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Por Un observador impertinente
25/08/2026 - 07:29
Imagen cedida

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El deseo de vivir y morir en Ceuta. Hace 46 años decidimos que Ceuta era nuestra ciudad para el futuro, donde queríamos anclar nuestro matrimonio y la familia que Dios nos diera. Trabajábamos los dos y yo lo hacía en la península, así que esperamos la oportunidad y en unos años regresé a casa, nuestra hija tenía por entonces dieciocho meses. Atrás dejé una incipiente carrera administrativa, una dirección de oficina, una buena y alegre capital de provincia que sigo amando, y la sensación de seguridad que se me ofrecía frente a ciertas incertidumbres de vida que siempre había evocado Ceuta en mí; incertidumbres que, con los años y una vida serena y plena, se fueron diluyendo.

Cuando hago recuento de lo vivido y rememoro las ausencias de familiares, amigos de juventud, compañeros de trabajo o vecinos, los que marcharon siempre me salen a ganar por goleada frente a los que nos quedamos. Así, de mi familia de origen cuatro hermanos viven fuera de Ceuta y dos permanecemos aún unidos a esta tierra; de los compañeros de clase sólo unos pocos siguen viviendo en Ceuta (entre ellos nuestro presidente, dos pupitres más atrás del mío); de los compañeros de trabajo que no eran de Ceuta casi todos fueron cogiendo las de Villadiego según se jubilaban y de los de aquí algunos también… y así podríamos ir desgranando la diáspora ceutí, cada uno con su historia, cada uno según su deseo.

Hasta aquí otros tantos ceutíes podrían contar lo mismo (lo del pupitre no) ya que mi relato es muy común en Ceuta, así que la pregunta se hace obligada, ¿por qué seguimos aquí? Así, a vuela pluma, me respondo que quizá sea porque cuando tienes estabilidad laboral, familiar, social y emocional no te planteas modificar tu modus vivendi, máxime si tienes aquí los hijos, tu patrimonio y un modo de vida que no serías capaz de igualar fuera de Ceuta; y quizá, también, porque cuando llega la jubilación y la posibilidad de afrontar este último punto de inflexión vital, al hacer la prueba del nueve -esa que repasa la “operación de tu vida” para ver si está bien hecho el cálculo-compruebas que lo que hiciste fue correcto y por lo tanto puedes ser feliz en tu ciudad en este nuevo y último estadio vital.

Pero nosotros, los que estamos en esta fase tranquila de la vida, somos sólo una pequeña parte del problema, y nos duele comprobar -seguro que lo pensamos muchos- cómo se siguen dando hoy los mismos factores negativos que influyeron en la diáspora juvenil (y no juvenil) de nuestra adolescencia. Factores que están por lo tanto en la génesis del problema y que parecen de difícil solución. Sea como fuere, los gobiernos de mi país -los de cualquier tiempo- están obligados a resolver el problema para salvaguardar el territorio, incidiendo es sus causas principales, a saber:

(1) la fuga de talentos y mano de obra, que la estadística de Variaciones Residenciales fija como el principal motivo de salida de jóvenes, pues al no contar la ciudad con una oferta universitaria completa cientos de estudiantes encadenan sus estudios con sus primeros empleos para ya no regresar; por otro lado, muchos de los formados en la ciudad buscan su proyección fuera, privados como estamos de un tejido industrial que incorpore nuestros profesionales al mundo laboral; (2) la calidad de vida, factor esencial a tener en cuenta hoy en día, pues las nuevas generaciones no se conforman ya con darse paseos por el Revellín; la ciudad se sitúa, actualmente, en los puestos más bajos del país en ese factor, que resulta ser decisivo a la hora de planificar la salida de la ciudad o el retorno a ella.

Por otro lado, Ceuta tiene que superar los bajos índices que ocupamos en los ranquin de bienestar social, al objeto de que las diferencias que se observan se minimicen y la ciudad deje de ser un volcán durmiente o polvorín de mecha vista. Sirva como nuestra el medallero local: en tasas de riesgo de pobreza y exclusión social tenemos de las más elevadas del país; en abandono escolar temprano y falta de infraestructuras educativas alternativas también nos dan pódium; en indicadores de salud estamos situados en el tramo inferior de la esperanza de vida; y el mercado inmobiliario es escaso y caro, aquí también estamos a la cola.

