Tras el resonado éxito del anterior artículo sobre las frases típicas de Ceuta, haré una especie de trilogía habida cuenta que quizá no cabrán todas en un folio.
Con esto de las nuevas tecnologías y los avances digitales he podido entablar conversación con muchos caballas dispersos por la geografía nacional y la respuesta en los audios de WhatsApp era la siguiente: “que alegría escuchar hablar a un caballa” así como otros conocidos que me han visto en programas y me han dicho: “tienes el habla de la gente de Ceuta”, no hay mejor piropo para un ceutí que le digan que habla como siempre nos han querido por donde hemos pasado, con esa matrícula que ponía Ceuta.
“¡Rayo encendío¡”, frase acuñada por mi abuela Anica cuando hacíamos las cabriolas populares a la hora de cenar, con la frente encendida de mi hermano Juan Carlos dándole bocados al hule descripción del mantel de plástico de la mesa.
Javier vete a la Cantina a complar raciones de pulpo en “bayonesa“, porque se cambió la mayonesa por la del barón del plato, cuchillo y tenedor.
Vete a correos y un compañero de jovencito se fue al muelle comercio, esperando al Virgen de África, el jefe decía a los demás empleados cuanto tarde fulanito en venir con el paquete de correos, se quedó a ver como bajaban los paraguayos a enfilar Villatoro con las matuteras, las mujeres que llegaban con la bata puesta, las zapatillas a comprar la radio “Toba”, jabón lifeboy, el queso de bola, el chocolate Rilcoh y la mantequilla Breda.
Te voy a dar una “escarda“, frase que te daba el más fuerte de la pandilla a quien sacaba los pies del tiesto, si a esta le acuñamos que al llegar a casa, la abuela si tenía que acogerte en casa porque tu madre había parido otra vez y te veía llegar hecho un “guiñapo“, te decía te voy a dar una “capuana“, “mala follá“ y si salía corriendo y no le hacía caso, escuchaba “malas puñalás te den“.
Cuando íbamos vacilando al pantano, frase que nos decían las chavalas al pasar haciendo el caballito con la motoreta, si seguíamos haciendo derrape escuchamos al final “joioporculo el guaje que lleva“.
Llegaba el verano y nos pusimos a coger las “toballas“, el bronceador que a todos con las ganas de tirarse al agua en la Peña, salíamos todos como un “sarmonete vuelta y vuelta“, en las piruetas marinas nos hacíamos “ahogaillas“ y “cambuzás“.
Llegaba el domingo para ir al matinal, al cine África donde los suspiros de amores pubertinos nos hacían tambalear la chaveta viendo que tu amiga estaba en platea y tu que tenías butaca club al final cruzabas las manos y besos robados cerquita de la pantalla.
Zapatos punteras, peinado para atrás le cogíamos la brillantina Lucky a nuestros padres y de paso unos golpes de Agua Brava para así oler a hombre y ligar mejor.
Ponerte el mani de Jean Paul Belmondo como la película “Pánico en la ciudad“ y unos pantalones negros apretados para dártelas de macho duro.
Niño tomate un vaso de leche Carnatión, que luego te vas a beber una copita de Kina San Clemente que si compras otra botella, te regalan el “kinito“.
A ese niño le hace falta “calcio“ y te cogían en el patio de la abuela y te daban una cucharada de “calcio 20“.
Por la ventana de algún vecino se escuchaba mañana no trabajo, “me voy a purgar“ se escuchó ayer en la Farmacia de Doña Elena, dame una botella de Agua Carabaña.
Zarpa la volaera, arría la carná, tuti contenti, martín martín y la hermandad del puño, frases de barra de bar cuando el camarero te decía venga déjate caer y paga la convidá o cuando alguno se hacía el remolón y era más agarrao que un chotis.
Pepi la der pulisia sale retratá en “er Faro“ se va de viaje por España y van a coger el Portillo de Málaga, han montado una “tienda de indios“ y se están hinchando de ganar a “espuertas“ los buenos dineros y van a poner un piso “por to lo alto“.
"Quillo cállate ya que vas a tener la muerte del loro“, frase bronquista cuando esos derbis del Estrecho y la afición la tomaba con alguno que tenía picota, o que es lo mismo mucha nariz, otros personajes eran presa de las iras de los espectadores, uno con unos soplillos brutales que parecían un Okapi, le dijeron “quillo venga ya que pareces un Seat 600 con las puertas abiertas“.
Para finalizar para la próxima entrega no podía olvidar una frase que nos acompaña a los que estuvimos en el bazar en los ochenta, nos llegó una matutera muy espigada ella y nos dijo, ¿niño puedo hablar?, y le dije si dígame señora:
Y me dijo márcame el once quince, cuando se daba por hecho que había que marcar el 51 y que no se añadía el 956, continuará.