En un contexto de alta sensibilidad política y social tras la crisis fronteriza e institucional que afecta a la Ciudad Autónoma de Ceuta, a pesar de los últimos coletazos y por fin el desalojo en los campamentos de cabañas en el litoral, más de dos meses después todavía existen cientos de inmigrantes subsistiendo en los alrededores del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) y merodeando por las calles sin un rumbo definido. Sin soslayar, aquellos que se encuentran escondidos entre los entresijos y el boscaje de los montes.
“Ceuta sufre, está herida, han intentado cortarle las alas, pero sigue en pie”.
Sin duda, la frase magistral que el presidente de la Ciudad Autónoma de Ceuta, Juan Jesús Vivas Lara, sintetizó con finura ante Sus Majestades y quiso trasladar durante la recepción oficial celebrada en el Palacio de la Asamblea: “Ceuta atraviesa el momento más difícil de su historia reciente, pero no renuncia a su futuro ni a su condición de parte indivisible de España”.
Don Felipe y Doña Letizia llegaron a una ciudad que en palabras literales de su presidente, “lleva dos meses y medio tratando de encontrar una salida a la crisis desencadenada los pasados días 30 y 31 de julio”. Del mismo modo, Vivas aprovechó la presencia de los Reyes para agradecer infinitamente su apoyo, implorar la respuesta de la sociedad ceutí y reivindicar medidas que otorguen recuperar la normalidad y garantizar la seguridad, la estabilidad y el bienestar de los ciudadanos.
“Muchas gracias por venir a sembrar confianza donde más se necesita la confianza; confianza para resistir y confianza para alumbrar la salida del túnel en el que nos encontramos”, expresó al pie de la letra en la apertura de una intervención que armonizó la apelación a la Corona, la memoria histórica y una irrevocable denuncia de lo acaecido en la frontera. Y no era para menos, porque en esta ocasión no refirió aquellos hechos como un incidente migratorio más.
Los interpretó, conceptuó y evaluó de “invasión” y sostuvo que fueron concebidos y dispuestos con el propósito de poner en riesgo la estabilidad de la ciudad y “en jaque” su soberanía.
En su análisis de la realidad, sus resultantes habían sobrepasado el terreno fronterizo para erigirse en “la mayor crisis de seguridad nacional de nuestra democracia”. Es por ello, que ubicó la dimensión de lo acontecido en dos guarismos concretos. Primero, cerca de cien mil individuos habrían sido manipulados para vulnerar los límites fronterizos y, segundo, al menos ciento cuarenta y una vidas se habrían dilapidado en el fondo de las aguas.
Una tragedia humana en toda regla que el presidente consideró de “tan dolorosa como irreparable” y que, a su entender, hizo ostensible la vulnerabilidad de Ceuta ante una crisis de magnitud imponente. Si bien, la narración presidencial fue más allá de la seguridad.
Llegó el momento, porque era preciso especificar sin rodeos y hacer una descripción interiorizada que Ceuta es una ciudad doliente y afligida en sus servicios esenciales, como en su actividad económica y el sosiego cotidiano de quienes la residen. Y a la fluctuación sobre la persistencia de la crisis, añadió la sospecha a que pudiera volver a ocurrir y el riesgo latente de que se dañase la convivencia. “Ceuta no es la que era”, aseveró con rotundidad, antes de indicar que “los ceutíes habían perdido seguridad, tranquilidad y libertad”.
Pero su alocución no fue sólo una recapitulación de daños. Vivas recalcó la capacidad de resistencia de una sociedad que, según señaló, “se mantiene en pie gracias a la madurez de sus ciudadanos, al respaldo del resto de España y al trabajo de los cuerpos de seguridad, los militares, los sanitarios y los voluntarios”.
“Un caballa nunca de rinde”, -grito unánime de los ciudadanos ceutíes a la llegada de los Reyes-, elogió Vivas, apelando a una identidad local que enlazó claramente con la solidaridad nacional.
