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Una explicación de las contradicciones en las que las personas normales vivimos

Por José Antonio Hernández Guerrero
03/11/2021 - 04:15
los-vencejos
Imagen cedida
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Acreditados especialistas en teoría y en crítica literaria han calificado a Fernando Aramburu como poderoso narrador, como autor plenamente maduro y como uno de los mejores escritores españoles de la actualidad. Otros han valorado Los vencejos como una novela vital, original, potente, extraordinaria, ácida, enternecedora y como “un monumento literario”. Coincido con estas valoraciones y justifico mi juicio positivo de su elevada riqueza literaria.

En mi opinión, los valores de esta obra están determinados por la eficacia comunicativa de un lenguaje con el que Fernando Aramburu elabora su relato a través del recurso de la escritura de un diario personal en el que el protagonista, además de desahogarse contándonos las desdichadas experiencias de su niñez y de su juventud, nos narra episodios nocivos con su esposa, con su hijo y con su amigo. El punto de partida -su decisión de terminar con su vida- nos plantea el asunto de la esencial relación de la vida con la muerte, una cuestión natural que, a pesar de ser idéntica para todos los seres vivos, cada uno la asume de forma diferente: si para algunos es una experiencia de destrucción, para Toni, el protagonista, es una liberación o, simplemente, el fin de la existencia; si, para muchos, es el fondo de los miedos que experimentan en diferentes situaciones, para este profesor de filosofía es la cancelación de una vida decepcionante y aburrida. Por eso, tras haber vivido cincuenta y cinco años, decide no seguir viviendo.

Considero que la elevada calidad de esta obra estriba en la habilidad con la que Fernando Aramburu armoniza los “dis-cursos” trazados por las sensaciones, las emociones, las fantasías y los pensamientos de Toni con las experiencias diarias que éste vive. De esta manera logra un relato literario en el que los significados de comportamientos aparentemente caprichosos nos descubren las claves de diversos aspectos de una realidad que, observada desde fuera, nos parece similar a las de muchas de las personas con las que convivimos. En esas combinaciones de hilos de colores emotivos y racionales, reales y ficticios, dibuja el perfil humano de Toni claramente expresado con sus palabras claras, con sus actitudes displicentes y con sus reacciones airadas.

Gracias a sus penetrantes análisis esta obra de ficción nos traslada, paradójicamente, al mundo de la realidad: un mundo cercano al nuestro tanto física como ética y socialmente. Sentimos la sensación de que presenciamos y vivimos estos episodios experimentando las contradictorias sensaciones y los hondos sentimientos del protagonista tan acertadamente dibujado. Con su lenguaje claro descubrimos los fondos psicológicos de unos comportamientos que, a primera vista, nos podrían parecer extraños.

Las explicaciones claras y, al mismo tiempo, profundas que nos proporciona Toni evidencian los análisis psicológicos del autor que, como es sabido, constituyen las herramientas narrativas tradicionales que están vigentes en la actualidad y que gozan de una aceptación generalizada entre los críticos y los lectores. Los relatos de estos episodios son exploraciones serias que, además de interesarnos, nos distraen, nos divierten y nos hacen pensar. Son exámenes de unas maneras opuestas de concebir y de vivir el tiempo, el espacio, el amor, el desamor, la soledad, la amistad, el sexo, la belleza, la verdad, la alegría, la tristeza, la salud, la enfermedad, el trabajo, el ocio, el aburrimiento, la diversión y hasta la mediocridad política. Valoro, sobre todo, el tino con el que Fernando Aramburu logra interesarnos contrastando los opuestos modelos de mundo, las distintas concepciones de la vida y del bienestar humano. Esta obra constituye, a mi juicio, una explicación de las contradicciones en las que las personas normales vivimos. Los vencejos no sólo es una novela interesante, sugestiva y amena, sino también una guía orientadora para los escritores noveles que busquen pistas y pautas para sus creaciones.

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Comentarios 1

  1. Fernando Vázquez Mota comentó:
    hace 5 años

    Querido profesor: no he tenido aún el gusto de leer este libro de Aramburu. Pero, creo sin temor a equivocarme, que si su estética conecta en algunos retazos con el de Patria o el de Autorretrato, con el que me sentí plenamente identificado, al vivir en su ciudad durante casi una década. Puede que tengamos junto a nosotros un testigo y observador privilegiado de esos espacios intermedios de la fractura social, en los que se suele mover con una admirable limpieza de juego en esa sociedad convulsa y compleja como es la suya.
    Gracias como siempre por sus acertados comentarios: Nando

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