Para conseguir cambiar esta mentalidad, el Centro de Inmigrantes de San Antonio celebró ayer una charla para concienciar sobre la violencia de género y la igualdad de derechos que debe primar en cualquier sociedad. “Han venido más inmigrantes que mujeres porque es un tema que les interesa y este es un problema que tenemos en nuestra sociedad y que tienen que conocer y adaptarse porque van a vivir aquí en España”, explica Maite Pérez, coordinadora del Centro del Proyecto de Inmigrantes. Cultura y religión juegan un papel determinante en el concepto de estos inmigrantes que, durante toda su vida, han visto como algo habitual la superioridad del hombre sobre la mujer. “Ellos mismos reconocen que esto es así, pero también son conscientes de que están en otro país y que, aunque hayan sido educados en esas ideas, saben que ahora no tienen por qué actuar de esa manera”. Al taller asistieron unas 20 personas, de las cuales sólo tres fueron mujeres y el resto hombres, además de tres menores (dos niñas y un niño de origen marroquí). Es precisamente a edades más tempranas cuando es más fácil actuar sobre actitudes de carácter machista o violentas contra la mujer. Es por eso que el Centro trabaja con menores con los que se realiza un doble trabajo, tal y como apunta Pérez, “ya vienen bastante machacados, por lo que además de sensibilizarlos también intentas curarlos porque detrás de ellos hay historias de las que sólo nos cuentan una parte”. Una de las jóvenes participantes en este taller, procedente de Marruecos, mostraba su entusiasmo por este tipo de cursos, “es importante que el hombre sepa que no debe ser violento, porque muchos se creen superiores ya que así lo obliga su religión”. Para la monitora del curso, la colaboradora de Mujeres Progresistas, Estefanía López, es necesario entender la cultura de la que proceden estos inmigrantes. “Si ya es difícil en nuestra sociedad luchar y trabajar en temas de coeducación desde muy pequeños, es muy complicado hacerlo con un colectivo que viene de una cultura que tiene muy arraigada que el hombre es superior a la mujer y así lo aceptan porque dicen que así viene en su religión”. Afortunadamente, el curso ha dado sus primeros frutos y, según apunta López, a excepción de una o dos personas, el resto de los asistentes entienden que esta igualdad debe ser una realidad en sus vidas.
Sánchez Miaja: “El violento tiene que tratarse psicológicamente a lo largo del tiempo”
Este taller se enmarca dentro de las actuaciones acometidas por la asociación de ‘Mujeres Progresistas María Miaja’ para la prevención de la violencia de género en centros como la prisión, Centro Asesor de la Mujer, CETI o institutos. “Pensamos que sería positivo elegir también a hombres para que se hagan a la idea de que tanto ellos como nosotras somos iguales”, aclaraba la presidenta de Mujeres Progresistas, María Sánchez Miaja. Los participantes de estos cursos se suelen concienciar de esta problemática, aunque como asegura Miaja, “la violencia de género no se trata en uno o dos días, porque el hombre violento es una persona, entre comillas digamos, enferma y tiene que ser tratado psicológicamente a lo largo del tiempo. Entre los próximos proyectos de la entidad se encuentra la visita de UNAF, Unión de Asociaciones Familiares que abordará, entre otros, el tema de la ablación coincidiendo con la nueva ley que lo considera delito en nuestro país.
Oussmam Mohamed Mauritania. 19 años
La educación que ha recibido en su país deja a las claras la necesidad de realizar este tipo de cursos porque Oussman Mohamed, con tan solo 19 años, considera que hombres y mujeres “son diferentes. El hombre siempre está arriba y la mujer abajo”.
Félix Congo. 25 años
Reconoce que se siente a gusto en este curso y que, desde su llegada a nuestro país, ha comprobado que “aquí los hombres y mujeres son iguales”. En su país no es así, ya que el machismo y la violencia son actitudes habituales en países africanos, pero parece que cursos de esta índole consiguen su objetivo, “quiero cambiar de forma de pensar”.
Oussmam Diallo Guinea Conakry. 20 años
Al igual que el resto de sus compañeros, Oussman Diallo ha recibido una educación en la que la religión ha marcado su visión sobre la mujer. Pero en su caso, y pese a reconocer este hecho, el joven asegura “que no tiene que haber diferencia entre los dos”.
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