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“Escuché una fuerte explosión. La gente corría sin dirección”

Por Redacción
22/03/2016 - 21:57

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“Escuché una fuerte explosión. La gente corría sin dirección”. Una ceutí y su hija de 13 años cogieron el metro en Maelbeek un día antes de volver a Ceuta. Izaskun Bernal y Manuel Sánchez nos cuentan lo ocurrido en el Barrio Europeo.

El terrorismo vuelve a azotar al corazón de Europa. Esta vez en Bruselas. Una explosión en el aeropuerto de Zaventem y dos en el metro de Maelbeek en el llamado Barrio Europeo, donde se ubican todas las instituciones europeas. Testigos de estas explosiones y ceutíes que han vivido de cerca estos sucesos explican a El Faro cómo han vivido todo lo sucedido. El joven tunecino Ibrahim Benzala iba de camino al aeropuerto cuando le sorprendió la primera explosión. Acababa de salir del tren para coger el avión de vuelta a Túnez. “Escuché una explosión fuerte. La gente gritaba y corría sin dirección”, aseguraba en declaraciones a este diario. Dos ceutíes, una madre y su hija de 13 años se disponían a volver a Ceuta hoy, pero los atentados han aplazado los planes. Estaban de vacaciones con un grupo de amigos. La asesora del Grupo Socialista en el Parlamento Europeo, Izaskun Bernal, y el consultor de la Comisión Europea, Manuel Sánchez  de Nogués, ambos ceutíes, residen y trabajan en Bruselas, en el llamado Barrio Europeo, donde se produjeron las dos explosiones pasadas las 09.30 horas.
“Calles, grandes ciudades... están vacías tras la explosión. Toda la gente abandonó el aeropuerto y se dirigió hacia el exterior, a las estaciones de tren... y después hubo una explosión en las estaciones de tren”, explicó el joven tunecino Ibrahim Benzala, quien estaba en la capital belga en una visita familiar.
Ayer se disponía  a coger el avión de vuelta a Túnez, pero este joven de 28 años, aún impresionado por lo sucedido, explica a El Faro que optó por coger un tren a Luxemburgo para tratar, desde allí, volver a su tierra natal. Tras la explosión en el aeropuerto, logró coger un tren antes de que todas las comunicaciones en la ciudad fueran suspendidas. “Cancelaron la mayoría de los vuelos, era una explosión muy grande, toda la gente abandonó el aeropuerto hasta que se tranquilizara la situación y después volvimos a la estación”, indicó.

De visita familiar
Ibrahim Benzala asegura que los primeros momentos fueron de mucha confusión porque realmente no se sabía qué había ocurrido y reconoce que sintió miedo y preocupación, por ello llamó inmediatamente a su familia para decirles que estaba bien.
“Viajaba solo e iba a visitar a mi familia. Cuando escuché la explosión volví en ese momento. Había muchos policías que desalojaban a la gente hacia el exterior. Era un momento duro. Es la primera vez que me pasa esto... con la explosión. En ese momento no sabía lo que pasaba exactamente. Más tarde nos enteramos de lo sucedido”, explicó.
De camino a Luxemburgo, el joven de 28 años añadía que “era tan fuerte la explosión que la gente que estaba en las cafeterías sintió el estallido, todos se alejaron por el estallido. Gracias a Dios, todos estamos bien”.

