La edición número 41 del Festival Flamenco de Ceuta se celebró anoche en el Teatro del Revellín en un espectáculo hermoso que sirvió de homenaje a la figura de Antonio Gil Barroso, el ‘Niño de San Amaro’
El color verde de las butacas de madera, la luz parpadeante, el 'quejío' en el taconeo sobre la tarima, ese duende que no se puede explicar, todo, absolutamente todo de cuanto flotaba en el ambiente del Teatro Auditorio del Revellín, desde las 21:30 horas, cuando dio comienzo la edición número 41 del Festival Flamenco de Ceuta, hacía sentir en el corazón del respetable que seguía cada actuación una inmensa emoción por un arte tan hermoso como lo es el flamenco.
Más aún cuando al cante de los artistas y a la dulzura con que sonaban las guitarras, se le unía el recuerdo al artista, al amigo, al hombre que se marchó, el cantaor ceutí Antonio Gil Barroso, el 'Niño de San Amaro', "un hombre entregado a un cante que se asemejaba al de Pepe Marchena, poseedor de una voz privilegiada que siempre colaboró con la Tertulia Flamenca y que nunca vamos a olvidar", pronunció sobre el escenario en los preámbulos del cante el presidente de la Tertulia Flamenca, Pepe Escobedo, quien además extendió su homenaje a la figura de Manolo Rodas, tristemente fallecido en las últimas horas.
"Desde los balcones de la gloria", lugar en el que Escobedo aseguró que el 'Niño de San Amaro' estaría escuchando el inmenso recital, en la forma y en el fondo; en lo racional y en lo pasional; en la cordura y en la embriagadora locura; a buen seguro que llegarían el alma y la esencia flamenca del cante de Perrate de Utrera, Macarena de Jerez, de la ceutí Margari Meléndez o de Beatriz Romero, que con tan sólo 16 años es una gran promesa, así como del duende de Antonio Carrión y Antonio Moya, ambos al toque y la magistral presentación de Ildefonso Álvarez.
Todo ello dentro de una noche de las que se guardan en el recuerdo "porque entre otras cosas tenemos que sentirnos muy orgullosos todos los ceutíes de que hoy en día podamos celebrar nada menos que la edición número 41 del Festival Flamenco, un hito en el ámbito andaluz y español", dijo Escobedo, poco después de recitar un poema en memoria de Antonio Gil Barroso a quien con la piel de gallina en el corazón dedicó además un par de piezas conmovedoras que volaron al cielo para enamorar al mismísimo balcón de la gloria.
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