Transmite simpatía, buenas vibraciones, derrocha vigor en cada mueca, mueve con entusiasmo las manos, pasa de un tema al contrario con sagacidad e inteligencia. Su nombre es Nayat, la primera taxista en Ceuta contratada, a cargo de Ibrahim, un empresario valiente, que le dio los mandos de su Mercedes pocos minutos después de verla al volante en el día de prueba.
Mujer en un mundo, el del taxi, tradicionalmente de hombres, joven e inexperta, Nayat contaba con todos los ingredientes necesarios para fracasar en el intento de ser taxista: “Todos, no. Porque si una persona, independientemente de que sea mujer, está sobradamente preparada para la conducción, formada como persona, mediante horas de estudios y trabajos, no veo qué impedimento hay para llevar con dignidad un taxi”.
Pero, aunque su mensaje está cargado de verdad, sabe, y por eso muestra gratitud, que el gesto de Ibrahim fue digno de elogio: “confió en mí desde el primer día, y prueba de que hacía algo atrevido, fue comprobar cómo hasta los niños me miraban extrañados y, gritando, mostraban su extrañeza de que una mujer condujera ya no un taxi sino un coche”.
Entre carrera y carrera, tarifa y tarifa, ya ha pasado un mes, “tiempo suficiente para sentir el respeto de todos los colegas del coche”. Menos tiempo –el que duraron sus palabras– fue necesario para que Nayat sintiera el aliento “incondicional, muy importante y muy bonito”, especialmente de sus nueve hermanas, pero también de sus cuatro hermanos, de sus padres, de sus amigos y vecinos del Príncipe: “A todos gracias”, remata la mujer.
Se trata del agradecimiento sincero de quien trabajó desde muy pequeña –“nueve años es muy poca edad para estar ya metida en faena”–, y que, a base de preparación y de “mandar currículum a todas las empresas posibles y de todos los ámbitos”, al fin encontró una oportunidad laboral, aunque esto no la impide anhelar “seguir creciendo como persona de la mano de un trabajo aún mejor”. “Pero será difícil que la deje escapar”, cuenta manteniendo el rictus duro Ibrahim, “porque realiza un trabajo magnífico, con buenas tarifas, con el respeto de todos y además es amiga de la familia y entre familias nos ayudamos los unos a los otros, como debe ser”.
Precisamente, fue un viejo refrán árabe, que habitualmente pronunciaba su suegra, quien acudió a la mente para terminar de convencerlo a la hora de contratar a Nayat y, de paso, convertirla en noticia: “Hemos venido de un extremo y ahora vamos al otro”, así decía el refrán, tal y como recuerda con nostalgia Ibrahim.
El extremo que deja atrás es el que comprende la enésima decepción que le provocó un hombre contratado para llevar su taxi. ¿Pero sólo la contrató por esta rocambolesca jugada del azar? “Yo sabía que era una chica peparada, sé que tiene todo tipo de carnet –de hecho, está capacitada legalmente para conducir camiones del tipo ‘C’ y hasta ambulancias– y, que además, aún no había estrenado su licencia de carnet de servicio”.
Aunque el balance de la experiencia está resultando un rotundo éxito, “hay algunas veces que, antes de montarse, percibo un gesto de contrariedad en el cliente pero, a los pocos minutos, se sienten totalmente cómodos y al final siempre me dan las gracias”.
Entonces, ¿ser mujer es beneficioso o perjudicial en el negocio del taxi? “Debe ser una normalidad, de ahí que yo anime a todas las chicas que quieran ser taxista y no se atrevan a dar el paso por el qué dirán, que piensen que ya no hay barrera ni de hombres, ni de religión, ni de nadie”. En este sentido, Ibrahim apunta que “una mujer puede generar más confianza y eso atrae a más gente”.
Entre esta clientela potencial se encuentran los árabe-parlantes, “esos marroquíes a los que les cuesta horrores hacerse entender en español, o esos trabajadores que vienen de Francia y que no saben español y que se alegran muchísimo al comprobar que tienen delante a una conductora que les ayuda en varios idiomas”.
Mientras Ibrahim asiente satisfecho, Nayat mira la hora, atenta para entrar puntual a cumplir la carrera de la jornada, pilotando el número 92 aunque, en realidad, sea una número uno.