Un círculo señala al entonces teniente Francisco Rosaleny Jiménez. En el centro, el capitán Palacios, y a su lado el alférez Castillo, una vez liberados y a bordo del buque Semiramis
No estoy seguro del tiempo que este artículo fue publicado en El Faro de Ceuta, pero lo hago hoy de nuevo ante lo que he leído en algunas publicaciones en las que dicen que la masacre del 23 de noviembre de 1957 se evitó por una confidencia que le comunicaron al capitán Emilio Rosaleny de Tiradores. Como el gran escritor Camilo José Cela dijo, a las cosas y a los hechos hay que llamarlos por su nombre. En este caso, la confidencia de un cabo banderín de Tiradores de Ifni le fue comunicada al entonces teniente Francisco Rosaleny Jiménez, el cual inmediatamente se presentó en el Estado Mayor del Gobierno General de Ifni, comunicando dicha confidencia del cabo musulmán. En este artículo consta la declaración jurada del entonces teniente Rosaleny donde aparece lo que comunicó dicho cabo musulmán de un ataque inminente.
El cautiverio del entonces teniente de Infantería Francisco Rosaleny Jiménez fue tan cruel en el trato como con todos los prisioneros españoles por parte del ejército ruso, tal como lo refleja quien fue oficial del Ejército Republicano, alistándose a la División Azul con idea de pasarse al ejército ruso por lo que él creía en sus ideas de comunismo, y tras 11 años de cautiverio así lo dejó escrito: “el haber vivido en estado puro lo que sufre el pueblo ruso, si por algo tuviera que volver a luchar y poner mi vida en juego, seria para luchar contra el comunismo y contra el daño que hace a los pueblos”, Julio Jiménez Gómez, fallecido el 15 de diciembre de 2004 a los 85 años.
Allá por el año 1973 cuando leí el brillante historial del entonces teniente coronel Francisco Rosaleny Jiménez, había conseguido el destino en el Ministerio del Ejército y me presenté para tener el honor de conocer a un heroico soldado. Su presencia me emocionó, pues estaba ante un hombre sencillo, humilde, campechano y con una sonrisa que expresaba su bondad. Durante casi una hora estuvimos hablando de su vida militar y nunca hizo alarde de poseer ningún mérito, y nada menos que estaba ante un héroe de tres guerras. En su cuerpo tenía tres heridas, alguna de arma de fuego, otras de bayoneta y una de ellas de un culatazo de pistola en la cara de un soldado soviético. Finalmente fue condenado a tres penas de muerte en la Unión Soviética.
El 10 de febrero de 1943 el entonces teniente Francisco Rosaleny estaba destinado en el sector de Krasni Bor (Bosque Rojo), al mando de la 3ª Compañía del 1º Batallón del Regimiento 262, mandando accidentalmente dicha compañía por ausencia del capitán. En la madrugada de dicho día se desencadenó una fuerte ofensiva de fuerzas rusas, las cuales lograron romper las líneas del Regimiento 262 de la División Azul. La compañía del teniente Rosaleny, reforzada por una sección de Ametralladoras, lograron contener el fuego enemigo. A continuación, las fuerzas españolas en una heroica defensa llegaron a la lucha cuerpo a cuerpo con la bayoneta. El combate fue de tal dureza que de los 150 efectivos de la compañía del teniente Rosaleny solo quedaron presentes 10 soldados, el resto muertos y heridos.
Agotadas todas las municiones, las tropas rusas lograron ocupar las posiciones españolas siendo hechos prisioneros el teniente Rosaleny y el resto de los soldados. De aquí serían trasladados junto con otros españoles a campos de concentración, donde en el cautiverio de once años y medio sufrieron un cruel trato de agresiones, amenazas y toda clase de insultos, algo impropio de un estado que pregonaba los derechos humanos.
A pesar de sufrir durante los 11 años de cautiverio un trato inhumano y de hasta violencia física y castigos, el teniente Rosaleny y resto de prisioneros españoles lograron mantener la moral alta y enfrentarse alguna vez con valentía a los guardianes rusos.
Sobre la muerte del teniente Rosaleny obra en mi poder un documento de la Comisaría de Guerra del Ministerio del Ejército, nº 7081 de 10 de noviembre de 1944 don- de le comunican al entonces coronel Francisco Rosaleny Burguet que, en el libro de bajas de la División Española de Voluntarios, consta que el teniente Francisco Rosaleny Jiménez falleció el 11 de febrero de 1943. Lo firma el coronel de Estado Mayor Manuel Estrada.
Once años y medio estuvieron prisioneros en varios campos de concentración el teniente Rosaleny, el capitán Palacios y el alférez Castillo Dichos oficiales y soldados, a pesar de los tratos vejatorios y arrestos, jamás claudicaron, al contrario, con fuerza y valentía y el alto honor resistieron. Y, por fin, el 2 de abril de 1954 embarcaban en el puerto de Odesa en el Buque Semiramis fletado por la Cruz Roja, en el cual viajaban 280 prisioneros españoles, entre ellos algunos marinos y pilotos españoles que habían sido retenidos por los soviéticos. Finalmente, el Semiramis atracaba en el puerto de Barcelona, donde se puede afirmar que el teniente Rosaleny había resucitado.
Años más tarde, el Boletín Oficial del Estado publicaba el 3 de noviembre de 1968 en el nº 247 la concesión al entonces comandante Francisco Rosaleny Jiménez de la Medalla Militar Individual como recompensa a su heroica actuación en el combate del 10 de febrero de 1943 en Krasni Bor.
Tras su ascenso a capitán, Francisco Rosaleny Jiménez solicita voluntario destino al Grupo de Tiradores de Ifni, haciéndose cargo de la 3ª Compañía del Tabor, el cual lo mandaba el entonces comandante José Espejo López, gran amigo mío y fallecido de general de Brigada.
El 21 de noviembre de 1957 el capitán Rosaleny recibió en su casa por la tarde al cabo Banderín de su compañía un musulmán nº 3651, el cual le comunicó que su mujer había oído a unos musulmanes de las Bandas Rebeldes que tenían previsto en la madrugada del 23 de noviembre atacar el polvorín y entrar en Sidi Ifni en los domicilios de los oficiales y mandos y pasarlos a cuchillo.
Inmediatamente el capitán Rosaleny, en compañía de su hermano también capitán se trasladan a presencia del coronel-jefe del Grupo y del teniente coronel-jefe de Estado Mayor, por lo que se dio la orden de acuartelar a toda la guarnición, con lo que se consiguió neutralizar el ataque del enemigo. A pesar de ello, costó dos muertos, un soldado de Artillería, el centinela del polvorín José Rico Castelao, y un caballero legionario Paracaidista, además de varios heridos.
Años más tarde, en reconocimiento a su brillante historial, Francisco Rosaleny Jiménez era ascendido a general de Brigada de Infantería, con cuya muerte se cerraba un capítulo de heroísmo de este brillante soldado. Aunque goza de la paz eterna, su vida hace realidad la cita de este intelectual: “los individuos mueren, pero todas las verdades que han pensado y las cosas buenas que han llevado a cabo no se pierden con ellos. La humanidad los recoge y los hombres que pasan sobre su sepultura las aprovechan”, Giuseppe Mazzini, político y pensador italiano.
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