Vivimos una época en la que no dejan de ocurrir numerosas turbulencias políticas en los medios de comunicación y en las llamadas redes sociales. Esa parece ahora ser la moda populista inventada por la clase política y también la manera vulgar de hacer teatro para llamar la atención, allí donde cualquier político que se precie de serlo debería saber aprender a ser y estar para comportarse con la responsabilidad, la seriedad y el rigor que le es dado mantener para hacerse más digno del cargo que representa, por el solo hecho de poseer un carnet que no es siempre otorgado en base a los principios constitucionales de "mérito" y "capacidad", para, con ello, dignificar más la política, sino que, en demasiadas ocasiones, le es concedido más bien en función de la afección política y la sumisión genuflexa que tributan a sus jefes.
Y es que, con frecuencia, se conocen fraudes y casos de desordenada y pésima gestión llevados a cabo por servidores públicos que deberían respetar más, por sí mismos su sacrosanta obligación de gestionar y administrar los bienes que manejan con eficiencia, con honesta y pulcra rectitud, cuando les sean confiados los bienes públicos para que los administren con eficiencia, con eficacia y de forma solvente, con el mismo celo, diligencia y respeto por lo ajeno, tal como lo haría un buen padre de familia para su hogar y su hijos.

Nunca fui político, pero durante más de 50 años, he prestado servicios a la Administración Civil del Estado como funcionario de carrera perteneciente a un Cuerpo Superior de Investigación en el Ministerio de Hacienda, desempeñando puestos de trabajo de dirección y especial responsabilidad, habiendo estado a veces al frente de plantillas de hasta unos 300 funcionarios y teniendo que administrar elevados medios económicos. Y de verdad que ahora no alcanzo a entender el desbarajuste, el despilfarro, la confusión y la deliberada dejación de funciones que se suele poner en la gestión y administración de los bienes públicos, que no por ser públicos, "no son de nadie", como irresponsablemente se ha llegado a decir por algún desaprensivo, sino que son de todos, y también todos debemos velar por ellos y gestionarlos en la debida forma que corresponda.
Ahora bien, no todos los administradores de lo público se comportan de manera negligente. Siempre hay honrosas excepciones en las que las personas que han estado, o siguen estando, al frente de alguna relevante responsabilidad política o funcionarial, nos dan buen ejemplo de la óptima diligencia y honesta gestión que aquí defiendo que todos debemos hacer. Y ese ha sido el caso ejemplar de un ex alcalde de la localidad más pequeña de Extremadura, concretamente, se trata de El Carrascalejo (Badajoz), aldea con sólo 3 calles, 42 casas y 78 vecinos empadronados, que, aun cuando, de forma real y efectiva, diariamente sólo viven unos 15 vecinos en el pueblo, los fines de semana se llena a rebosar de gente y de vida, pero en cuanto llega el domingo por la tarde, la inmensa mayoría comienza ya con los coches a desfiar camino de los lugares de su procedencia. Y es que, en dicha localidad se vive de la forma más tranquila, en paz y en buena armonía, encontrándose siempre la sana amistad, la pacífica convivencia, la mano tendida y el gesto amistoso. Además, vivir en El Carrascalejo es tanto como reencontrarse con la más pura naturaleza, respirando aire puro y limpio, alejado de los ruidos, de los humos y de la polución atmosférica.

