encontrado gente buena en el camino. La historia de Habib es una de esas que merece ser contada.
Dejó atrás su país “por la difícil situación política que vivíamos. En aquel momento no veía otra opción que buscar un lugar seguro donde pudiera continuar con mis sueños y construir un futuro”, explica en esta entrevista con El Faro.
Su periplo terminó aquella madrugada del 19 de noviembre de 2017, una noche que marcó su vida para siempre. “Llegué a España en una patera después de una travesía muy dura en la que murieron personas. Ha sido una experiencia que nunca se olvida y que cambió por completo mi manera de entender la vida”, recuerda, rememorando un episodio que califica de “horrible”.
Eran 19 personas, incluidas tres embarazadas. Ocuparon una embarcación que parecía de juguete y que horas más tarde volcó en Santa Catalina, dejando los sueños de sus compatriotas truncados.
Habib fue uno de aquellos jóvenes a los que auxilió la Guardia Civil. Estaban desorientados, presos del pánico. Ellos fueron las víctimas de una de las peores tragedias migratorias que se ha registrado en nuestra ciudad.
Su destino fue el centro de estancia temporal. Habib no sabía nada de español. “Aprendí mis primeras palabras en el CETI de Ceuta con Teresa, y también fuera, sobre todo con Maite Pérez, quien, junto con su marido y su hija, me ayudó desde el primer momento. Con ellos empecé a hablar español todos los días y fueron una parte fundamental de mi integración”, recuerda emocionado.
Él tuvo la enorme suerte de encontrarse a personas buenas en el camino, hombres y mujeres que entregan su tiempo a ayudar a quien lo necesita y que se fijaron en Habib, a quien no dudaron en tenderle su mano. A la Península marchó en agosto de 2018, iniciando así una formación que ha culminado con su graduación en la Universidad de Cádiz el pasado 24 de junio.
Habib estudió ESO, superó el Bachillerato y emprendió esta carrera universitaria en un país diferente, con otra lengua y otra cultura. “No ha sido fácil”, confiesa. “Ha requerido constancia, sacrificio, muchas horas de estudio, trabajo y también mucha soledad. Pero siempre tuve muy claro mi objetivo: nunca cambiar el plan y seguir adelante”.
Mientras estudiaba, Habib trabajó en diferentes empleos, lo que dota de mayor mérito a su logro académico. “Primero en los invernaderos de El Ejido, en Almería, donde trabajé de forma irregular, como les ocurre a muchas personas recién llegadas”.
“Después recogiendo naranjas en Sevilla. Más tarde trabajé como camarero en un restaurante del Paseo Marítimo de Cádiz y, actualmente, trabajo como integrador social en un centro de acogida, colaborando directamente con personas vulnerables en CEAR”, concreta.
“Gracias al esfuerzo personal, pero también gracias a muchas personas que confiaron en mí, he conseguido terminar mis estudios de Filología Francesa en la Universidad de Cádiz”. Es el reto conseguido. Este pasado 24 de junio, cuando formó parte de esa ceremonia de graduación con los demás compañeros de curso, estaba escribiendo uno de los episodios más importantes de una vida a la que le quedan muchas más páginas por rellenar.
Habib, humilde y luchador, no olvida a las personas “extraordinarias” que han marcado su vida. Personas que se cruzaron en su camino, que han puesto su grano de arena para que él haya cumplido sus metas.
Tiene palabras para todos ellos. Para Maite Pérez y su familia, quienes le ayudaron en Ceuta. “Más adelante conocí a Beatriz Moreno, de Sevilla, quien, junto a su marido y su amiga Rocío, ha estado presente en muchos de los momentos más importantes de mi vida”.
“También recibí el apoyo de mi jefe del restaurante que siempre facilitó que pudiera compaginar el trabajo con los estudios, y de la familia de mi expareja Yolanda, que me acogió en su casa durante una etapa muy importante de mi vida. Más tarde, mi expareja Elena también me apoyó y me ayudó en mi crecimiento personal y profesional”, confiesa agradecido.
Fueron ellos y muchos más. “Siempre digo que nadie consigue las cosas completamente solo. Yo puse todo mi esfuerzo, pero muchas personas pusieron su confianza en mí cuando más la necesitaba”, expresa.
Habib terminó formando parte de las familias que estuvieron a su lado. Tuvo la enorme suerte de rodearse de personas que “me trataron con un enorme cariño y respeto. Nunca me hicieron sentir inferior. Me trataron como a un hijo, como a un amigo, como a uno más”.
“Quizá por eso nunca me vi únicamente como un inmigrante. Nunca pensé que mi color de piel me definiera. Siempre me sentí igual que cualquier otra persona. Siempre me sentí parte de esta sociedad”, apunta.
“Esa forma de entender mi vida me ayudó a crecer. Mis sueños nunca fueron diferentes a los de cualquier joven español de mi edad: estudiar, trabajar, aportar a la sociedad y construir un futuro digno. Hoy mi siguiente objetivo es opositar a la Policía Nacional para trabajar en el área de Extranjería”, confiesa.
Esa es la siguiente página de su historia vital que le queda por escribir y en la que centra sus esfuerzos.
“Creo sinceramente que mi experiencia personal y profesional puede ser útil. Conozco el proceso migratorio desde dentro porque lo he vivido. Hablo varios idiomas, trabajo actualmente con personas migrantes y entiendo tanto las necesidades de quienes llegan como el trabajo que realizan las administraciones públicas”, explica.
“Me gustaría servir de puente entre ambas realidades: ayudar a las personas que llegan a España a comprender el sistema y, al mismo tiempo, ayudar a la Policía y a la Administración a entender mejor determinadas situaciones culturales, sociales y lingüísticas”, añade.
“España me dio una oportunidad cuando más la necesitaba. Ahora quiero devolver todo lo que este país me ha dado sirviendo a la sociedad desde la Policía Nacional. Porque mi historia no trata únicamente de haber llegado en patera. Mi historia trata de integración, esfuerzo, agradecimiento y compromiso con el país que me permitió empezar de nuevo”.
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