Emoción devota y pasión respetuosa. Ésas fueron las notas dominantes durante la tradicional salida de la procesión de la Virgen del Rocío. Ésta salió en la madrugada de ayer cerca de las tres de la madrugada y sólo dos horas después tomó contacto con el Simpecado de la hermandad ceutí. La emoción explotó entonces a raudales. Los rezos se confundieron con los cánticos, las flautas y los tamboriles con la marisma, y las voces se rasgaban al golpe del fervor que reina en la Aldea durante esas horas.
Cabe reseñar la fortuna de la que disfrutó la hermandad ceutí, dado que sobre las ocho de la mañana el paso de la Virgen sufrió la rotura de uno de sus varales, obligando a los almonteños a guardarla en el templo y dejando así a unas 40 hermandades sin poder rezarle la tradicional Salve rociera.
Antes de emprender el camino de vuelta, la delegación ceutí se encontraba ayer pasando las últimas horas en la Aldea. Bajo el sol justiciero de una calurosa jornada en el Bajo Guadalquivir, los hermanos asistieron a una misa en el Santuario a las 19:00 horas, siendo de las escasas hermandades que gozó de tal oportunidad. Todo eso ocurrió horas antes del regreso. El simpecado caballa zarpará de Algeciras a las 20:00, llegando previsiblemente a casa sobre las 21:00.






