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Fernando Ledesma: “La justicia española es una de las más independientes del mundo entero”

Fernando Ledesma participó ayer en las ‘II Jornadas Jurídicas de Ceuta’ con una ponencia en la que habló sobre la reforma de la Ley de Planta y Demarcación Judicial. ‘El Faro’ charló con él

Hablar con el ministro de Justicia de la época en la que se sentaron las bases del sistema democrático actual no se hace todos los días. Aún así, Fernando Ledesma es cercano, concreto, claro y amable. Defiende el sistema judicial y se quita todos los méritos que le corresponden por lo logrado.
–Usted fue ministro de Justicia desde el año 1982 hasta 1988. ¿Cómo recuerda aquella época?
–Como una etapa de muchísimo trabajo, de muchos servicios a mi país y en la que se hicieron cosas que creo que cambiaron la situación jurídica y política de los españoles en el sentido de ir hacia un proceso de mayor respeto de los derechos fundamentales y de las libertades públicas. En definitiva, de consolidación del sistema democrático. Ese es el balance que se puede hacer de aquella época. Que no es un balance mío, sino un balance del Gobierno, dirigido por Felipe González, y del grupo parlamentario socialista.
–Pero usted, como ministro, tendrá algún mérito en todo lo que sucedió en aquel entonces...
–Simplemente me tocó impulsar la justicia en aquel momento. Yo tenía obligaciones, no méritos, y así lo sigo recordando.
–En los años 1983 y 1984 impulsó usted la primera gran reforma del sistema judicial español de la democracia. ¿Qué tiene que ver aquel cambio que usted impulsó con el que se está realizando en la actualidad?
–Aquella reforma fue muy necesaria en aquellos años, de los que ya ha pasado algún tiempo. Ahora hay que ajustar el sistema judicial a la nueva situación española. La población es mucho mayor que antes, está distribuida de otra manera, la litigiosidad en España se ha incrementado geométricamente y la demanda de tutela judicial efectiva es mucho mayor. Por todo ello, hay que tomar las medidas necesarias que sirvan para responder a las nuevas necesidades de la sociedad. De todas maneras, las reformas de los ochenta fueron totalmente imprescindibles y, desde mi punto de vista, creo que han dado sus frutos.
–Precisamente la reforma a la que me refería llegó tras la transición y bajo una demanda social muy grande...
–Efectivamente.
–En alguna de sus apariciones públicas ha hablado usted de ‘patrimonio democrático’. ¿Qué es eso?
–Decir patrimonio democrático es lo mismo que decir que los españoles, después de muchos años de vivir en paz tras la Constitución de 1978, estamos en una altura democrática mayor que la que teníamos entonces. Que vivimos cotidianamente derechos y libertades que eran inimaginables entonces. En este sentido, la ciudadanía de nuestra civilidad es infinitamente mayor. Somos una sociedad mucho más rica, mucho más madura, mucho más tolerante y en la que los derechos fundamentales se respetan como nunca.
–En cambio, esta sociedad está más en contra que nunca de los políticos, que en el fondo son los artífices de los cambios...
–Es lógico que la sociedad siempre reclame más, que nunca esté contenta con lo que encuentra y, por tanto, demande reformas, transformaciones. Esto se le exige a los políticos, que en el fondo son los democráticamente responsables de impulsar esas reformas. Que eso suceda en una sociedad actual es algo bueno. Es seña de la vitalidad que hay, de que hay un conjunto vivo, que no se conforma con lo que hay, sino que reclama y exige que se continúe mejorando. Y en eso la sociedad tiene toda la razón, aunque esa razón hay que dársela sin perder nunca la perspectiva de que, en el pasado, hace apenas 40 años, las cosas eran muy diferentes y se ha avanzado mucho.
–¿Cómo sería para usted la justicia ideal?
–Yo creo que nunca la alcanzaremos. Imaginar una sociedad donde no haya conflictos, ni enfrentamientos, ni infracciones de la Ley, donde todos los ciudadanos cumplan las leyes perfectamente es algo utópico. Lo que tenemos que hacer las sociedades democráticas es dar los pasos necesarios para alcanzar los niveles óptimos de ciudadanía y convivencia, sin renunciar a llegar hasta donde sea posible.
–Usted ha sido ministro de Justicia, pero también magistrado e incluso fiscal. Teniendo en cuenta que hoy se habla mucho de la mezcla entre política y justicia. ¿Cómo se separan estos dos poderes públicos?
–Pues es algo perfectamente posible. Cuando uno trabaja como juez es un siervo de la Ley, un servidor de la Ley democrática y lo que tiene que hacer es interpretarla y aplicarla. Por contra, cuando se está en la política uno tiene que impulsar la reforma de las leyes. Ambas funciones son diferentes, distintas y separadas, pero quien hace una cosa se puede perfectamente hacer la otra siempre y cuando sepa separar las dos funciones completamente.
–¿Cree que el actual nivel de injerencia entre ambos poderes es el adecuado?
–Yo creo que la justicia española es una de las justicias más independientes del mundo entero.

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