Pues, un ejemplo bien elocuente de la honestidad, honradez y sana convivencia que en el pueblo se vive, se puede ver en que quien fuera su penúltimo alcalde, José Antillano Palencia, que gobernó el pueblo durante ocho largas legislaturas y, nada más y nada menos que 32 años, habiendo sido siempre designado en las sucesivas elecciones locales por mayoría absoluta, en elección tras elección, sin haber tenido que recurrir al apoyo de ningún partido, porque siempre se ha presentado como "independiente" y sin tener que someterse a las directrices de nadie, sin tener otra adscripción política que no fuera la de ser completamente "independientes", fue el caso del ex alcalde, Antillano Palencia, que permaneció ininterrumpidamente al frente del Ayuntamiento, hasta las últimas elecciones locales, a las que no quiso ya presentarse más veces, para así dar paso a un nuevo equipo joven que pudiera aportar savia nueva, con renovadas ideas y proyectos.
Más, vivir en El Carrascalejo, es tanto como vivir en un pueblo, pero también en el campo e igualmente en Mérida; porque el pueblo está rodeado de dehesas con extensos y frondosos encinares y tierras de labor que, prácticamente, llegan a las mismas puertas de la población y, viviendo en él entre su frondosa arboleda, parece como si se estuviera en el mismo pulmón de oxígeno por el que El Carrascalejo y sus vecinos respiran. La pequeña localidad se halla ubicada a sólo unos quince minutos de Mérida, en coche, y eso equivale casi a vivir en una de las barriadas de la misma capital extremeña. La gran mayoría de las viviendas están construidas en lo alto de un cerro alomado, desde cuya altura se divisa por todas partes un amplio horizonte que alcanza hasta allá en la lejanía, donde la mirada se pierde pareciendo juntarse la tierra y el cielo; con preciosas vistas placenteras. que dan al ambiente mayor vistosidad, riqueza y colorido. Sus habitantes son muy buena gente, que viven en paz y en perfecta armonía, tratándose unos y otros de forma cercana y casi familiar, siendo todos gente pacífica que mantienen entre sí estrechos lazos de amistad y de sana convivencia.

Pues, uno de esos habitantes, es José Antillano Palencia, cuyo cargo de alcalde lo ha desempeñado durante los 32 años que ha durado su prolongado mandado. Y, al menos quien escribe, que por razones familiares conoce bien al pueblo y sus vecinos, cree que ha hecho toda una obra de buen gobierno y honesta administración, haciendo del lugar un sitio agradable y acogedor. Y si bien este ex alcalde apenas da importancia a tan dilatada obra de buen gobierno, porque dice que para eso fue para lo que el pueblo lo eligió y cree que todo lo que ha hecho se lo imponían su obligación y su serio compromiso con su pueblo, pero yo, que conozco bien su dilatada trayectoria y que, al igual que él, me siento totalmente independiente y procuro comportarme con imparcialidad objetiva, bien que sé toda su ejecutoria y de las numerosas gestiones por él realizadas en Mérida y Badajoz ante la Junta de Extremadura y las de más autoridades, siempre tratando de mejorar el bienestar y el nivel de vida de quienes viven en el pueblo.
Y es, por ello, que sinceramente creo que la obra de este ex alcalde se merece algún homenaje o, por lo menos, que se conozcan y salgan a la luz el enorme interés que siempre ha puesto en promover, fomentar y conseguir la inmensa mayoría de todo lo que ha gestionado con vistas a favorecer a su pueblo; cuyas obras y realizaciones más importantes por él ejecutadas, a grosso modo, han sido las siguientes:
En primer lugar, debo resaltar que, el ex alcalde José Antillano Palencia, durante el largo mandato ejecutado en la alcaldía de El Carrascalejo, nunca llegó a percibir remuneración alguna en concepto de percepción de sueldo, al que, desde el principio hasta el fin, renunció voluntariamente. Un flagrante rasgo de su honestidad y buen gobierno es que, al terminar su gestión como alcalde, entregó al nuevo equipo municipal que resultó elegido, la importante cantidad, para ser un pueblo tan pequeño, de 185.000 euros que en ese momento el Ayuntamiento tenía de remanente, gracias a su óptima gestión y saneada, administración de los presupuestos disponibles. Y eso lo hizo, tal como como verdaderamente eran su deber y su obligación, pero no todos los alcaldes salientes tienen tan limpio y honesto proceder.

