El IES Luis de Camoens alzó su voz contra la violencia en las aulas. La falta de respeto gravísima de un alumno hacia una de las profesoras superó todos los límites forzando no solo a una intervención policial sino también a que una representación de la comunidad decidiera visibilizar el hartazgo que tienen quienes representan la autoridad en las aulas concentrándose a las puertas. Una autoridad cuestionada con gestos de este tipo.
Los profesores no son los padres de un alumnado que tiene que acudir a su centro con unos mínimos de educación y comportamiento. Los problemas de una familia por controlar a su hijo no pueden desencadenar en comportamientos violentos que terminen sufriéndose en los centros escolares sin que existan medios para parar esto.
Si son incapaces de controlarlos, no pueden esperar que los profesores se conviertan en sus padres porque no lo son.
El alumno que se encaró con una profesora, le insultó, rompió su material y chuleó a quien representa la autoridad delante de los demás niños, arrastra un cúmulo de expulsiones y malos comportamientos en otros centros.
El Ministerio debe disponer de medios para que personas así no terminen siendo una especie de peonza que va de centro a centro alterando las rutinas educativas y dando mal ejemplo a otros alumnos buscando la empatía en lo negativo.
Los profesores no pueden toparse con esas situaciones extremas ni los institutos a donde acuden nuestros hijos a estudiar y formarse puedan ser pasto de este tipo de violencia. El profesorado está harto y con razón. La concentración de ayer no puede quedar en una noticia pasajera, debe provocar una reacción con soluciones inmediatas.
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