Hay ocasiones en las que la línea que separa la vida de la muerte es demasiado frágil. La balanza puede inclinarse a uno u otro lado en cuestión de segundos. Eso es lo que ha pasado esta noche en el Tarajal. Un inmigrante marroquí que cruzaba a nado a Ceuta ha estado a punto de morir ahogado.
Lo ha impedido la Guardia Civil, en concreto los agentes del Servicio Marítimo que se encontraban operativos en ese preciso instante y en ese punto, en plena frontera sur.
Su intervención rápida ha evitado una tragedia en una jornada especialmente dura en la que la Guardia Civil ha tenido que sacar del agua a 3 jóvenes muertos. Tres vidas perdidas que podían haber sumado otra más.
No ha sido así. La vida ha vencido a la muerte en esa carrera llena de baches.
Los agentes del Servicio Marítimo que estaban operativos sacaron rápidamente al joven del agua nada más verlo en serias complicaciones. Le practicaron la RCP en la propia patrullera para que sacara toda la que había ingerido.
Una reanimación que fue clave para recuperarlo y trasladarlo a la base ubicada en el puerto pesquero.
Cuando los agentes lo sacaron del mar estaba prácticamente ahogado. Esas maniobras para sacarlo adelante fueron vitales.
Carreras, llamadas, movilizaciones de todos los agentes para apoyar… así hasta la llegada de una ambulancia del 061 cuyos sanitarios pudieron verificar el estado del joven, procediendo a su traslado al hospital ya estabilizado. Allí, le protegieron con una manta térmica.
El nadador llevaba traje de neopreno y a duras penas podía mantenerse en pie, necesitando del apoyo de otros integrantes de la Benemérita.
Esta noche la Guardia Civil le ha ganado la batalla a la muerte. No siempre es fácil, sobre todo en una frontera sur que se ha llevado ya demasiadas vidas.
La presión de nadadores es constante. Se abren tanto en sus rutas que el cansancio les vence, por eso muchos cuando llegan a la orilla ya no pueden más y fallecen afectados también por el frío, entregados a una hipotermia demoledora.
La ruta del espigón es de las más peligrosas porque quienes buscan el pase a Ceuta apuestan todo a una sola carta y esa puede resultar la peor de todas.
A las 30 muertes registradas ya este año se añaden los desaparecidos. Son muchos, sobre todo jóvenes y niños. Esa es la auténtica desgracia que se da en una frontera sur vigilada a diario por la Guardia Civil y, a diario también, tensionada por una inmigración constante que no cesa, que no se detiene.
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