Otra inmersión casi imposible por el viento y la corriente, nos vuelve a situar en Pechiguera, después de pensarlo muy bien, nos lanzamos a una nueva brava experiencia eólica, en un mar muy feo, sin saber con certeza si se podría realizar el trabajo encomendado.
Está siendo un año muy duro de borrascas y fenómenos atmosféricos adversos, trabajar en el mar es muy aventurado, y solo es posible, aprovechando las pocas ventanas de reposo entre estos continuos vendavales. Las caídas en profundidad de esta zona son más potentes, y no hay tiempo de disfrutar de la bajada en calma, un acantilado escalonado prácticamente nos absorbió en su pendiente, y en pocos minutos, ya estábamos a más 70 metros.
La primera impresión que tuve, fue inmediata, la coloración variable de los corales negros de la especie Antipathella wollastoni me dio en la cara, como un guante arrojado que me retaba a batirme por el honor del saber científico.
En estos fondos mesofóticos, se está en constante sobresalto exploratorio y de descubrimientos, está todo por hacer en la exploración biológica, queda tanto por descubrir!!!!, solo hemos hollado una pequeñísima parte del territorio marino y nuestras conclusiones son muy pueriles y poco maduras.
Todo esto puede pasar por la mente de un naturalista científico cuando se encuentra con estas diversas realidades, prácticamente en cada inmersión. Con claridad se distinguían distintas variedades en los corales negros aludidos, una muy clara, blanquecina y tonos color carne, me recordó mucho a las colonias de Cabo Verde.
Otras dos son las más corrientes de observar en Canarias: la variedad marrón verdoso con tonos ocres, y sobre todo, la variedad ocre intenso, que es la más característica en el archipiélago. Me enamoran estos plumeros de brillantes colores y vaivenes siguiendo las vías invisibles de las correnteras. Rápidamente, tomamos las muestras pertinentes para hacer comparaciones de las variedades detectadas en la inmersión, contando con las técnicas de estudio morfológicas y también con las moleculares.
Otra característica de este fondo era la gran cantidad de algas calcáreas incrustantes, imprimen una fuerte personalidad al paisaje ecológico rocoso, pues todo queda salpicado de sus manchas rosadas y violetas. Otro tipos de manchas rojas, pardas y azuladas, se convierten en esponjas cuando nos acercamos a verlas en detalle, no faltan los crecimientos del alga verde Palmophyllum tan característica del mesofótico.
Las algas pardas (Halopteris y Zonaria) también tienen su sitio entre todo este conjunto mágico, tan bien caracterizado por esponjas ramificadas, que van acompañando indefectiblemente a los bancos de Antipathella wollastoni a lo largo del archipiélago, creando un precioso micropaisaje teñido de intenso color limón: son los lechos de esponjas amarillas. Algunas esponjas son bastante atrevidas, y se lanzan a la colonización, del sustrato despejado de pólipos, de algunas ramas muertas de A. wollastoni, la más llamativa que vemos en estos lares, es una especie del género Phorbas. No podemos evitar pensar en estos recubrimientos, como brillantes adornos que las sirenas usarían para rematar sus largas cabelleras. Que distinto es el fondo de la superficie hoy, tan batido y desapacible, aquí reina la calma necesaria para aprovechar el escaso tiempo de permanencia.
Estos acantilados sumergidos son palacios rocosos llenos de recovecos y torreones donde se enseñorean algunas bioconstrucciones coralinas. En estos remates pétreos lucen los candelabros de Dendrophyllia ramea, como símbolos de homenaje a tan insignes fortalezas volcánicas.
A ellos se asoman los vigías atentos, nubes de pececitos rosados, tres colas o Anthias inmortalizados por Claudio Eliano en su historia de los animales, que nos siguen atentos y lo cubren todo con su armonioso movimiento casi imperceptible. La fortaleza, sería un apropiado nombre para estas lavas conmovidas por el encuentro inevitable con el mar.
¿Cuantas alcazabas ocultas en el mar hay en Canarias?, tantas que no podríamos saberlo sin empeñar muchas vidas dedicadas en exclusiva a la exploración submarina. Mientras subo, voy pensando en lo observado, me invade un desesperado intento de retener todo lo posible dentro de mi mente, y sobretodo en mi alma, para contarlo y describirlo.