Su argumentación fue galopante e incontestable: “defender la integridad territorial de Ceuta significa defender la soberanía española, la Constitución, los derechos y libertades y el principio de que España es una patria común e indivisible. Millones de españoles para los que Ceuta no se vende, Ceuta se defiende, Ceuta es España”.
"Este peculiar territorio que nos funde a la Madre Patria y es España, continúa siendo y será, ejemplo extraordinario de empeño para cautivar en quien se complazca, su hechura intercultural"
Pero la parte más tangible del discurso desembocó cuando el presidente planteó los requerimientos apremiantes de la Ciudad. Primero, “el retorno a su país de quienes entraron de manera masiva e ilegal durante aquellos días de julio y todavía permanecían en Ceuta, como vía para recuperar la normalidad”.
Segundo, “el establecimiento de unas bases que marquen un antes y un después y permitan garantizar un futuro de seguridad, estabilidad y bienestar en condiciones de igualdad con el resto de los españoles y dentro de la Unión Europea”.
Y tercero, un serio aviso para navegantes de consecuencia estratégica: “Ceuta no puede depender de terceros para asegurar el control de su frontera, sostener su modelo económico o adoptar las decisiones esenciales para su futuro. Nada que sea vital para Ceuta puede depender de un tercero”, especificó Vivas, quien agregó que las decisiones soberanas que repercuten e implican a las dos ciudades autónomas corresponden exclusivamente a España.
Ni que decir tiene que el mensaje tuvo como receptores institucionales a los Reyes y, por ende, al conjunto del Estado. El presidente mostró su gratitud a Don Felipe VI por la preocupación visible desde el primer instante de lo sucedido, además de su respaldo a los ceutíes y la defensa del carácter europeo de las fronteras españolas y el menester de garantizar su seguridad.
De este modo, esta visita histórica contrajo una profundidad que iba más allá del protocolo, porque Vivas la convirtió en una rúbrica de apoyo a una ciudad que demanda perentoriamente atención, garantías y una réplica prolongada ante una crisis que, según su valoración, ha puesto de relieve la necesidad de robustecer sus componentes de protección.
Las palabras de Vivas que enjugaban las lágrimas de quiénes la escuchábamos con emoción, se completaron con una proclamación incuestionable de pertenencia: “Ceuta es España hasta la médula, por los cuatro costados, se mire por donde mire”. Una evidencia de la que hizo hincapié, “no depende del credo ni del origen de los ciudadanos, sino de la historia, el derecho y la voluntad compartida de los ceutíes”.
Dicho esto, la noción de Ceuta ante los avatares de la soberanía abarca el dilatado devenir histórico, jurídico y geopolítico que determina la ininterrumpida españolidad de la Ciudad Autónoma de cara a las recurrentes presiones e impugnaciones externas. De hecho, su soberanía española cuenta con un consistente arraigo histórico y legal, habiéndose afianzado de manera categórica siglos antes de la existencia del Estado moderno de Marruecos.
La condición de Ceuta como territorio español no es el producto de un sumario de colonización contemporáneo, sino de un desenvolvimiento dinástico y una voluntad popular acreditada por tratados internacionales. Me explico: Ceuta pasó a formar parte de la Corona portuguesa en 1415. Y en 1580, tras la unión dinástica bajo el reinado de Felipe II, la ciudad se integró en la Monarquía Hispánica.
Posteriormente, cuando Portugal se independizó de la Corona española en 1640, los ciudadanos de Ceuta determinaron de manera voluntaria y por aclamación, conservar su lazo con España. Definitivamente, mediante el Tratado de Lisboa (1668), Portugal acordó la cesión de la soberanía de Ceuta a España, apuntalando su estatus.
Como quiera que sea, sus vaivenes geopolíticos y desafíos recientes provenientes de su emplazamiento estratégico en el Norte de África, más la soberanía e integridad territorial que le acompañan, la hacen estar expuesta a menudo a tensiones discursivas, diplomáticas y migratorias.
