Por esa concepción de representación, es antinatural que la clase asalariada, estando en condiciones de enviar al Congreso a un número no pequeño de representantes propios, se conforme siempre con que la represente capitalistas o servidores de éstos, como abogados, periodistas, familias, etc. Debemos de reclamar nuestra representación en el Congreso, para que nuestras necesidades no se vean mermadas. No hay fuerza capaz de resistir un día siquiera a los asalariados cuando se encuentre organizados como un todo único, pues tenemos unos intereses propios, tanto políticos como sociales. Debemos hacer efectiva la participación del conjunto de la sociedad en todas las tareas de la administración y en todas las decisiones que afectan a cualquier ámbito de la vida social, con nuestros propios representantes.
Nosotros los asalariados, por ahora dormidos, bajo una organización fuerte donde se encuentren los distintos sindicatos existentes, todos con unos conceptos sociales comunes para ser defendidos en el Congreso, debemos luchar contra la “racionalización” y el paro forzoso donde nos están llevando las nuevas leyes laborales, esa organización debe adquirir una importancia muy diferente, incomparablemente más profunda, en medio de un descontento cada vez mayor y de una crisis aguda de todo el sistema. Siendo necesaria que esta organización se caracterice por su disciplina interna, reparto de funciones y la división sistemática del trabajo, genuina representación de la conciencia asalariada, el verdadero despertar de la conciencia, el antagonismo existente entre patronos y asalariados.
Por esa razón, los asalariados debemos tener representación propia en el parlamento, y cuanto antes mejor.





