Nada más sincero. Existe un lugar hacia el que nos dirigimos, y no hablo de esta tierra, que a fin de cuenta no nos merecemos, sino a la tierra del mañana, la tierra de los sueños. Soñar es útil, porque al hacerlo conocemos nuestros adentros y a nuestras almas gemelas, y podemos viajar a lejanas estrellas y trasportarnos a otros momentos.
Tales eran mis pensamientos cuando decidí retirarme un par de días a tierra de dioses y a campos de sueños: La pedriza de Manzanares del Real, a las afueras de Madrid.
En esos días puse en juicio mi destino como periodista en la capital, y puse como testigos a la inmensa mole de piedra de El Yelmo, y al cielo limpio, que si lo miras te enseña.
A favor de quedarme, la sensación de haber acertado, de cerrar un círculo viejo, de cinco años; el orgullo de los padres y el mantener la barbilla en alto.
Pero aprendí en soledad que satisfacer a los demás es sólo una parte en el tablero de los magos, donde tú eres el rey, y has de elegir cuáles son tus pasos.
A fin de cuentas, ¿qué hay más importante que volver a Ceuta, y disfrutar la vejez de tus padres, de la alegría de tus hermanos, y de los amigos que quedaron? ¿Tanto deseaba ser periodista en Madrid como para perderme el mar y una mirada furtiva a las murallas de un rey hacendado?
No. Lo que, al principio fue una huida a destiempo, una salida de pista, con los años se destapó como la jugada de un estratega consumado.
Ceuta te abre los brazos si guardas los años con paciencia, y tienes la fe de un pastor que vigila su reposo y su rebaño. Es mi caso, acaso aislado.
Con veinticinco años volví para reconstruir las ruinas de un rey sin estado: era un maestro de tenis de mesa sin cuerpo y sin gimnasio; un escritor sin vista, sin letra y sin relato; y un músico de rock sin instrumento y sin descaro.
El tiempo que trascurrió desde esa noche en la Pedriza hasta arrojar la toalla, fue una espiral de dolor, de mentiras, y de quebrantos. Es así que escribí mi decisión en un papel y lo quemé para que esa decisión formara parte del todo y del espacio.
Existe un lugar donde el aura recubre las cosas y los modos, y que da condición mágica a ese ser que es la creación. Otra cosa es la oportunidad, la felicidad, la victoria de los amigos y de los hermanos que quisimos.
Ahora, mis cenizas se han levantado.
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