Es por ello que una vez más, haya que fijarse en la presión multidimensional. Desde su independencia en 1956, el Reino de Marruecos ha sostenido reclamaciones incongruentes e impropias sobre ambas ciudades.
Y en intervalos de fricción, estas pretensiones y reprobaciones se vierten en provocaciones en la inspección de fronteras o irrupciones toleradas ingeniosamente en su divisoria. Tampoco es menos, que Ceuta no constituye únicamente superficie española, integra la frontera sur e inquebrantable de la Unión Europea (UE) en el continente africano.
De ahí, que cualquier alteración o transgresión de sus límites terrestres se toma oficialmente como un desafío explícito al conjunto del bloque europeo.
Desde esta perspectiva y coincidiendo veinticuatro horas antes de la visita de los Reyes a Ceuta, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, remitía una carta a los líderes de los estados miembros de la UE, en la que les solicitaba que utilizasen una política migratoria más estricta. En la citada carta hace referencia puntualmente a lo acaecido en Ceuta como un suceso que confirma la fragilidad de las fronteras exteriores de la Unión, pronunciándose a favor de que todos los que ingresaron clandestinamente en la ciudad española sean retornados a Marruecos.
Von der Leyen declara al pie de la letra que “los sucesos de este verano sirvieron como recordatorio de que una gestión eficaz de la migración requiere una vigilancia constante, así como una solidaridad sostenida y capacidad de adaptación y que la situación en Ceuta demostró la rapidez con la que las llegadas masivas repentinas pueden ejercer presión sobre las fronteras exteriores de la UE, con un trágico coste humano”.
Por lo general, la Comisión defiende que a pesar de que la cantidad de recaladas irregulares a territorio europeo se ha empequeñecido, la afluencia migratoria “persiste en varias partes de Europa”, comprendidas las ciudades españolas del Norte de África. Por ello pone el acento en que la Comisión “seguirá apoyando a las autoridades españolas para garantizar el rápido retorno a Marruecos de quienes entraron y permanecen ilegalmente en Ceuta, en cumplimiento del compromiso de Marruecos de readmitirlos a todos”.
No quedando aquí la cuestión, la presidenta de la Comisión Europea les expresa a los líderes europeos que adquieran una serie de medidas para responder a la migración irregular. Y entre estas pautas se halla la implementación de un marco de respuesta de emergencia cuando la migración se maneja como arma, que autorizaría retornos en caliente, el aumento de las competencias de la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas (Frontex) y la ampliación de la tasa de deportaciones de individuos en situación irregular.
Hay que recordar al respecto, que en el último consejo de ministros de Interior, España es el único país que objetó facultar la nueva directiva de retornos. No obstante, este modelo se suscribió por mayoría suficiente.

Evidentemente, la carta considera con atención la crisis migratoria sobrevenida en Ceuta: “Debemos prevenir estas amenazas y dejar claro que jamás comprometeremos la protección de nuestras fronteras exteriores. Ningún actor, estatal o no estatal, podrá explotar nuestras normas ni nuestros valores para desestabilizar la Unión”.
Y al hilo de las palabras magistrales de Vivas, quién elogió a los monarcas agradeciéndoles su templanza y valentía, así como su sentido del deber e integridad, unido a la intervención de Von der Leyen, no puedo obviar en esta disertación las palabras de Felipe VI, en todo momento conducentes a la serenidad y confianza, garantizando que las instituciones intervendrán con firmeza en la defensa de la soberanía nacional, apelando a la calma y al desempeño escrupuloso del Estado de derecho.
Tras una jornada colmada de fuertes efervescencias, el último acto protocolario de los Reyes se realizó en el Parador de Turismo, donde Felipe VI dio voz a un irreprochable discurso en el que comenzó manifestando el sentir de una ocasión única que por sí misma entraña “una emoción singular” por “estar hoy en Ceuta”, -como mañana en Melilla- no es cualquier cosa”.