De visita con amigos
Mamen de las Heras es una ceutí a la que los atentados le sorprendieron en Bélgica junto a su hija de 13 años y unos amigos. Llegó el sábado a Brujas y pensaban regresar a España hoy mismo. La barbarie terrorista lo ha impedido. De hecho, han tenido que regresar al hotel en donde se alojaban confiando que en las próximas 24 horas puedan reanudar la conexión perdida.
“Hoy nos marchábamos. Pensábamos coger el avión a las 15.30 horas y por llegar un poco antes y no estar agobiados por no saber circular en el metro o en el tren queríamos coger la conexión de las 11.30 horas. Cuando fuimos a despedirnos de los amigos a las nueve de la mañana nos enteramos de que había habido una explosión. No sabíamos nada”, explica.
A partir de ese momento Mamen se vio asediada por las dudas generadas por la falta evidente de información. “Empezamos a llamar, a recibir información de Ceuta. No teníamos televisión en el hotel… al no tener imágenes estábamos tranquilos. Ahora que las vemos… ha sido muy fuerte… La segunda bomba ha sido en el metro que cogimos ayer… Hemos visto a muchos turistas deambulando con las maletas porque se han quedado sin hotel”.
Las horas posteriores al atentado se viven con nerviosismo e intranquilidad en Bruselas. Algo que es percibido en primera persona por Mamen y su hija. Salir a la calle, toparse con más Policía de lo normal, entrar en los establecimientos. Todo ha cambiado porque el ataque terrorista se ha vuelto a hacer palpable. Otra vez. De nuevo.
“En todos los establecimientos a los que hemos ido a comprar algo nos abrían la puerta rápido y nos decían ‘por favor, mantenerse en los hoteles, no salgáis’. Intentaban comunicarse con nosotros en cualquier idioma. Estaban nerviosos, con miedo, con mucha pena. Una chica nos comentaba que iban a cerrar, que todo el día iba a ser de pérdidas, que tenían miedo, que estaban ya hartos”, añadió esta ceutí.
Las calles de Bruselas han cambiado en cuestión de minutos. Lo explica De las Heras con cierto pesar. “Hemos visto mucha Policía, muchos soldados con metralletas y lo que es para nosotros Protección Civil”, completó.

Residentes en Bruselas
Una hora y media después de la explosión en el aeropuerto, se producían dos más en el metro de Maelbeek. Se trata de una estación que está muy cerca del llamado Barrio Europeo, pues allí se ubican todas las instituciones europeas. En el Parlamento Europeo trabaja Izaskun Bernal, asesora del Grupo Socialista, quien acudía a trabajar como cada mañana cuando le sorprendieron las explosiones. El ambiente en el Parlamento era tenso, pues muchos de los trabajadores son habituales de esta estación de tren para ir a trabajar.
A medida que avanzaba la mañana toda actividad programada en el Parlamento se ha visto cancelada. “Estaba yendo a trabajar. Iba escuchando las noticias en el coche y, bueno, asumiendo un poco la situación. La segunda y tercera explosión que ha sido en el metro y en una zona aquí cercana están aquí al lado. Llevamos toda la mañana escuchando sirenas, recibiendo noticias y también intentando verificar en la medida de nuestras posibilidades, pues, cómo está la situación en nuestro

entorno porque esta estación de metro donde ha habido una de las bombas, pues es una estación que cogen muchos compañeros para venir a la oficina”.
A medida que avanzaba la mañana las noticias llegaban con cuentagotas. La tensión y la preocupación eran generalizadas en las instalaciones del Parlamento Europeo. Bernal explica que, en general, “todos estamos en shock”. “La gente está tensa, preocupados, tristes, en shock... depende de con quién vayas hablando... pero todos en esa línea. Las diferentes reuniones que teníamos hoy, la verdad es que se están cancelando una detrás de otra y siguiendo la noticia a ver cómo evoluciona todo”, explicó.
“La verdad es que la información llega con goteo. Me atrevería a decir que nos estamos enterando de lo que pasa más por las noticias y la información de fuera que de aquí dentro, directamente. Pero bueno, yo personalmente y mi entorno, en estado de shock, pero intentando mantener la calma y reaccionando lo mejor posible”, apostilló.

Una ciudad blindada
Tras las explosiones, las calles se llenaron de servicios de emergencia, pero también de policía y militares. La ciudad suspendió todos los vuelos y el transporte urbano. La capital belga se mantuvo bloqueada durante horas y blindada por las fuerzas de seguridad.
“En el Parlamento Europeo inmediatamente han subido el nivel de alerta, que ya estaba bastante alto, pero lo han subido al extremo y ahora mismo recomiendan que no se salga del edificio, que mantuviéramos la calma. Veremos a ver cómo evoluciona, más o menos de la experiencia de hace unos meses pues este estado de alarma se mantendrá durante algunas horas o un par de días”, señaló Bernal.
El consultor de la Comisión Europea, Manuel Sánchez de Nogués, que fue redactor en esta Casa, trabaja en unas oficinas ubicadas a escasos diez metros de la estación Maelbeek: “De hecho, estaba cerca de la estación de metro cuando ha pasado. Yo generalmente voy en metro a trabajar, pero hoy he cogido el coche. He dejado el coche en un parking que está cerca del metro. He visto una humareda muy grande. He dejado el coche donde he podido, he salido a la calle”.

