El 29 de noviembre volveremos a las urnas. Era la noticia más esperada del lunes. No había vuelta atrás después de que el Congreso de los diputados no aprobara los dos decretos sobre la vivienda.
Nunca estaremos en la cabeza de Pedro Sánchez, es imposible saber sus estrategias, sus motivos, sus decisiones o el enfoque que pueda darle a un hecho. Lo cierto es que la legislatura ya hacía agua por todas partes.
Ceuta, los casos de corrupción, los cambios constantes a la hora de ejecutar su programa de gobierno, los pactos y apoyos parlamentarios con partidos que se limitaban a sacar tajada de la debilidad del ejecutivo a la hora de aprobar leyes, los presupuestos que no fueron presentados en la legislatura y el desgaste por parte de la oposición desde el minuto uno.
Las encuestas comienzan a hacer su agosto y ya se pronuncian en todos los medios de comunicación; será el plato diario de cada día hasta que las urnas dicten su veredicto.
Todo apunta al triunfo de una mayoría del PP y VOX que podrían obtener una mayoría absoluta.
Por otra parte, la izquierda aparece huérfana, perdida, sin rumbo, herida y en sus peores momentos.
Derrotar al sanchismo es una asignatura pendiente del socialismo. Un socialismo que pudiera aglutinar fuerzas progresistas y hacer frente al auge de la derecha y extrema derecha.
¿Será Sánchez capaz de ceder el mando?, ¿encontrará el Partido Socialista un líder que cuente con el apoyo de las bases para afrontar unas elecciones que anuncian una derrota más que previsible?
Sería un golpe de efecto, un revulsivo para un electorado muy descontento y desilusionado con los virajes extremos del “capitán del barco".
Si estos comicios se presentan como un plebiscito al Sanchismo, la derrota de la izquierda será de órdago.
La extrema derecha será implacable con sus planteamientos, no moverá una pieza dentro de su estructura ideológica. Se presentará firme, contundente y carente de miedos para tomar decisiones de calado.
A la izquierda le toca una revolución interna, un reinventarse, ilusionar, recuperar la fuerza y plantar batalla desde hoy mismo.
Si el Sanchismo deja paso al socialismo es posible que las encuestas vayan bailando hasta el 29-N.