En los primeros párrafos de su alocución el Rey enfatizó que la ciudad no es “ajena a la problemática de las entradas irregulares de inmigrantes”, pero que lo sucedido este verano es “otra cosa y de otra dimensión”. También agregó que tanto él como la Reina son “dos más de los muchos millones de españoles que todavía tienen grabadas en la retina las imágenes impactantes de lo que vivisteis los días 30 y 31 de julio y que aquella violación de nuestra frontera por una inmensa multitud de personas fue un shock para todos, especialmente para vosotros, y sigue teniendo un enorme impacto en vuestras vidas, en la ciudad y, en buena medida, en España entera”. Y ha querido sellar con su presencia que “desde aquel día, os aseguro que no ha pasado uno solo sin teneros a los ceutíes en nuestro pensamiento. También a los melillenses”. Seguidamente, comentó la razón de su viaje. “Hemos venido a veros y escucharos, pero, sobre todo, a daros un abrazo lleno de afecto y cariño de parte de toda la sociedad española. Emociona estos días ver por toda España banderas de Ceuta en ventanas y balcones, y escuchar expresiones apasionadas de apoyo y de comprensión solidaria; también de admiración por vuestro temple y vuestro coraje, que hablan por sí solos de cómo sois y de cómo podemos ser como país cuando estamos unidos”.
Asimismo, el jefe del Estado no ha querido dejar pasar la oportunidad de agradecer la acogida recibida. “Somos muy conscientes de la situación que estáis viviendo. La conocemos gracias a los medios de comunicación, a vuestros testimonios y a lo transmitido personalmente por diferentes autoridades. Sabemos de las dificultades para restablecer la plena normalidad en el día a día, de vuestra inquietud y preocupación por todo ello, lógicamente, os genera incertidumbre. Y, sin embargo, nos seguís dando -a todos- un gran ejemplo de civismo y tenacidad”.
Además de ser consciente del esfuerzo procurado por la ciudadanía de Ceuta, ha agradecido el inmenso trabajo materializado por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, así como por los responsables de protección civil y sanitarios y al conjunto de los servidores públicos que bregan cada día en este escenario complejo.
Felipe VI ha requerido unidad para administrar fórmulas eficaces y perceptibles. “Ese ejemplo de convivencia y esa determinación por superar las dificultades nos muestran que -ahora más que nunca- es tiempo para la unidad institucional, para la colaboración eficaz y sincera, para aplicar soluciones prácticas y tangibles. Es tiempo de que las autoridades públicas, las instituciones locales y las del Estado -incluida la Corona como símbolo de su unidad y permanencia-, y las fuerzas políticas estén -estemos-, sin fisuras, sin ambages ni medias tintas, a la altura de nuestra ciudadanía, a vuestra altura”.
Y alcanzado el momento culminante de este texto, el Rey ha trasladado el mensaje que los ceutíes y toda España deseaban escuchar. “Creo importante reiterar aquí, alto y claro -aunque no haga falta-, algo que es obvio: que Ceuta y Melilla son una parte irrenunciable de la realidad política y nacional de España”.
"Quienes llevamos esta tierra llamada Ceuta grabada en el corazón, la visita de los Reyes nos ha concedido la dicha de recibir esa bocanada de aire fresco para oxigenarnos de un mañana que será más propicio"
Es en este momento exacto, cuando las palabras del Rey han sido entrecortadas por una salva de aplausos por parte de los allí presentes. “La soberanía y la integridad territorial de nuestro país no son negociables: son indiscutibles. Y ante cualquier riesgo, nuestra obligación es su defensa y preservación”.
