El anuncio de ‘pondremos fin a las avalanchas’ ha pesado mucho en la hilera de compromisos adquiridos por la Delegación del Gobierno. El problema radica en el empecinamiento de la clase política en colocarse medallas. Les ciega. Apuran la carrera para poner el parche antes de la herida y cuando esta mana, ya no hay quien la pare.
La frontera es un problema al que nadie ha conseguido ponerle la clave resolutiva porque vivimos atrapados en una serie de complejos, de condicionantes y de intereses que tiran por tierra cualquier solución sana y transparente. Curiosamente ayer tuve que mirar una portada de este periódico del año 2001, agosto por más señas. Era la misma que se publicó ayer: guardias civiles intentando contener a cientos de porteadores que querían sacar su mercancía a Marruecos. Han pasado 17 años y tenemos el mismo problema enturbiado por las acusaciones políticas de los unos y los otros, incapaces, durante su mandato, de terminar con lo que se ha tomado como una partida.
En esas estamos ahora. A ver quién gana. La solución, el nuevo mecanismo, consiste en mandar a los GRS a blindar el Tarajal. Lo que traducido en el idioma de andar por casa, consiste en tener a los guardias uniformados, porra en mano, persiguiendo a hombres y mujeres cargados con bultos, para echarlos hacia la Almadraba. ¿Evitamos el problema? No. Solo jugamos a ver quién se cansa antes, a ver cuánto aguantan los GRS así y el perímetro de la otra manera, a ver cómo se tienen que ajustar los tiempos para que, en esta especie de juego del gato y el ratón, unos no ganen la partida.
Y así llevamos años, temporadas con más o menos presión, semanas en las que todo va bien o todo va mal, pero la clave sigue estando viva y sin soluciones reales.
De trasfondo está el debate abierto y sostenido entre España y Marruecos para cerrar el porteo. Empezaron con Melilla, seguirán con Ceuta, aunque lo disfrazarán de informe social para evitar la lluvia de críticas. El tiempo traerá consigo un bloqueo que asoma sin que se hayan fijado garantías suficientes para remodelar la actual situación económica que se sostiene detrás de ese negocio.
En vez de dar pasos, damos saltos tan torpes que asustan. Quizá porque exista una mayor preocupación en la forma de llevarse a casa el titular del ‘fin a la locura del Tarajal’, en vez de razonar cómo y de qué manera lo estamos escribiendo.






