Los orígenes del ferrocarril español se remontan a la isla de Cuba, entonces provincia española. En 1837 se inauguró la línea entre La Habana y Güines, considerada la primera línea ferroviaria española. Su construcción estuvo dirigida por ingenieros civiles extranjeros, aunque contó con el asesoramiento de ingenieros militares españoles. Entre ellos destacó el teniente de Ingenieros Manuel José Carrera, quien en 1839 se convirtió en el primer español en dirigir la construcción de una línea ferroviaria, la que unía Cárdenas y Bemba, en la provincia de Matanzas.
En la Península, el primer ferrocarril se inauguró el 28 de octubre de 1848, con la puesta en servicio de la línea Barcelona-Mataró, de 29 kilómetros de longitud. Poco después, en 1855, se promulgó la primera Ley General de Ferrocarriles, que impulsó la expansión de la red ferroviaria española.
Paralelamente al desarrollo de la red ferroviaria, el Ejército comprendió rápidamente las posibilidades estratégicas de este nuevo medio de transporte. En 1856 se aprobaba el primer Reglamento para el Transporte de las Tropas por Ferrocarril, destinado a regular el traslado de personal, material y abastecimientos. El objetivo fundamental era facilitar el movimiento de contingentes militares desde los centros de reclutamiento hasta las unidades de destino y permitir el transporte rápido de cargas voluminosas, de importancia para las necesidades operativas del Ejército.
Bajo el reinado de Amadeo I, por Real Orden de 3 de octubre de 1872, se crearon las primeras compañías de ferrocarriles y se asigno esta especialidad al Cuerpo de Ingenieros militares por sus características técnicas.
En aquellos tiempos, el Ejército disponía de dos Regimientos de Ingenieros con cuatro compañías que, con la ley presupuestaria de 1873, aumentarían a seis, de las que la quinta sería la de ferrocarriles. Inicialmente, la plantilla de la compañía de ferrocarriles se iba a componer de cuatro oficiales, siete suboficiales y setenta y tres soldados. Esta fecha es considerada el nacimiento oficial de los Ferrocarriles Militares en España.
Durante el periodo final de la Primera República, el 3 de julio de 1874 se separan las compañías de zapadores minadores de las de pontoneros, telégrafos y ferrocarriles, creándose el tercer Regimiento de Ingenieros, con dos batallones, siendo el segundo organizado con dos compañías de telégrafos y dos de ferrocarriles en Madrid.
Finalizada la Primera República y reinando Alfonso XII, el 30 de agosto de 1875 se llevo a cabo una nueva reorganización del Ejercito, creándose el cuarto Regimiento de Ingenieros, siendo el cuarto Batallón compuesto por compañías de Pontoneros, Telégrafos y Ferrocarriles.
En 1877, debido a su condición de cuerpo montado, el cuarto Regimiento pasó a denominarse Regimiento Montado de Ingenieros, distribuyéndose entre Zaragoza y Madrid. El Batallón de Telegrafistas y Ferrocarriles quedó establecido en esta última ciudad.
Por Decreto dado el catorce 14 de diciembre de 1883, el Regimiento Montado se desdobló en un Regimiento de Pontoneros y un Tren de Servicios Especiales con tres secciones encargadas de los servicios de telégrafos, ferrocarriles y topografía.
Dicho tren fue disuelto el quince de diciembre de 1884 para crearse, entre otros, un Batallón de Ferrocarriles, integrado inicialmente por dos compañías de Vía y Obras y dos compañías de Explotación. Su primer acuartelamiento se situó en el madrileño Cuartel de la Montaña. Este batallón constituyó la primera unidad dedicada a las actividades ferroviarias dentro del Ejército español.
"El ferrocarril militar ha sido una pieza clave en la historia logística y estratégica del Ejército español desde el siglo XIX. Con motivo del 150 aniversario de la creación de las primeras compañías ferroviarias militares, este recorrido repasa la evolución de una especialidad que contribuyó al desarrollo de las infraestructuras ferroviarias nacionales y desempeñó un papel fundamental en la movilización de tropas, el transporte de material y el apoyo a las operaciones militares desde 1872 hasta nuestros días"
La rápida expansión de la red ferroviaria española durante la segunda mitad del siglo XIX puso de manifiesto la importancia estratégica del ferrocarril para el transporte rápido de tropas, el movimiento de artillería, pertrechos y abastecimientos, la construcción, reparación y explotación de líneas férreas en campaña y la movilización y concentración de fuerzas.
