Se cumplió lo que se sospechaba, habrá elecciones generales y serán el 29 de noviembre. El momento en el que todos los españoles con derecho a voto podrán mostrar en las urnas el tipo de país que quieren y quién desean que lo gobierne por estar sencillamente a la altura para ello.
Es el momento de hablar, el momento de cumplir con ese ejercicio democrático de poder elegir el sentido político de un país, qué límites no se pueden superar y qué forma de gobierno se necesita.
Ceuta tiene mucho que decir en todo esto, comienza la cuenta atrás en torno a un asunto que interesa a todos, porque de un gobierno fuerte, transparente y directo salen medidas adecuadas para un país, salen formas de gobernar ejemplarizantes tan necesarias en momentos adversos y complicados.
En los próximos días habrá mucho ruido, pero el electorado es lo suficientemente maduro como para escuchar, valorar y votar a sabiendas de que se enfrenta a una decisión tan importante como apostar por el futuro que se quiere.
Las elecciones generales adelantadas a noviembre deben movilizar, ahora más que nunca, el voto de todos. Quedarse en casa no es una opción, mirar de lado tampoco. Hay que atender esta próxima campaña como ninguna, los problemas enquistados en este país son de la suficiente envergadura como para escuchar, atender todo lo que se dice, alejarse de quienes solo persiguen el ruido y estar seguros de a quién se vota y qué línea política se desea que sea la más fuerte.
Lo que no se puede es vivir en un permanente bloqueo, sin que medidas necesarias para todo un país vean la luz, con episodios judiciales que enturbian los valores más básicos de una democracia.
Unas elecciones son también una forma de regeneración política, de conexión actualizada. De ese voto libre, alejado del miedo, debe nacer un gobierno que ayude a que este país salga adelante. Quedarse en casa no es una opción. No lo fue nunca, mucho menos lo es ahora.