“El Reino de España -y la Unión Europea misma- tiene la voluntad y la responsabilidad de mantener una buena relación de vecindad con el Reino de Marruecos; de provecho y progreso para ambos lados de la frontera. Esa relación ha de estar basada y sostenida siempre en la confianza y el respeto mutuos, y con el objetivo de promover la estabilidad, la paz y la seguridad regionales. Esto es deseable y lo creo necesario. Hacerlo posible exige buena fe por ambas partes. España, por su lado, tiene el firme propósito de seguir haciendo cuanto esté en su mano para que así sea, pero siempre a partir de los principios que acabo de mencionar. Ceuta es España…, y Ceuta es Europa. Por tanto, su frontera -como la de Melilla- lo es de la Unión. Cualquier amenaza que sufra, es una amenaza al conjunto de la Unión Europea. Ese principio fundamental- según el cual la frontera exterior de la Unión es una responsabilidad común- es compartido ampliamente por los países miembros”.
El monarca ha querido subrayar que Ceuta es España, determinando que “en esta ciudad autónoma deben prevalecer en todo momento -y para todos- los derechos y las libertades propios de un Estado de Derecho”. Amén, que “quienes entraron irregularmente en nuestro país deben -como regla de principio- regresar a su lugar de origen, lo antes posible y por los cauces legalmente establecidos. Mientras estén entre nosotros deberán ser tratados siempre con dignidad y humanidad, y con todas las garantías previstas por nuestras leyes”, además de que “se les debe exigir un respeto escrupuloso de las normas de convivencia ciudadana y de los derechos y libertades de los ceutíes. Que cuando miremos atrás, hacia estos días tan difíciles, podamos hacerlo con la tranquilidad y la satisfacción de haber hecho las cosas bien”.
Finalmente, el Rey ha concluido su esperada intervención con unas palabras de serenidad, compromiso y confianza. “Ceuta tiene ante sí un reto difícil, pero no os vamos a dejar solo ni indefensos. En todo caso, Ceuta tiene un futuro de esperanza y prosperidad: depende, primero, de vosotros, sí, pero depende sobre todo del conjunto del Estado y de toda la sociedad española, y con ambos podéis contar”.
“No dejaremos que naufrague esta realidad antigua y ejemplar de convivencia que es Ceuta. Lo repito: no estáis solos y no estaréis solos. No dejéis de creer en el futuro de vuestra ciudad -de nuestra- ciudad. Tenéis el apoyo firme del resto de españoles, de toda la ciudadanía, la garantía de los poderes y las instituciones del Estado y el compromiso pleno, permanente e inequívoco de la Corona”.
En consecuencia, como reza el título de este texto, lo acontecido ilustremente el 13/X/2026, ya forma parte de una fecha escrita con letras de oro, en los que irremisiblemente y quienes llevamos esta tierra llamada Ceuta grabada en el corazón, la visita de los Reyes nos ha concedido la dicha de recibir esa bocanada de aire fresco para oxigenarnos de un mañana que será más propicio.
Hoy más que nunca, pero menos que mañana, es preciso preservar a toda costa el civismo y el entendimiento mutuo, incluso en instantes de especial relevancia como los que estamos viviendo. Este es el mayor de los empeños de esta ciudad siempre hospitalaria, inmensa en el frenesí de ideales que se introduce en las mentes de quién la transita libremente por sus arterias y como habitualmente hace ante la mirada cómplice de las columnas de Hércules, se reviste de sociabilidad.
Y es que esta diversidad cultural reproducida en la solidaridad que sublima a cuáles quiera de los vientos que la acaricia, se atina su personalidad. Un valor en alza del que todos sus ciudadanos y ciudadanas se complacen, al ser el reflejo vivo de la justicia, la igualdad entre hombres y mujeres, la concordia, la amistad y el acceso a los bienes culturales. Lo contrario, sería deshonrar a la propia historia que le ha antecedido.
Pese a los momentos dificultosos que atravesamos, Ceuta se dispone en espacio común, visibilizado en un proyecto de convivencia, donde jamás han existido ciudadanos de segunda. Este peculiar territorio que nos funde a la Madre Patria y es España, continúa siendo y será, ejemplo extraordinario de empeño para cautivar en quien se complazca, su hechura intercultural.