En cuanto a las principales obras por él realizadas y su equipo, fueron las siguientes: Construcción del Centro Cívico. Reforma del Ayuntamiento. Reforma de las Escuelas Públicas. Construcción del edificio de Servicios Múltiples y Consultorio Médico. Construcción del Archivo Municipal. Construcción de dos grandes naves¬-salón aptas para celebrar bailes, conferencias, recepciones, etc. Construir calles en el pueblo Camino de Santiago, calle de la Cuesta, calle Camino de la Estación. Pavimentación de todas las demás calles. Ampliación de la calle Mérida. Reforma del Cementerio. Plantación en Camino del Cementerio de pinos y cedros ya muy crecidos que sirven de ornamentación y sombra. Construcción del colector de saneamiento. Reforma y empedrado del pequeño mirador del lateral norte de la iglesia, haciendo del mismo un precioso mirador desde el que se domina a larga distancia toda la parte norte de los alrededores del pueblo. Instalación del alumbrado público con farolas metálicas. Construcción de un polideportivo en la margen izquierda de entrada al pueblo. Asfaltado de los caminos de Mirandilla y del Moro, más el arreglo y reparación de los demás caminos vecinales. Creación de un gimnasio deportivo público. Ajardinamiento de la carretera de entrada al pueblo, con construcción de aceras a ambos lados y la siembra de preciosos rosales que le da realce y vistosidad. Creación y acondicionamiento del parque de la Rinconada. También creación del parque de las eras con su correspondiente alumbrado con farolas metálicas 100 % solares. Construcción de la gran obra del Albergue Municipal para los peregrinos en la salida norte del Camino de Santiago, así como el restaurante anexo, en el que los peregrinos de la llamada Ruta de la Plata hasta Santiago, pueden comer y pernoctar. Construcción de la rotonda de salida en el mismo Camino, con la instalación de una estatua metálica, representando a una mujer con niño en brazo y un cántaro de agua al cuadril a modo de genuina costumbre representativa de cómo antiguamente iban las mujeres del pueblo a por agua a la fuente que está al lado del camino de Aljucén. Instalación de papeleras, bancos. Construcción de la red de agua potable, primero para traerla de la fuente del pueblo y luego gestionar las tomas del Pantano de Cornalvo. Compra e instalación de aparatos de gimnasia para todo el público. Implantación en el pueblo del sistema de riego por goteo, con el consiguiente ahorro y racionalización del agua en tiempo de pertinaz sequía. Derruir y retirar el antiguo depósito del agua construido en lo alto del tejado de la Iglesia, que rezumaba humedad con grave perjuicio de filtraciones para el propio tejado y también para la misma iglesia, aparte de la mala impresión que daba ver un depósito de agua adosado al tejado del templo. El acerado interior con baldosas de la propia iglesia, etcétera.

La Iglesia de El Carrascalejo, informo, que está bajo la advocación a la Virgen del Camino, aunque también los feligreses rinden allí culto y profesan especial devoción a la imagen de Nuestra Señora de la Consolación. La construcción del suntuoso y monumental templo, data de la primera parte del siglo XVI, sustituyendo a otra iglesia anterior y obsoleta y en mal estado de conservación, de la que se aprovecharon sus muros de cantería. Se trata de un templo de una sola nave, dividido en dos tramos; el primer tramo, cubierto de cúpula en forma de media naranja; el segundo tramo, con cubierta de madera. El interior del templo tiene su capilla mayor separada por un monumental y precioso arco en forma de ojiva, con grandes piedras graníticas, de estilo plateresco. En el lado del primer tramo de la Iglesia de El Carrascalejo, se edificó la pequeña capilla para la Virgen del Camino, en el siglo XVIII.
Antiguamente, esta iglesia tuvo adscritas a su alrededor dos ermitas sufragáneas, la de San Cristóbal, del siglo XVI, que cita el historiador de Mérida y pueblos de su comarca, Moreno de Vargas, en su libro escrito el año 1633. En la parte exterior de la fachada lateral del templo, que da a la calle principal y dibujadas en relieve sobre una de sus piedras, figuran labradas dos espadas cruzadas, cuyo significado he investigado que se debió, a que, desde el siglo V y hasta el siglo XVIII, dicho emblema religioso de las dos espadas cruzadas tenía como significado que, durante tal período, el poder espiritual prevalecía sobre el poder terrenal de los hombres.






