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“Estamos satisfechos de haber logrado algo que no creo que volvamos a vivir”

Los policías José Miguel Pitalúa y Abdelila Abdeselam vivieron una experiencia única al asistir a S.E.B. que dio a luz a su tercer hijo.

Es frecuente que a la frontera del Tarajal llegue alguna mujer en proceso de parto. Pero siempre la ambulancia llega a tiempo de llevarla al hospital. El pasado domingo por la tarde, la naturaleza no entendió de tiempos e hizo su trabajo, como también y tan bien hicieron José Miguel Pitalúa y Abdelila Abdeselam Mohamed. Ambos policías prestan servicio en el puesto fronterizo y asistieron el parto de S.E.B. que ya descansa en el hospital universitario con su tercer hijo.
Un día después de traer al mundo a un niño, los dos policías atendieron a El Faro en un día para las felicitaciones de jefes y compañeros. El alumbramiento no solamente sorprendió a la propia madre que salía de cuentas a finales de mes, sino también a los propios policías que vieron que el parto era inevitable.
La parturienta, ya en proceso de parto, llegó a la frontera del Tarajal acompañada de su hermana. “Andaban despacito, tranquilas, y activamos el protocolo habitual que es llamar al 112 y esperar a que venga la ambulancia”, recuerda el agente Pitalúa. Sin embargo, en el mismo momento de la llamada la mujer sufrió una contracción. Intentaron sentarla en el banco que la Policía tiene en la oficina del puesto fronterizo, pero no le fue posible.

El curso de la naturaleza
“Se relajó y en menos de un minuto volvió a gritar de dolor y a decir ‘que viene, que viene’. La tumbamos en el banco y ella misma se bajó un poco los pantalones, tipo malla, que llevaba. Claro nosotros no queríamos tocarla mucho porque pensábamos que estaba nerviosa, pero la hermana le quitó una compresa que llevaba y vi que ya asomaba la cabeza del bebé. Ya era inevitable y lo que hice fue poner una pierna en el banco y otra sobre mi hombro”, afirma Pitalúa, que recuerda los pasos a dar en un parto en el curso que recibieron hace poco, gracias a la colaboración entre la UFP y el Ingesa. “La coloqué como nos dijeron en el curso para que el bebé nazca de manera natural”.
Mientras su compañero, el agente Abdeselam, comunicó al 112 que el bebé ya estaba naciendo. “Fue un momento en el que los nervios están a flor de piel. La médica del 112 me daba instrucciones y yo se las decía a mi compañero. Lo más importante es que la mujer esté tranquila, se sienta protegida y segura. El parto era algo que no se podía evitar. Hay que dejar que la naturaleza haga su trabajo”, explica el agente Abdeselam.
Uno de los consejos que el 112 les dio a los agentes fue que colocaran una almohada en la espalda de la parturienta para que se sintiera más a gusto. Pero en la frontera no disponían de este material y en su lugar pusieron unos paquetes de papel higiénicos aún en su envoltorio a modo de cojín.
Pasada la primera impresión de ver la cabeza del bebé coronar, el agente Pitalúa explica que en ese momento no hay tiempo para pensar. Hay que actuar. Siguiendo las indicaciones de los facultativos a través del teléfono y con la suerte de tener ante sí un parto sin complicaciones, todo fue como la seda. “Una vez salieron la cabeza y los hombros el resto del cuerpo salió muy muy suave. En cinco segundos el niño rompió a llorar y ese fue el momento más grande”, recuerda emocionado el policía.
Por su parte, el agente Abdeselam recalca que dentro del trabajo policial en la frontera, esta labor  de asistencia humanitaria si bien no es la cara más conocida es una de las más habituales. Una vez pasadas la tensión y los nervios, solo queda lugar a la satisfacción de haber vivido una experiencia única. El agente Abdeselam cogió un abrigo de su esposa que tenía en el coche y con él abrigó al bebé para que no cogiera frío. Ambos agentes colocaron al recién nacido en el pecho de la madre. “Ha sido un día especial. Una alegría impresionante por el trabajo humanitario. Es increíble”, asegura Abdeselam.

Una visita al hospital
“En esta ocasión nos ha tocado intervenir y todo fue bien. La naturaleza es sabia, venía el niño sí o sí. Estamos muy satisfechos de haber conseguido algo  que no creo que lo volvamos a vivir”, apostilla el agente Pitalúa.
Una vez que los dos agentes finalizaron su turno acudieron al hospital para comprobar que la mujer y el niño se encontraban bien. “Cuando llegamos el bebé estaba durmiendo y la mujer con los ojos llorosos, pues muy agradecida, muy contenta. Es increíble, una experiencia inolvidable”, comentan los dos policías.

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