Regreso a Ceuta después de 3 días intensos de vigilancia y 4 de correcciones de la PAU.
Ha sido una convocatoria distinta a la selectividad covid y la dificultad se ha notado en las calificaciones. Las pruebas se tenían que ajustar a la LOMLOE y, tanto alumnos como profesores, hemos vivido una época de transición.
Yo soy corrector de Historia de la Filosofía y tuve que corregir 180 ejercicios durante 4 días e ir haciendo cuentas cada noche de los ejercicios que debería tener
calificados contando con el plazo establecido: el tiempo es oro y más en estas lides.
Y así, en un silencio pactado y sepulcral, como los monjes cartujos, pasaban las horas silenciosas de los 14 correctores, el ponente y el secretario.
Se agradecía algún comentario, anécdotas, aclaraciones sobre los criterios, medias cada X exámenes y alguna que otra puesta en común sobre "la Filosofía de la prueba y sus pretensiones académicas a la hora de evaluar las cuestiones”.
El ponente de la materia, Manuel, Sánchez, y el secretario Ricardo de la Blanca estuvieron aclarando dudas para unificar las pautas y buscar la objetividad en una materia que se resiste a una medición matemática.
Poco pudimos compartir en esa sala parecida a un cónclave.

Notas, sumas, alguna que otra anécdota de los ejercicios y poca cosa más. Sí dio espacio para reflexionar sobre qué está pasando en nuestro sistema educativo: notas hinchadas, presiones de alumnos, padres y del mismo sistema para hinchar las notas de una manera ridícula, la libertad amenazada de los docentes a la hora de la calificación y las falsas expectativas de alumnos que son engañados porque la verdad de su rendimiento es revestida con un maquillaje que horadará su piel.
De los colegios privados no tengo conocimiento; me imagino que todo se multiplicará por dos pues " el que paga, manda". Los éxitos académicos de Felipe Juan Froilán de Todos los Santos de Marichalar y Borbón serían dignos de ser estudiados por pedagogos de prestigio.
Demasiada memoria, demasiadas chuletas en forma de pinganillo, demasiados móviles inteligentes, demasiados GPT.
Estas son las asignaturas pendientes de un sistema educativo que acabamos de estrenar.
Una selectividad en la que se mida la capacidad de razonar, la argumentación, el utilizar los conocimientos como herramientas para un aprendizaje basado en un razonamiento que no esté sujeto a recetas que se recitan como el padre nuestro.
Mañana oiremos frases como estas: esa nota es imposible, son unos hijos de.., es injusto, yo hice el examen perfecto..
Y así buscarán universidad. No tendrán nada que temer los alumnos que no tengan ningún problema económicos, todo tiene un precio aunque hay personas que no lo puedan pagar.
Es posible que la Filosofía sea la mano milagrosa que nos haga recuperar la vista.






