Lo bueno del nerviosismo que genera la publicación de los que irán o no irán en las listas es que ayuda a que salga a la luz el verdadero sentir de unos cuantos que difunden el amor a Ceuta y sólo lo tienen a su cartera. No hay más que analizar las palabras y gestos de quienes dicen sentirse ofendidos o mancillados por habérseles excluido del cortijo o al contrario. Como fundamento ponen por delante la rentabilidad económica, como si las arcas fueran el mercado de turno en el que las acciones se cotizan más o menos. Aquí no se trata de estar en el proyecto Vivas, Carracao o Ali-Aróstegui por amor a la tierra, o por llevar a cabo mejoras e inversiones para las futuras generaciones; aquí se trata de enganchar lo que se pueda y vivir de sobrado los cuatro próximos años. Lo curioso es que quienes integran el crisol de rostros políticos se enojan cuando les recriminas la verdad: que están por garantizarse el potaje. Ese es el mayor grado de hipocresía que uno puede terminar aceptando. Los ajenos al mundo político no somos ilusos y sabemos fehacientemente cómo se mueve la maquinaria y quienes se apegan al poder y por qué. Por eso resulta irrisorio y hasta vergonzoso leer o escuchar los lamentos de quien se siente ofendido o de quien pensó que una vez que entró en el Ayuntamiento había alcanzado un cielo de donde nadie podía echarle.
Levitemos todos, aunque sea para reirnos un poco.
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