Por Real Orden de 29 de julio de 1897, aparecieron las divisas, emblemas y distintivos propios de la especialidad de ferrocarriles.
En 1908 se creó una Compañía de Depósito encargada de encuadrar a los empleados de las compañías ferroviarias.
Posteriormente, el Real Decreto de 4 de octubre de 1912 dispuso la creación del primer Regimiento de Ferrocarriles, formado por ocho compañías activas y ocho compañías de depósito. En esta etapa surgieron las cuatro especialidades ferroviarias pioneras: Vía y Obras, Telégrafos Tracción y Movimiento.
En 1918 se constituyó un segundo Regimiento de Ferrocarriles y ambos fueron reorganizados en un Batallón de Explotación, un Batallón de Zapadores Ferroviarios y un Batallón de Compañías de Depósito.
El primer regimiento asumió las líneas de la red norte, mientras que el segundo quedó vinculado al eje Madrid-Zaragoza-Alicante.
En 1917 apareció la figura del Práctico, soldado voluntario de las unidades ferroviarias que, tras cuatro años de formación, podía incorporarse a las plantillas de RENFE, FEVE o los distintos metros españoles.
En 1918 se creó igualmente la Escala de Complemento Honoraria de Ferrocarriles, antecedente de la actual Escala Honorífica de Ferrocarriles, concebida para facilitar la movilización del personal especializado procedente de las compañías ferroviarias en caso de necesidad.
Tras el Desastre de Annual de 1921, las infraestructuras ferroviarias del Protectorado de Marruecos quedaron bajo supervisión militar. El general Vives Vich fue enviado a Marruecos como general de Ingenieros para todos los servicios del Cuerpo, organizándose un Batallón especial encargado de la reparación de las líneas dañadas, garantizar el transporte logístico y empleo de trenes blindados en apoyo de las operaciones. En julio de 1922 las líneas ferroviarias del Protectorado habían recuperado la normalidad operativa.
Al proclamarse la Segunda República, existían dos Regimientos de Ferrocarriles, ambos con guarnición en Leganés (Madrid). Estas unidades tenían la consideración de tropas de Ejército y estaban destinadas al transporte militar, la construcción y reparación de vías férreas y la explotación de líneas ferroviarias en caso de movilización.
Cada regimiento se articulaba en dos batallones, integrados por personal especializado en Explotación ferroviaria, Vía y obras, Tracción y movimiento, Telégrafos ferroviarios en construcción y reparación de infraestructuras ferroviarias.
La política impulsada por Azaña buscó reducir gastos y en ese contexto, en 1931 los dos Regimientos de Ferrocarriles fueron refundidos temporalmente en una sola unidad, centralizando la administración y el servicio ferroviario militar. Posteriormente, volvieron a separarse en dos regimientos independientes.
En vísperas de la Guerra Civil, el Ejército mantenía nuevamente el Regimiento de Ferrocarriles n.º 1, mandado por el coronel Enrique del Castillo Miguel y el Regimiento de Ferrocarriles n.º 2, mandado por el coronel Manuel Aspiazu Paúl. Ambos permanecían acuartelados en Leganés y constituían la principal reserva ferroviaria militar del Ejército español.
Las misiones asignadas a estas unidades eran garantizar la movilización rápida de tropas y material, construir y reparar líneas férreas destruidas, explotación de las líneas ferroviarias de interés militar, organización de los transportes de guerra y preparación de personal ferroviario especializado para una eventual movilización general.
Tras el estallido de la Guerra Civil en julio de 1936, los dos Regimientos de Ferrocarriles quedaron inicialmente en la zona republicana. Sin embargo, las circunstancias de la contienda provocaron su disolución como unidades orgánicas, siendo su personal y material distribuidos entre diversos servicios ferroviarios y formaciones militares de ambos bandos.
Durante la contienda destacó la construcción de la línea estratégica Torrejón de Ardoz-Tarancón, conocida como el «Tren de los cuarenta días», destinada a mantener las comunicaciones entre Madrid y Valencia y asegurar el abastecimiento de la capital. Su construcción fue realizada por voluntarios y prisioneros y atravesaba diversas localidades del este madrileño y la provincia de Cuenca.
