El ceutí Jesús Zurita disertó sobre arte en el Campus con ‘Depredación consentida’

Pese a confesar que “ni quiero oír hablar del éxito” porque esa palabra le produce vértigo, la trayectoria del artista ceutí Jesús Zurita lleva implícita ese término. La pintura, el dibujo, la ilustración, el mural, poco deja de lado cuando de lo que se trata es de enfrentarse al espacio en blanco. Y es que este licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Granada ya ha protagonizado varias exposiciones individuales en ciudades como Badajoz, Madrid y Nueva York.

Durante su trayectoria profesional ha cosechado, además, diferentes premios como el Grupo Lozano, el de dibujo de la Fundación Centenera-Jaraba, el Iniciarte y el Adaja. Precisamente de su carrera y de cómo está directamente ligada su vida personal versó ayer en el Campus Universitario en la conferencia que tituló ‘Depredación consentida’.

Una conferencia a la que intentó dotar de un aspecto didáctico porque “es muy complejo abrirse”. Precisamente por este motivo, por la dificultad que supone compartir y exteriorizar los sentimientos Zurita definió con ese título a su ponencia.

“Cuando te prestas a abordar temas tan personales los tienes que consentir”, señalaba. Fue un camino que transitó con los alumnos de AULACE a lo largo del que fue indagando sobre las diferentes etapas de su carrera, directamente ligadas a su estado personal.

Su obra nació ajustada a unos parámetros que, confiesa, se “impuso” pero simplemente se presentaron como un “apoyo” para que la obra evolucionase y fluyese. Su faceta de dibujante le llevó a adentrarse y experimentar en el mundo pictórico hasta derivar en lo que define como una de sus mayores “gratificaciones”: el mural.

Una técnica compleja pero que a Zurita le permite expresar el arte en su máximo esplendor. “Tengo la oportunidad de conversar con la arquitectura, con los diferentes accidentes que hay en una sala y establecer un recorrido que conecte al espectador con la obra. No es un arte contemplativo, consiste en narrar una historia en la que plasmas cómo llegas a él y cómo te vas”, explicaba.

De sus palabras, de su voz y su cadencia se desprende un profundo amor hacia el arte en cualquiera de sus manifestaciones, pero sobre todo hacia el pictórico, pese a definirse como un dibujante. Es ese arte al que tanto le debe y tan bien se ha comportado con él.

“Soy uno de los poquísimos afortunados que puede decir que vive plenamente de esto, pero no quiero hablar muy alto”, expresaba. Un arte sobre el que se cierne “un mundo complejo”, al que define como “un campo lleno de minas e imposiciones” que, al menos a él, no le han atrapado.

Para Zurita abrirse hueco como artista es “tan complicado como peligrosamente simple”, además en nuestro país juega con el agravante de que “está todo en nuestra contra”.

Manifestaba que existen muchas carencias profesionales, de coleccionismo y un negocio “muy peligroso” con las galerías. “Los galeristas cuando tienen a un artista que está alcanzando cierto valor entienden que pasa a ser de su propiedad”, declaraba. Sin saber cómo explicar la fórmula, Zurita apunta que el mejor camino es saber complementar los innegables negocios que se mueven alrededor del arte, pero sin olvidar la pasión y “siendo siempre muy honesto contigo mismo”.