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Esperanza en el ‘volver a empezar’

El empezar desde cero decretado por la Ciudad para reordenar el proceso de adjudicación de las 317 VPO de Loma Colmenar vivió ayer su capítulo inicial en las oficinas de Emvicesa con el desfile de los primeros centenares de candidatos.

Ese regreso a la casilla de salida para más de 4.000 aspirantes a hacerse con alguna de las viviendas protegidas arrojó la instantánea inicial de una cola que giraba la esquina del Ceuta Center, con solicitantes guardando turno desde la madrugada, pero resultaría un espejismo porque media hora después la aglomeración se había diluido y se limitó tan sólo a un goteo incesante de ciudadanos. El arranque en la fase de entrega de solicitudes vio pasar por las instalaciones de la empresa pública de la vivienda a 530 peticionarios, de ellos casi 450 en horario de mañana. Por delante quedan aún otros nueve días para aportar documentación –hasta el 31, incluido el sábado 25 y con la única excepción del domingo– pero la obsesión colectiva de no quedar fuera del nuevo proceso recién inaugurado condujo ayer hasta la segunda planta del edificio al primer grueso de candidatos. Todos ellos con pocos folios en la mano: generalmente sólo la solicitud que publicaba el Boletín Oficial de la Ciudad en su edición del lunes y una fotocopia del DNI. Cumplido el trámite, ágil y sin más dilación que un puñado de minutos, cada integrante del Registro de Demandantes –contar con una antigüedad mínima de tres meses en esa base de datos es una de las condiciones imprescindibles– salía de las oficinas con un resguardo en el que aparecía un número. Ese preciado dígito será el que, en caso de coincidir con alguna de las bolas que salgan del bombo en noviembre, entregará a los afortunados las llaves de su ansiada vivienda. No hubo incidentes ni aglomeraciones, en buena medida porque Emvicesa había movilizado a todo su personal para evitar retrasos y por un dispositivo de seguridad formado por cuatro personas –dos vigilantes y dos auxiliares– en contacto continuo entre el exterior y la segunda planta que coordinaba el acceso de los solicitantes. Y en la antesala de la sede de Emvicesa –a escasos metros de las oficinas de Menores que hace semanas vieron agolparse a decenas de periodistas por el caso de Adou, el niño de la maleta– una coincidente doble sensación: satisfacción a la salida por saberse ya, por fin, dentro de la bolsa de aspirantes y, sobre todo, esperanza en que la suerte sea benévola a finales de año. Hubo quien como Susana María Paredes inauguró la cola a las 5 de la madrugada, quien como Mohamed Mohamed se hizo con el segundo puesto tras un par de cabezadas en el coche y un tercero, Said Abdeselam, que se acercó hasta el Ceuta Center a las 5:15, pidió la vez y aún sin amanecer mató el sueño en un banco cercano. A partir de ahí, historias con distintos ingredientes pero que confluyen en un mismo epílogo: “necesito una vivienda”. Era la frase más repetida.Coincidencia en el diagnóstico final pero disparidad al valorar la reedición del proceso porque, como diría el castizo, cada cual cuenta la Feria como le fue: quienes no aparecieron en la lista fantasma celebran la segunda oportunidad que se les abre, pero los que vieron su nombre y apellidos publicados en aquella relación no oficial lamentaban ayer que la alegría se les haya esfumado entre los dedos. Habiba Mohamed, que acudirá en noviembre al sorteo con el número 41 en su mano, era ayer de las del primer grupo. “Estupendo que se repita todo porque esas listas no eran correctas: ha habido muchas cosas raras”, concluía. Vecina de Hadú, reza para que esa suerte que le ha sido esquiva en otras adjudicaciones gire ahora y la saque de la vivienda que comparte con otras tres personas. La esperanza guiaba también a Ángeles Domínguez, residente en Juan Carlos I y con el número 49 estampado en la documentación. Confía en ser uno de los 317 afortunados y estrenar vivienda en 2016 porque, asegura, el 67 por ciento de minusvalía que sufre se agrava y le impedirá “salir a la calle en un año” desde su casa actual. “Nunca he estado en ninguna lista definitiva y espero que sea ésta la primera vez”, augura. María de África, a sus 26 años, era ayer de los solicitantes de menor edad. Debuta en el proceso con el sinsabor de ser una de las afortunadas que aparecía en la relación de beneficiarios invalidada hace semanas. “Aquí estamos tras el chasco”, confesaba antes de reconocer sentirse “fatal” tras haberse “hecho demasiadas ilusiones”. Su deseo es simple: lograr una VPO que le permita fundar un hogar junto a su actual pareja, con la que comparte una hija. Hasta entonces les aísla la distancia: ella vive en Los Rosales, “en un cuarto y compartiendo con otras tres personas”, y él en el Morro, cada cual con sus respectivas familias. Asia aporta otra de tantas historias que acompañan a los candidatos. Su nombre también figuraba en el listado inicial, el mismo que acabó en la papelera tras la filtración a un medio de comunicación. Se siente “mal”, aunque esperanzada en que “se abra una investigación para aclarar quién ha pagado por las viviendas”. De momento sobrevive de alquiler en la calle Argentina con ayudas de Asuntos Sociales. En casa son ocho, seis de ellos menores. “Hay mucha gente en mi misma situación, y conozco a muchas personas que han sido incluso desahuciadas. Tienen que remediar esto”, reclamaba. Un manojo de relatos de los 530 que cumplieron ayer el trámite de inscribir su nombre en el nuevo listado que dará derecho, a 317 de ellos, a recoger unas llaves en apenas cuatro meses. Hoy, de nuevo turno para otros centenares. De 9:00 a 13:00 y de 17:00 a 19:00. Todos con su solicitud bajo el brazo y la ilusión a cuestas.

Una cola de sólo media hora y sin incidentes

Emvicesa había tomado buena nota del tumulto que vivieron los pasillos del Ceuta Center en las horas siguientes a la publicación, hace semanas, del listado no autorizado de los supuestos adjudicatarios de las VPO. Quizás por eso la organización estaba ayer cuidada al detalle. Una valla delimitaba el acceso al edificio, controlado por un vigilante de seguridad que repartía solicitudes a quien no la hubiera cumplimentado en casa. Otro compañero hacía lo propio en la primera planta y dos más custodiaban la puerta de acceso a las oficinas. La subida a la segunda planta se hacía en pequeños grupos, sin aglomeración y en un trámite rápido de recepción de documentación. Tanto, que la fila inicial de las 9:00 había desaparecido media hora después y no hubo incidente alguno.

Susana, la primera, en cola desde las 5:00

“Soy la primera. En la calle llevo desde las 5:00 de la madrugada”. Susana María Paredes Casado aguardaba apenas unos minutos antes de las 9:00 en la puerta de las oficinas de Emvicesa el momento de inaugurar la recogida de documentos. Vecina de Manzanera y madre de dos niños, paga 500 euros por su vivienda habitual. “Hija de Ceuta y nunca he aparecido en ningún listado”, lamenta. Desde hoy tiene puesta la mirada ya en el mes de noviembre.

 

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