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Madre e hija tuvieron que abandonar la casa por una gotera. Ahorraba para arreglarla, pero otra mujer con cuatro hijos la ha ocupado
El pasado mes de diciembre y tras las primeras lluvias invernales se produjo una avería en el tejado de la casa en la que una mujer y su hija de cinco años viven en la barriada del Recinto. La gotera y el agua que entraba a granel por el techo obligó a ambas, madre e hija, a abandonar la vivienda. Mientras la mujer ahorraba para poder arreglarla, otra madre con sus cuatro hijos menores se ha metido en su vivienda. Saida El Ouera Houari presentó el pasado 22 de febrero una denuncia en la Jefatura Superior por la usurpación de su vivienda en el Pasaje Las Heras. Denunció en comisaría y ahora quiere hacer público su caso en el periódico porque desde entonces, la vivienda sigue ocupada sin que pueda si quiera entrar a recoger sus enseres personales, documentos familiares y ropa.
Vive en una casa de acogida de Cruz Roja y vende lotería. Con el dinero que saca da de comer a su hija y estaba ahorrando lo que podía para poder arreglar el techo y volver a su hogar. Tuvo que dejar la vivienda en el Pasaje Las Heras en diciembre obligada. “Me dijeron que no podía estar allí en esas condiciones con mi hija pequeña”, explica. Pero recalca que jamás la casa ha estado abandonada. Precisamente es por eso que el pasado 22 de febrero se percató de que habían cambiado la cerradura a la puerta y una mujer con cuatro menores habita allí desde entonces.
Según consta en la denuncia presentada en la Jefatura Superior, la mujer y su hija están en la vivienda durante el día, pero pernoctan en la vivienda que les ha facilitado la Cruz Roja.
No son desconocidos para Saida, “son vecinos que tienen su casa en Marruecos pero han entrado en mi casa y están allí. No me dejan entrar a recoger mis cosas”, lamenta. Dice no entender por qué la Policía no ha echado a los ocupas de la vivienda. Tan sólo “le tomaron nota de su identidad”.
Saida explica que la casa es propiedad de su marido, pero allí vivían su hija y ella tras divorciarse. Su marido conoce la situación, pero también se encuentra sin trabajo y viviendo en casa de unos conocidos.
Desde que tuvieron que abandonar la vivienda, Saida y su hija han acudido allí todos los días, por lo que todos sus enseres personales y documentación, como por ejemplo el Libro de Familia, están allí. Además, explica Saida, abona todos los meses los pagos de luz y agua que ha consumido todos estos meses.
Al acecho de la vivienda vacía
No es la primera vez que se produce un caso similar en la ciudad y en esta barriada en concreto. Ya son numerosas las quejas vecinales que han llegado a El Faro sobre la existencia de personas ajenas a la barriada del Recinto que de un tiempo a esta parte se dejan ver por el vecindario con actitudes muy extrañas. No son vecinos de la barriada, ni son conocidos por los que llevan viviendo toda la vida en el Recinto, lo que levanta aún más sospechas. Siempre están en actitud vigilante en busca de las viviendas que en apariencia tienen una ‘actividad’ menor y al detectar que está vacía, de la noche a la mañana, amanece con nuevos inquilinos. El caso de Saida es uno más, una víctima más de los merodeadores en busca de viviendas vacías, aunque no lo estén realmente, para pegar la patada en la puerta, cambiar la cerradura y atrincherarse dentro.






