La transparencia, el mensaje de ‘vote en conciencia’, el respeto a las opciones de los demás... todo esto fracasa en el momento en que hay partidos que permiten que se practique la guerra sucia. Y así volvió a suceder ayer en Ceuta. Ya en las anteriores municipales fueron vergonzosas las escenas que se registraron en mesas del Príncipe, que obligaron a que la Guardia Civil interviniera en más de una ocasión. Ayer se volvió a repetir este tipo de
ataques en mayor número. Jóvenes y no tan jóvenes cortaban el camino hacia los colegios a personas mayores o a los menos preparados para hacerles cambiar de voto o para, incluso, instarles con malas artes a cambiar de papeleta. Algunos de estos episodios fueron denunciados por la Policía, pero solo los más evidentes. Hay formas ‘más elegantes’ de cambiar el voto sin que las fuerzas de seguridad lo detecten.
Con todo esto se demuestra el claro interés que tienen muchos en lograr representación. Se rascan votos a la desesperada, se echa mano de técnicas vergonzosas y antidemocráticas utilizando a los votantes para que ejerzan su derecho siendo engañados. ¿Y a esto se le llama respeto?, ¿esto es jugar limpio?, ¿qué les habrán prometido a los que dedicaron el día de ayer a acosar a ancianos, a cortar el camino a votantes, a ofrecer papeletas?
Muchos se juegan la vida en todo esto, demasiados se juegan seguir viviendo del cuento, chupando del bote mientras venden que trabajan para los demás... Es mucho lo que pueden perder aquellos que podrían encontrarse con la obligación (¡ay madre!) de tener que trabajar... fíjense.
¿Y cómo proteger a los que son engañados?, ¿cómo garantizar que no haya una malversación de ideologías? Podría hacerse con un dispositivo adecuado, con una organización previa que funcionara mucho mejor de lo que ayer se había previsto. Faltaba una coordinación en materia de seguridad que en esta ocasión se ha desechado poniendo a toda la Policía Nacional a trabajar para el control de las elecciones y dejando a la Benemérita desaparecida del mapa. Increíble.
La guerra sucia volvió a ponerse de manifiesto, volvió a dejar en evidencia el sentido de un juego antidemocrático del que ayer, muchos, sentimos vergüenza.





