Hemos vuelto a los Estados Unidos de América. En esta ocasión ha sido para participar en la 141st Conferencia Anual de la American Public Health Associate (APHA), que se ha celebrado en Boston durante los días 2 al 6 de noviembre. Ha estado dedicada a reflexionar sobre las buenas prácticas locales en un mundo globalizado. Los trabajos que nos han seleccionado están referidos a investigaciones realizadas el año anterior en la Universidad del Estado de Nueva York (SUNY), sobre las causas estructurales de los accidentes laborales en los distintos Estados de ese país.
Yo siempre animo a los estudiantes, y a algunos de mis amigos, a que participen en Congresos y realicen estancias en otras Universidades. Ello te obliga a llevar a cabo un importante esfuerzo intelectual. También económico, pues cada vez hay menos fondos públicos para estas actividades. Pero los resultados suelen ser muy reconfortantes y formativos. Por lo pronto, te ayudan a salir de la rutina diaria y del pequeño mundo en el que nos movemos. En él, con demasiada frecuencia perdemos la perspectiva y el horizonte global de nuestras vidas. El efecto balsámico es inmediato.
Desde el punto de vista académico nuestra aportación creo que ha sido importante. Es el resultado de la investigación realizada el año anterior en la Escuela de Salud Pública de la SUNY, junto al psicólogo Paul Landsbergis, especializado en riesgos psicosociales en el trabajo. Después ha tenido que ser seleccionada entre unos cuantos miles de trabajos que se presentan a este acreditado y antiguo congreso de salud pública americano. Pero también se realizó siguiendo los consejos de colegas de la Universidad de Boston (Leslie I. Boden, profesor de Salud Pública, y David Weil, profesor de Economía en la Escuela de Negocios). El primero de ellos, incluso participaba también en este Congreso con una disertación acerca de los fallos de registro que tiene la encuesta oficial sobre accidentes y enfermedades laborales en los EEUU. Él ha sido el que ha tenido la amabilidad de leer y validar nuestra metodología de estudio y conclusiones antes de ser expuestas.
Lo que nosotros sostenemos es que en los Estados Unidos de América, al igual que en España y en muchos otros países, las causas estructurales más importantes de la siniestralidad laboral se pueden encontrar en la falta de experiencia y en el trabajo en condiciones precarias, que fundamentalmente se da entre los jóvenes de 16 a 19 años. Casualmente, una de las sesiones del congreso estuvo dedicada a las investigaciones sobre la salud de los jóvenes trabajadores. Los datos acerca de cómo estudiantes americanos, incluso por debajo de la edad legal de trabajo a los 16 años, realizaban largas jornadas laborales, causándoles graves problemas psicosociales, impactó a los asistentes. Lo curioso es que lo anterior corroboraba, en parte, nuestras conclusiones. Lo sorprendente es que en el país económicamente más desarrollado del mundo se reproduzcan circunstancias similares a las del resto. Pero, además de lo anterior, también obtuvimos otra importante evidencia, después de manejar miles de datos de los cincuenta Estados de ese país, en un periodo de más de diez años. El incremento del desempleo, en lugar de mitigar la siniestralidad laboral (a consecuencia de la menor población que trabaja), la incrementaba. Una de las posibles razones, ya detectadas por las investigaciones de los psicólogos sociales, podría estar en el tremendo estrés que sufren aquellos trabajadores que temen perder su puesto de trabajo.
Pero también hemos tenido tiempo para hacer algo de turismo. Tanto en Boston, como en Nueva York. El hecho de conocer ya las dos ciudades es una ventaja importante, pues te permite ir a aquellos lugares que más te interesan, pero ya sin la presión de los primeros viajes, en los que quieres verlo todo en un par de días. Así, en Boston nos hemos conformado con dar un paseo por su magnífico parque y con ver la Mary Baker Library, que contiene el legado de una mujer adelantada a su tiempo, que recopiló importante documentación de viajes y mapas. También nos hemos tomado unas pintas de la exquisita cerveza Samuel Adams en el mítico pub Cheers. En Nueva York, aparte de los paseos diarios por Central Park, que en otoño tiene un encanto especial, eran obligadas las visitas al Metropolitan Museum of Art y al Natural History Museum, en el que coincidía una magnífica exposición sobre las ballenas y otra sobre el Universo Oscuro. Así mismo a la clásica librería Barnes and Noble, para hacer unas compras; y al Dowstate Medical Center de Brooklyn, al objeto de saludar a algunos de los amigos que hicimos el pasado año.
Cuando se publique este artículo, nosotros estaremos volando de vuelta a España. La sensación que nos queda es la de una enorme satisfacción por haber cumplido uno de los objetivos que nos habíamos propuesto este año. También, por haber paseado al Campus de la Universidad de Granada en Ceuta, y a la propia ciudad, por el mundo. Creemos haberlo hecho con la dignidad debida.