Como en las películas
Sánchez de Nogués ya conocía la primera explosión registrada en el aeropuerto de Raventem y llegó a Maelbeek justo después de la segunda y tercera explosión, a tenor del panorama que vio. “He salido por donde he podido a la calle, andando hacia la oficina. He visto escenas como en las películas y en la televisión, uno nunca espera verlo, pero al final lo he visto. Gente tirada en la calle con sangre en la cara y con las mantas térmicas que les ponen. Y después me he metido en la oficina y he llamado a mi gente para decirles que estaba bien”.
La confusión del primer momento y la atención a las víctimas que salían del metro heridas daba cuenta a Sánchez de Nogués de que las explosiones acababan de producirse. Este ceutí explica que ni siquiera la calle estaba cortada al tráfico, mientras aún salía humo de la estación de metro. Minutos después llegaban las fuerzas de seguridad y acotaban la zona. “He visto que iba mucha gente en dirección contraria a mí. Iban andando, hablando por el móvil, asustada, excitada, alguna llorando y ya vi que algo estaba pasando. Ya cuando salí a la calle olía a explosivo, pero no había escenas de pánico. No se las veía heridas, sino que era más bien personas que salían de las oficinas”, señaló.
Momentos después de que Sánchez de Nogués llegara a su oficina, la Policía belga les desalojó. “Al rato nos han evacuado. Hemos salido a la calle por una puerta trasera, no a la misma calle donde se ha producido el atentado. El metro está cerrado, los autobuses también... no funciona el transporte público. Y me he ido andando a casa”, agregó.
A pesar de la gravedad de los hechos, los trabajadores del Barrio Europeo supieron mantener la calma en todo momento. “Aquí el barrio es un barrio de oficinas. Todo son edificios europeos y la gente salía de las oficinas. Cuando he llegado a la boca del metro, ahí han cortado la calle, pues es indicio de que acababa de ocurrir, había alguna ambulancia, algún policía... A los cinco minutos ya cortaron la calle”.
“La gente pues con preocupación, llamando a sus seres queridos. Yo, cuando estaba en la boca del metro, intenté llamar a casa para decir que estaba bien, pero la red estaba saturada. Así que, esperé a llegar a la oficina para llamar por línea terrestre o por wifi. Es que la gente aquí es muy tranquila, no es de las personas que expresan sus emociones como nosotros que somos más expresivos. Aquí la gente es más contenida”, explicó Sánchez de Nogués.

El Ejército en la calle
Dado que la alerta terrorista estaba en uno de sus niveles más altos en Bélgica, los belgas se han acostumbrado a ver militares en la calle. Es una estampa habitual, pero ayer la indumentaria de los soldados daba cuenta de la gravedad de los hechos que se acababan de producir. Sánchez de Nogués explica que “hay mucha Policía en la calle, algunos atascos, y los militares también. Ha habido una presencia de los militares en la calle desde los atentados de París. El Ejército está en la calle, en el metro, en todos los edificios públicos e instituciones, en las grandes arterias... hoy más aún. Todos los militares van con casco, generalmente van con boina, armados con armas automáticas, chalecos antibalas y bueno la calle se veía mucho tráfico porque muchas calles están cortadas y eso provoca congestiones. Al mismo tiempo muchas ambulancias y coches de policía pasaban a toda velocidad...”, describió este consultor de la Comisión Europea.

Comunicaciones cortadas
La investigadora de la Universidad de Liege, Laurenne Bernes, que estuvo en Ceuta realizando su tesis sobre la frontera ceutí, también vivió ayer los atentados de Bruselas con especial preocupación. Se dirigía a una reunión con un organismo estatal cuando ella y los viajeros que estaban en el tren se vieron sorprendidos por los terribles sucesos. No vivió de cerca lo sucedido, pero sí que fue difícil salir de la ciudad para volver a casa, pues las comunicaciones estaban suspendidas.
“Está todo bloqueado, se empezó a paralizar todo. Sabíamos lo que había ocurrido en el aeropuerto, pero había una confusión monumental sobre lo que era. A medida que avanzaba el tren, pues ya empezaron a decir que había habido otra explosión en el metro”, explicó. Desde ese momento ya todas las vías de acceso y salida de Bruselas estaban cortadas. Claro está, la reunión a la que debía asistir quedó suspendida y, por ello, en cuanto pudo, volvió a su casa en las afueras.
En el casco urbano de la capital belga, sí viven amigos y compañeros de Bernes, con los que intentó ponerse en contacto, pero nuevamente, ayer Bruselas era una ciudad aislada, bloqueada, incomunicada y blindada.

 

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