Aún así tenemos aspectos positivos que compensan y que debemos cuidar y mantener, como la seguridad ciudadana, un entorno tranquilo para la convivencia y el fácil cuido de nuestros hijos; o la proximidad de lo necesario para el día a día, la facilidad de la conciliación familiar a lo que ayuda la dimensión de la ciudad y un estilo de vida agradable entre lo urbano y sus entornos naturales.

Por eso, llegada la jubilación, y siendo conscientes de los pros y contras, decidimos con igual firmeza que cuando jóvenes reafirmarnos en nuestro deseo de permanecer en nuestra tierra, pues ahora las cosas sencillas son las que llenan nuestras vidas: la cordialidad de la ciudad, el buen clima, los amigos y conocidos de toda una vida con los que te saludas a diario, los recuerdos de la infancia y juventud que se hacen presentes en multitud de rincones (esos que permanecen en la memoria y unen los pedazos sueltos de tu existencia), el campo y la playa cercanos que te mantienen en permanente contacto con la naturaleza, o el poder disfrutar de una extensa oferta de ocio y actividades… y como no, si tienes la suerte de contar con tus hijos y nietos el poder verlos y abrazarlos todos los días es algo maravilloso… en fin, una ciudad que tiene lo necesario para que este último tramo de nuestras vidas sea tranquilo, amable, sin tensiones y fácil de gestionar en el día a día.

¡Y todo eso han intentado quebrarlo! En pocas horas la ciudad se estremeció con una afluencia de personas que, de forma inusitada e inédita, violentando los limites de la razón, quieren cambiar -de forma consciente o inconsciente- nuestras vidas. Ni en el peor de los sueños los ceutíes podríamos haber imaginado las escenas contempladas aquella mañana del 30 de julio.

Creo que todavía no hemos llegado a procesar la dimensión y gravedad de la situación vivida, pero en cualquier caso tenemos que ser optimistas con Ceuta, nuestra tierra, y luchar por desenmascarar a nuestros verdaderos enemigos, que los tenemos dentro y fuera.

Pasados los días pienso que Marruecos ha hecho su trabajo a la perfección. ¿Si sus gobernantes no aman a su pueblo, antes bien lo maltratan y desprecian, les va a importar la población ceutí, nuestro dolor, nuestras vidas? Llevan años poniéndole cerco a España, al que consideran su histórico enemigo, y por mucho que hablen de país hermano habrá que recordar que Cain y Abel también eran hermanos y ya saben como terminó la historia. Hace tiempo que el país vecino se compró un partido (el PSOE) y en el paquete iban incluidas las voluntades de muchos de nuestros políticos para defender sus intereses, lo que poco a poco ha ido consiguiendo para su desarrollo y beneficio de las castas dirigentes: propia, española y europea.

Los gobiernos de España, por el contrario, no han hecho bien su trabajo (con excepción de Perejil y ya conocemos sus consecuencias), pues llevan años consintiendo lo que es difícil de entender en España y en Europa (quedan fuera los políticos de la mamela, esos sí lo han entendido).

Sánchez y sus ministros tienen perdida la vergüenza, la política y la personal, también el partido que los sustenta. A los 23 días de la invasión que escribo no comprendo como los representantes locales del socialismo son tan ciegos como para defender la gestión gubernamental de este caos (hasta ahora se salvan sólo León y Guerrero); tampoco comprendo como los afiliados no les dan con el puño y la rosa a los de la sede de Daoiz donde más les duele, en su adhesión inquebrantable. Mienten continuamente, y no se ponen coloraos ni cuando ocultan la verdad ni cuando muestran su ineptitud. Cínicos que, con chulería, se muestran indignados con los lideres que nos visitan, supongo que por quitarles el protagonismo que no han sido capaces de tener ni con las visitas de sus siete ministriles. Todos incapaces de hacer propuestas alentadoras como las que han presentado recientemente Vivas (si hay alguien que se lo ha currado es él) y Feijoo; propuestas que nos devuelven la esperanza y la ilusión de que si llegan a gobernar el país, Ceuta aún tiene futuro.

¡Desde luego, con estos socialistas dirigidos por el que está solazándose en la Mareta di que no!

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