Cuando las miras políticas son cortas y monoculares, quien las ejerce pretende usurpar, a sabiendas, la verdadera realidad plural de una diversidad social como la de Ceuta. Esta exclusiva mirada del árbol excluyendo la del bosque es una peligrosa irresponsabilidad que afortunadamente no pasa desapercibida entre la ciudadanía.
Juan Luis Aróstegui, con su vetusto concepto de propaganda, pensamientos y actuación política, ha ido abandonando la supuesta intelectualidad con la que se autocalificaba, para ir abrazando la ‘reflexión desde las vísceras’, lo que le ha supuesto convertirse en lo que hoy es, un exponente de la generación de odio permanente manifestada con regularidad mediante el insulto constante, el menosprecio habitual y el ataque por sistema contra quienes le impiden alcanzar con éxito su ‘dorada ensoñación’ de manejar por él mismo las estructuras de la Ciudad Autónoma. Se impone psicoanálisis postraumático. Más de veinte años fracasando y haciendo fracasar políticamente a los demás debe de dejar secuelas.
Pues hacia un nuevo fracaso navega junto a su actual formación. Y no lo digo yo, lo dice la última macro encuesta realizada por Sigma Dos fechada en octubre de 2014. Nada menos que el 48 por ciento de los ciudadanos consultados contestaba o confesaba que Caballas o no ayuda a que exista mejor convivencia, o que perjudica a la convivencia en Ceuta. Y focalizando esos datos en los distritos de población mayoritariamente musulmana (esto es el V y VI), los pobladores estimaban en un 45 por ciento que esa coalición “no ayuda o perjudica la convivencia”. Es, por cierto, la única formación política que obtiene esos datos negativos. Tendrán que hacérselo mirar.
El problema de la cortedad de miras es que ejercerla es hacerlo con la mente recortada (alguien dijo una vez que una mente recortada es más peligrosa que una escopeta de cañón recortado).
Esto está ya muy estudiado. La mente se recorta por una ideología que trata de hacer de sus valores e ideas un ‘collage’ con el que se pretende cubrir a una sociedad con la tela tejida para la ocasión, que en realidad es más amplia, diversa y plural. Todo sea por crear así una ilusión temporal que procure rédito electoral.
Tratar, como hace Juan Luis Aróstegui, de soliviantar a los desfavorecidos y a los débiles (que merecen, como así es, toda la atención de las administraciones públicas), con una gran carga de demagogia en su propaganda para obtener seguidores es una vieja práctica diseñada en su día por Goebbels, el ideólogo del nacional-socialismo, quien afirmaba que “el fanatismo es una manera de que los desfavorecidos y los débiles se alcen”.
Ceuta es tierra de acogida y el que aquí llega encuentra su hogar, cierto. Pero el que llega se adapta, la aprecia y la conserva. La hostilidad, de haberla, la percibe quien quiere imponer y avasallar. Pero sólo es una percepción del que llega imponiendo y avasallando. O peor aún, es el mensaje destructivo que quieren hacer calar en una parte de la población para generar la insatisfacción de ésta y focalizar la culpabilidad hacia la otra parte promoviendo la beligerancia de unos contra otros.
Sostener aquello de… “si no puedo, no me gusta lo que hay, o no logro llegar a lo que quiero, lo destruyo”, no es nuevo. Ya lo hizo Nerón con su Roma imperial.
La convivencia en Ceuta es y debe ser tan importante que personajes como Juan Luis Aróstegui vienen demostrando que sobran en la política al querer infligir en la sociedad ceutí una peligrosa brecha apuntando a los unos contra los otros.
Son evidentes sus muestras palpables en cada escrito y en cada frase dicha, lo que me trae puntualizar una de ellas. Francisco Antonio González Pérez no se siente amenazado ni tiene miedo. Sin embargo, el nada empático Juan Luis Aróstegui, se muestra incapaz de analizar los efectos que sus dislates pueden provocar en los entornos familiares. Consecuencias, que de haberlas, serían negadas con la cobardía habitual de quien esconde la mano tras tirar la piedra.
Sin embargo, quien debe sentir ese miedo es el que intenta poner en el punto de mira a algunos para que otros fijen objetivos. Y en el ejercicio de señalar, Juan Luis Aróstegui ha dejado, negro sobre blanco, claras muestras.
“Una mentira repetida mil veces se convierte en realidad” (Goebbels). Cuando él dice que yo protagonizo una cruzada contra lo musulmán, miente descabelladamente a sabiendas de que miente. Pero insiste en la mentira lanzada públicamente. Vuelve aquí a seguir a pies juntillas el ideario propagandístico.
Enemigo de Ceuta es quien practica la división, quien fomenta entre los unos la ilusa y falsa sensación de impotencia frente a los otros. Enemigo de Ceuta es quien emplea verborrea demagoga e irresponsable. Ese histórico ejercicio político es el que lleva al ‘ciudadano Juan Luis’ al permanente fracaso para él y para quienes le rodean, algo que ya ha calado en su nueva formación y viene provocando serias desavenencias internas.
En general y como norma de conducta, si los discursos filosófico-políticos se vuelven incongruentes con la vida y trayectoria personal, la credibilidad pierde todos sus enteros. En realidad, con este personaje, intento hacer siempre un sano ejercicio de empatía y de reflexión. Debe ser muy difícil convivir con uno mismo cuando lo que se vive es una constante contradicción.
Si hacemos un repaso histórico de la evolución de su pensamiento, sus frases (escritas o dichas) comprobamos y percibimos un poso de intolerancia hacia la sociedad que no le valora por lo que sólo él se cree que vale… y nos tiene ya muy hartos.






