Ceuta tiene una auténtica joya de la corona que cuida con esmero. Tal es así que supone todo un orgullo para la ciudad, para sus propios residentes, pero también para los visitantes que cruzan a este lado del Estrecho para conocer esta tierra tan desconocida por muchos.
Los resultados de la actividad del Parque son positivos, de hecho se resaltan como una buena tarjeta de presentación de un lugar que merece la pena conocer y, también, explotar para sacarle el mayor partido.
Aumentan las visitas de personas desplazadas desde otros puntos, por ejemplo, Marruecos.
Es importante que nos conozcan, porque además de las campañas de comunicación que se llevan a cabo para mostrar las bondades de la ciudad, también hay que cuidar esas conversaciones en las que se pone encima de la mesa lo que es Ceuta.
El Parque es un ejemplo de la buena gestión orientada principalmente a su cuidado, después a saber darlo a conocer y, por último, a ofrecer servicios adecuados a quienes se acercan a esta infraestructura levantada en el corazón de Ceuta.
El Parque se ha convertido en ese espacio que es de todos, que no tiene dueño, pero que debe contar con la protección de unos ceutíes que estamos llamados a seguir disfrutándolo con la obligación de entregarlo a las posteriores generaciones no en el mismo estado, sino mejorado. Por orgullo.






