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El “Rosalía de Castro”

Por motivos que perjudicaban la educación de mi hijo, opté por cambiarlo de centro. Casi todas las personas que conocían el porqué de mi decisión decían que la opción no era la apropiada. Unos me animaban a denunciar la situación que estaba viviendo a los juzgados, y otros me recordaban el dicho popular: “más vale malo conocido que bueno por conocer”. Me explico.
La profesora del centro donde mi hijo estudiaba era una prepotente con antiguos valores educativos. Era tan retorcida su idea de educar, que siempre echaba la culpa a los padres del fracaso escolar del alumno. Para ella, mi hijo era una especie de “el manteca”, y eso que cuando aspiró a darle clases el “supuesto delincuente” tenía alrededor de cinco años. Su aspiración era educar a mi hijo desde 1º hasta 6º de primaria, aunque según su criterio, el niño no servía para nada. Esta profesora se dedicó a escribir en la libreta de tareas para casa lo mal que le iba a ir al niño en la vida y a mandar mensajes subliminales (como yo los llamaba) a los padres.
Bien saben en el centro de mis intentos por corregir la situación. Pero ni aún así logré la comprensión de su director, a pesar de que algunos trabajadores del mismo reconocían la realidad. Mi verdadera pena es que hay niños que estarán pasando por la misma situación por la que pasó mi hijo.
Voy a hablar de los protagonistas del colegio que salvaron a mi hijo de ser un delincuente, mejor dicho, un acomplejado para toda su vida, porque eso es lo que estaba logrando la susodicha persona.
En el Rosalía de Castro acogieron el reto con toda la normalidad del mundo, pensando que no sería tan grave como le expusimos mi mujer y yo. Además, ya habían recibido del otro centro el historial demostrativo de mi hijo. Como ya he dicho, aceptaron el reto y lo admitieron en sus aulas como un alumno más.
A mí me tocó la lotería pues nunca creí que pudiera existir un colegio para los niños malos, burros, despistados y con tan mala educación como lo era mi hijo. La profesora que le da clase a mi hijo es muy estricta con toda la clase y su exigencia es que los alumnos aprueben la asignatura, sí o sí. No da su brazo a torcer. Y así lo ha demostrado a lo largo del curso, exigiendo a padres y alumnos. Nunca he recibido una queja sobre mi hijo, al contrario, sólo halagos respecto a su comportamiento.
¿Un pero? Sí, que es muy grande para la edad que tiene y al jugar no mide sus fuerzas. Pero nadie se queja de él, y ha hecho muchos amigos. Es un poco flojo para estudiar, pero mi hijo va mejorando a diario respecto a cómo llegó. Gracias a la profesora del Rosalía de Castro, sólo le ha quedado una. Cosa que es de comprender porque mi hijo llegó a sus manos con cero de comprensión para todo.
Al final de curso asistí a una representación teatral que fue muy bonita y original. Al terminar ésta, todos los niños corrieron a abrazar a su profesora. La abrazaron e incluso hubo lágrimas por no querer separarse durante el verano de su seño. Sólo se escuchaba “seño, seño, Merche, Merche…”, “eres la mejor…” No eran sólo los niños, los padres también reconocían el trabajo de todo un año de su seño.
Fue de cuento lo que ese día viví en la última representación de mi hijo. Los padres, los profesores, e incluso el director parecían una familia. Hasta los del AMPA estaban contentos, y eso que es difícil que un padre se lleve bien con los profesores. O perdón, eso es lo que yo pensaba tras mi experiencia en el otro centro.
Sinceramente, no he visto tanta comprensión y empatía en mi vida. Los profesionales del colegio Rosalía de Castro se merecen un premio a su labor, que no es fácil, pero la vocación se lleva por dentro, y yo que he estado dentro de este colegio, he visto mucho amor en el rostro de los niños, padres, profesores, trabajadores, dirección, etc. El edificio manaba alegría por las cuatro paredes.
Si en Ceuta se reconocen los esfuerzos con premios a los docentes y demás, en este colegio se lo han ganado con creces. Desde su director a los celadores, todos son personas educadas que han aprobado este curso con matrícula de honor.
Pero hay alguien que ha ganado más que todos. Ese alguien es mi hijo, que ha tenido el trato digno para poder mejorar y sentirse querido, no sólo por su familia, sino por todo un colegio que merece mi más sentido agradecimiento por devolver la sonrisa a un niño y a su familia. ¡Gracias Rosalía de Castro!

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