Muchas personas rajan cuando llegan a Ceuta sobre las formas que nos tratan en la aduana marroquí. Todos incrementan su malestar cuando salen del infierno donde acaban de estar, sin embargo, todas esas promesas, maldiciones, improperios, solo salen de su boca en el preciso instante que están en suelo nacional.
Una declaración tan bien forjada, por intereses del lejano, y a la vez tan cercano, país alauita, me hizo sonreír y captar, unos intereses muy claros de por qué se va a este lugar.
Desde que me eché una ‘novieta’ en Tetuán, tengo una obligación adicional, que me hace tener que liarme una manta y pensar que todas las manías, despotismos, desigualdades que existen en ambas aduanas, hay que mirarlas con sentido de humor, y capear los vientos.
Muchas veces entran los cabreos, las ganas de no ir más hacia allá, pero nos tenemos que meter esos ímpetus, donde: "amargan los pepinos", y decirnos para nuestra autoestima que cada acción tiene su recompensa.
Pero cuando estoy sereno, entro dentro del carril bueno de nuestra vida, es cuando al no comprender, y desear mis pretensiones, me hago una pregunta que todos nos hacemos, pero que nadie hace público por razones obvias, de ser señalado y lastrado en la persecución, y eso es malo de verdad, al entrar en un país sin ley, pero con muchas cosas que nos pueden conducir a pasarlo mal, en un momento dado.
¿Hacen esto por unas órdenes claras, y unos objetivos, preestablecidos?
Yo siempre he sido de las pautas de: "piensa mal y llegarás a las realidades del futuro".
Hemos estado en la cola desde las diez de la noche y hemos podido cruzar a Ceuta a las cuatro y media de la mañana. ¿Hay derecho a esto?
Me quedé de piedra, solo observaba las reacciones de mi interlocutor, con la cara de felicidad del principio de la declaración y la indignidad que iba subiendo de grados cuando iba su relato adentrándose en las conclusiones: "Yo no vuelvo a pasar hasta que se arregle esto".
Mi pregunta fue obligada: ¿Cuánto durará será eso?
Tengo que sopesar tantas cosas, tantas emociones, tantos intereses encontrados, que no sabría decirte la verdad.
Y creo que ahí está el "quis" de la cuestión, la balanza de lo bueno y lo malo, el ver como hermanos, a aquellos que tienen al otro lado, al doble color de los pasaportes que hay en estos momentos, lo barato de las frutas y verduras, y algo más, como por ejemplo: "el aprovechar, que voy a quitar la carta verde y pelarme allí, traerme la fruta y verdura, y los abios para el futuro Ramadán”.
En fin: "Serafín", que por mucho que mi indignación me haga subir la tensión, venga con ganas de cenar, mear, etc., volveré a Marruecos, Dios mediante, lo antes posible, hay que "cumplir", que me quedan: " dos días en el convento".