Las imágenes captadas servirán de testimonio notarial imprescindible, para construir esta aproximación científica a las realidades que vemos en las exploraciones.
No obstante, no hay nada que la ciencia pueda llegar a captar con absoluta fidelidad, pues es solo un método que nos va llevando inexorablemente a otros análisis, a otras preguntas, y a otras pesquisas. La propia materia es inescrutable de forma absoluta y va sorprendiendo con cada nuevo hallazgo de la física de partículas, que abre un universo de posibilidades imposibles de explicar sin un plan maestro establecido. Los ajustes finos del Universo, y de otras disciplinas científicas como la biología (merece un capítulo aparte), deja sin muchos argumentario positivista a los enemigos de la idea de un Creador.
Ni el materialismo dialéctico de los bolcheviques, ni tampoco el horror del sistema supremacista de los nazis, estaban dispuestos a admitir un Universo finito y con un origen establecido y cifrado en miles de millones de años. Pretendieron dejar a Dios quedó fuera de la ecuación por la sinrazón fanática y totalitaria del siglo veinte, a pesar de las pruebas contundentes de la cosmología, amparada por diferentes ramas de la física, y por un sólido sistema de matemáticas que lo demostraba paso a paso. Einstein no solo era un genio de la ciencia, también le interesaba conocer algo del pensamiento del Creador y su plan para la materia, el tiempo y el espacio. Uno de sus alumnos, encuentra la misteriosa constante de estructura fina que regula el comportamiento de la fuerza electromagnética, “si el número 1/137 fuera ligeramente superior no se podría distinguir la materia de la nada”, son palabras de su genial descubridor Max Born.
Para el investigador esta constante, no puede darse por azar, sino que la explicación de este número debería ser el problema central de la filosofía natural. Este y otros muchos ajustes, responden a una estructura organizativa del Universo muy atenta y fina hasta los mayores detalles. Al menos, algunos científicos alemanes pudieron salvarse milagrosamente. No fue menos dramático para los rusos que cayeron bajo el peso del puño de Stalin, fueron los trabajos de Friedman y sus alumnos, especialmente Gamow, los que descubrieron el origen del Universo en base a las ecuaciones de Einstein. Gamow calcula la radiación de fondo liberada desde el comienzo de la creación y lo recopila en su libro “La Creación del Universo”, Georges Lemaître, un sacerdote y brillante cosmólogo calculó la expansión del Universo y posteriormente postuló que todo provino de una enorme explosión que dio lugar al tiempo, la materia y el espacio desde un diminuto punto. Esto fue comprobado cuando detectaron con la mayor antena direccional de la época la mentada radiación de fondo. Fueron tillados de traidores a la causa de los trabajadores y alineados con la iglesia católica, lo cual era falso. Y a los alemanes de pro-judios y enemigos del progreso ario. Se habla de física judía y de pura física aria.
La locura colectiva estalla y la apisonadora de la sinrazón llena los campos de concentración y los gulags. Y por si fuera poco, brillantes y ateos científicos, se unen a la batalla contra una teoría que es en términos cosmológicos, el “bíg bos” . Todos estos datos históricos, son una seria advertencia para los que sin mucha reflexión deciden seguir corrientes populistas.
Así el hecho científico, aunque lejos de explicar al Creador, si que nos ayuda a plantear cuestiones que no tienen respuesta en el azar, sino solo en un plan maestro establecido. La explicación sensata, es la trascendencia espiritual, y la respuesta plausible, la humildad ante tan maravillosa creación.
Al igual que otros científicos arrobados por esta magna obra natural, llena de leyes y secretos indomables, debo concluir, que a pesar de la pasión que tengo, por el conocimiento cierto y contrastado de las realidades naturales observables, me parece mucho más lúcido y humano, simplemente disfrutar, de todo el amor y la bondad, que estos cuadros de naturaleza sublime despiertan en mi corazón. Y por supuesto, poder contarlo y cantar sus maravillas. Por eso deseo continuar viajando, siempre que sea posible unido a mis queridos amigos de exploraciones, a lugares diferentes, en los que poder contrastar estas realidades naturales, y disfrutar de mi pequeñez científica llenándome más de amor, humildad y compasión.
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