La reorganización de las unidades ferroviarias militares supuso la sustitución de la tradicional estructura del Regimiento en una organización funcional basada en dos agrupaciones especializadas, la Agrupación de Batallones de Movilización y Prácticas de Ferrocarriles, encargada de la planificación, explotación y movilización ferroviaria, y la Agrupación de Batallones de Zapadores Ferroviarios, responsable de la construcción, reparación y restablecimiento de las infraestructuras ferroviarias.
Durante la crisis del sector ferroviario, llevó al Estado a intervenir las compañías privadas y, mediante la Ley de Ordenación Ferroviaria y de Transportes por Carretera de 1941, nació RENFE, iniciándose un proceso de reconstrucción y modernización de la red ferroviaria española.
La colaboración entre el Ejército y RENFE constituyó un elemento esencial en el mantenimiento de la capacidad ferroviaria militar española. Los convenios de 1946, relativos a las actividades de Movilización y Prácticas de Ferrocarriles, y de 1959, referidos a los Zapadores Ferroviarios, fortalecieron la preparación técnica del personal militar y garantizaron la disponibilidad de conocimientos y recursos ferroviarios necesarios para la movilización y el apoyo logístico de las Fuerzas Armadas.
Estos acuerdos permitieron una especialización dentro del Arma de Ingenieros asegurando la integración de las capacidades ferroviarias civiles en la defensa nacional.
"Durante 150 años, el ferrocarril militar ha sido una herramienta esencial para la movilidad, la logística y el apoyo operativo del Ejército español, dejando una profunda huella en la historia de las infraestructuras ferroviarias del país"
Esta reforma, orientada a mejorar la eficacia operativa y la especialización técnica, desembocó en 1963 en la constitución del Regimiento de Movilización y Prácticas de Ferrocarriles núm. 14 y del Regimiento de Zapadores Ferroviarios núm. 13, herederos de las históricas tropas ferroviarias del Ejército español.
En 1978 se desarrolló el sistema TRANSFER, un muelle testero transportable por ferrocarril que permitía el embarque y desembarque de vehículos pesados directamente sobre la vía, sin necesidad de instalaciones permanentes y sin deteriorar la infraestructura ferroviaria.
En 1994 se fusionaron los Regimientos núm. 13 y núm. 14, constituyéndose el nuevo Regimiento de Ferrocarriles núm. 13, quedando en 1997 el regimiento organizado en un Batallón de Ferrocarriles y un Batallón de Zapadores. Sin embargo, en el año 2000 se desactivó el Batallón de Zapadores como consecuencia de las adaptaciones orgánicas del Ejército.
En 2001 el Regimiento abandonó Madrid y se trasladó a la Estación Militar de San Gregorio, en Zaragoza, donde disponía de instalaciones ferroviarias para la clasificación y composición de convoyes militares y material rodante propio. Al año siguiente su plantilla quedó fijada en 43 cuadros de mando y 113 militares profesionales de tropa.
En 2005, se llevo a cabo una nueva reestructuración en el seno del Regimiento de Ferrocarriles, constituyéndose en una Plana Mayor y un Batallón de Ferrocarriles formado por una Compañía de Plana Mayor y Servicios, una Compañía de Vía y Obras, y una de Explotación.
El 15 de diciembre de 2008 era disuelto el Regimiento de Ferrocarriles n.º 13, culminando 124 años de historia ferroviaria militar. Sus efectivos y capacidades fueron integrados en el Regimiento de Pontoneros y Especialidades de Ingenieros n.º 12 de guarnición en Zaragoza, que incorporó una Compañía de Ferrocarriles encargada de mantener esta especialidad.
En enero de 2009 el RPEI n.º 12 volvió a reorganizarse en dos batallones, entre ellos el Batallón de Especialidades, con una compañía de ferrocarriles que asume todas las misiones de sus antecesores siendo una unidad especializada, flexible y y multipropósito, compuesta por una sección de vía y obras, una sección de explotación móvil, una sección de explotación y una sección de apoyo. Esta compañía es la responsable del transporte del Mando de Apoyo Logístico del Ejercito (MALE) y del mantenimiento de la estación militar de San Gregorio, en Zaragoza, y del cargadero de la base del Goloso, en Madrid.
A lo largo de estos 150 años de historia, el ferrocarril militar español ha constituido un elemento esencial de la logística y de la capacidad de movilización del Ejército, dejando un importante legado técnico, organizativo y humano en el Arma de Ingenieros y en el desarrollo de las infraestructuras ferroviarias nacionales.






