El riesgo derivado de la acumulación de cientos de personas desde primera hora de la madrugada provocó que se cerrara la frontera y que acudieran hasta el lugar no solo las unidades de antidisturbios de la Guardia Civil (GRS) sino también la UPR de la Nacional. Al lado marroquí acudían diversas furgonetas con agentes de contención de masas para evitar avalanchas dramáticas que, vista la situación, podían generar muchos heridos.
El cierre del ‘Tarajal II’ ejecutado por Marruecos ante la inoperatividad de las naves lleva a los porteadores a bloquear la frontera, durmiendo incluso allí para intentar, como sea, acceder a la ciudad. No les dejan porque tanto la Policía marroquí como la española impiden su entrada. Esto deriva en que los propios camalos hagan lo propio con todos aquellos que quieran pasar a Ceuta: trabajadores transfronterizos, escolares, turistas, comerciantes, grupos de personas que vienen de paso para salir a la península utilizando nuestra vía, compradores... Todos quedan atrapados en una auténtica ratonera en la que impera el caos porque en Marruecos no existe filtro alguno y porque los propios porteadores llegan a generar agresiones para dar pie a una problemática mucho mayor que está terminando por afectar a toda la ciudad.
Los porteadores que consiguen su entrada a Ceuta cargan bultos en las consignas, sobre todo mantas, a las que buscan después dar salida por la propia frontera del Tarajal. La situación de colapso y aglomeración de personas degenera en avalanchas. El pasado jueves la Guardia Civil tuvo que contener varios intentos y durante toda la semana, incluidos sábado y domingo, las retenciones fueron superiores a tres horas.
Las consecuencias de todo esto son desastrosas para la ciudad y se traducen en duras críticas a ambos lados de la línea fronteriza. Es de tanto peso la importancia para el resto de Ceuta de todo lo que tiene su origen en la frontera que esta situación se ha convertido en un problema clave, de importancia destacada. No obstante ayer no hubo valoración oficial alguna de las administraciones competentes. En el lado marroquí se quedaron todas las personas que querían acceder a Ceuta, sin éxito, sin garantías, sin saber si hoy se repetirá la misma escena, sin saber qué soluciones se depararán porque nadie habla de cuál será el futuro inmediato.
Los GRS de la Guardia Civil así como la UPR fue comisionada a la frontera ante el temor de que pudiera generarse algún altercado mayor debido a la acumulación de personas en el lado marroquí. De hecho a modo de prevención se optó por el cierre de las puertas de la frontera durante prácticamente toda la mañana. Por la tarde, aunque se retomó cierta normalidad, siguió habiendo retenciones masivas y el tráfico era complejo.
Un género que, a pesar de que también lo trabajan alguno de los empresarios ‘de ley’, está en manos de personas cuyas caras son desconocidas para los comerciantes ceutíes. Estos forasteros dirigen el cotarro y, con el estilo del ‘planto’, dirigen a las mujeres hasta donde puedan cargar y hacia dónde tienen que ir para abandonar los polígonos rumbo a la frontera del Tarajal. Porque, aunque los controles en frontera son exhaustivos, los porteadores siguen entrando en Ceuta.
La manta vuelve a resurgir como el porte más atractivo para ‘camalos’ y ‘mulas’ por el valor de la comisión: de 200 a 300 dirhams por paquete, mientras que un empresario que satisface sus obligaciones tributarias solo puede dar 100. Es decir, pese al cierre de las puertas de los polígonos para exigir a las autoridades el final de las consignas irregulares, el comercio transfronterizo tiene una capacidad de adaptación a las nuevas circunstancias que, nuevamente, perjudica a los empresarios, como reconocen ellos mismos.
En la última época del Biutz, la manta sacó fuera del circuito productos como calentadores, calcetines, guantes, plantillas, papel de aluminio o alimentación. Los empresarios, ya entonces, protestaban porque ningún porteador quería cargar sus paquetes aunque tenían clientes marroquíes que adquirían cajas y cajas de sus productos. Con la apertura del ‘Tarajal II’, la manta murió en favor del bulto de confección que conllevaba comisiones para el porteador de entre 500 y 600 euros al albergar artículos más caros, como ropa. Eso hundió aún más al resto de negocios.
Sin embargo, esas líneas de negocio que dañan a los establecimientos legalmente establecidos esconden algo más que elevadas comisiones para los porteadores. Los empresarios de los polígonos aseguran que dentro de los bultos tanto de confección como de mantas se han hallado teléfonos móviles, dinero y sustancias estupefacientes entrando en territorio marroquí.
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